Por Niko Schvarz (14/11/11)


El día 5 publiqué en LA REPÚBLICA una nota titulada: “REENCUENTRO. Vietnam de ayer a hoy” en que al dar cuenta de mi reciente estadía en ese país traigo a colación recuerdos de mis anteriores viajes a Vietnam, en 1965 y 1979, e informo que hice entrega a las autoridades de Hanoi de fotos de las manifestaciones desplegadas en Uruguay en solidaridad con la lucha heroica del pueblo vietnamita contra la invasión norteamericana, uno de los mayores actos de genocidio de la historia.
El día 9 el diario “El País”  se refiere a este hecho y se aventura a decir que “ese tipo de prédica ya no es bien recibida en Vietnam, hoy convertido en un firme aliado de Estados Unidos”.
Esta afirmación constituye una falsedad total, el reverso de la realidad. Las fotos entregadas por mí no solamente tuvieron una cálida acogida, sino que serán expuestas en el Museo de la Reunificación Nacional en la ciudad Ho Chi Minh (ex Saigón, capital de Vietnam del Sur antes de la reunificación y escenario de la mayor derrota militar del imperio, cuyas tropas huyeron a la desbandada el 30 de abril de 1975). Y no sólo esto: otro grupo de fotos sobre el mismo tema, entregadas anteriormente, lucen desde hace muchos años ya en el Museo de la Revolución de Hanoi, como lo testimonian estudiantes de Arquitectura y de Ciencias Económicas que incluyen a Vietnam en su viaje de estudios anual, y turistas que fueron a disfrutar sus bellezas naturales. En una de las fotos que yo entregué aparece llevando un cartel alusivo el gran escultor Armando González (Gonzalito), autor del monumento ecuestre a Artigas emplazado en la plaza principal de la capital departamental, y que falleció en el exilio en Bulgaria durante el período dictatorial. (Período, dicho sea de paso, en que “El País” se transformó en vocero de la dictadura, y su director, Daniel Rodríguez Larreta, en integrante del obsecuente Consejo de Estado que reemplazó al Parlamento electo por el pueblo y disuelto el 27 de junio de 1973. Por esas casualidades de la vida, yo entré a notificarme junto con él, en la mañana de ese día, del decreto expuesto por el ministro del Interior, coronel doctor Néstor J. Bolentini que prohibía atribuir intenciones dictatoriales al Poder Ejecutivo).
Ahora bien: estas acciones de solidaridad (a la inversa de lo que pregona el matutino caganchero) son ampliamente valoradas por el gobierno vietnamita. Hoy como ayer, lo consideran como un factor de su histórica victoria contra la mayor potencia militar de la tierra. Lo que transcurrió en Uruguay, una y otra vez, es parte de la oleada de solidaridad con Vietnam que recorrió el mundo, y en particular a Estados Unidos mismo, contribuyendo a la concientización de vastos sectores de pueblo, que reclamaron el retiro de las tropas yankis. Se ha recordado (a propósito del fallecimiento del gran boxeador Joe Frazier), que su gran contendor Mohamed Alí, o sea Casius Clay, se pronunció decididamente contra la guerra de Vietnam. Y entre los indignados de hoy, los militantes del “Occupy Wall Street”, que ahora se proponen unir a pie Nueva York con Washington, figuran veteranos de la guerra de Vietnam, que por otra parte han sido desconocidos en sus derechos.
Este capítulo trascendente de la historia contemporánea, no solamente no ha sido olvidado sino que está vivamente presente, en el mundo y muy particularmente en Vietnam. Puedo testimoniarlo con total certeza, porque se vive y se palpa en cada momento y en todas las instancias. Esto se refiere a la lección de la forja de la unidad de todo el pueblo para conquistar la independencia y la libertad, cuyo artífice fue Ho Chi Minh, estimado y valorado como el padre de la patria por todos y cada uno de los vietnamitas. Esta fue la base, también, de sus sorprendentes victorias militares, que conmovieron al mundo, desde la que determinó en Dien Bien Phu la expulsión definitiva del colonialismo francés, hasta la que selló dos décadas años después la derrota del imperio del norte.
A más de 35 años de ese hecho y de la reunificación total del país a ambos lados del paralelo 17º,  Vietnam tiene relaciones con Estados Unidos. Relaciones normales y en un pie de igualdad, como las tiene con todo el mundo, en los marcos de la ASEAN, y que contribuyen a un crecimiento de su economía a ritmos elevados, que se extiende al nivel de vida general de la población y con la perspectiva de una plena industrialización en una década. Yo estreché la mano del nuevo embajador de Estados Unidos, que acababa de entregar sus cartas credenciales.
Volviendo al tema de las fotos. Pertenecen al archivo de Aurelio González, fotógrafo de “El Popular”, que las rescató años después del fin de la dictadura tras una odisea que muchos lectores sin duda conocen. Un grupo de las mismas están expuestas ahora cerca del Rosedal del Prado. Y un libro que contiene varios cientos de esas fotos, que llegan hasta el golpe de estado, será presentado el lunes 14 en el Museo del Carnaval, en la rambla portuaria. Me permito formular una invitación a concurrir, porque permitirá revivir momentos cruciales de las luchas en nuestro país, incluidas las jornadas memorables de solidaridad con la brega de pueblos hermanos del continente y del mundo.
Publicado en  La República, 14 de noviembre 2011, pág. 21