Un saludo a todos los compañeros presentes de los distintos partidos miembros del Foro de Säo Paulo (FSP) y militantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y del Partido del Trabajo de México (PT).
Mis felicitaciones a Walter Pomar, Secretario Ejecutivo del FSP, por esta excelente iniciativa de realizar un curso de formación política a continuación de la reunión del Grupo de Trabajo del Foro.
Considero que instancias de capacitación, que son también de elaboración y análisis, resultan muy útiles para una organización internacional como el FSP que ya ha cumplido en sus 20 años de existencia un papel muy destacado en la promoción de las fuerzas políticas de izquierda y progresistas en América Latina y que hoy se enfrenta a nuevos desafíos para asegurar la consolidación y el crecimiento de estas fuerzas políticas.
Después de haber escuchado la excelente exposición del compañero Roberto Regalado sobre el proceso histórico y la cronología de la integración latinoamericana y luego de haber escuchado la exposición del compañero Jacinto Suárez sobre la experiencia de integración centroamericana impulsada por Bolívar, Sandino y Martí, nada tengo para agregar.
Por eso mi exposición se referirá a dos temas. Uno la experiencia de integración en el Mercosur y otro a comentar el capítulo sobre Globalización e Integración Regional del “Documento central para la discusión y aprobación en el VI Encuentro del FSP”, realizado en julio de 1996 en San Salvador, República de El Salvador.
Como muchos de ustedes saben, yo le atribuyo a este documento una muy importante significación en el proceso de unidad y protagonismo que alcanzaron desde aquella época hasta ahora fuerzas políticas integrantes del FSP, que les permitieron acceder al gobierno.
He caracterizado este proceso con el nombre “Del Consenso de Washington al Foro de Säo Paulo”. Recomiendo a los presentes acceder a este documento que desde aquella época se ha difundido en América Latina pues considero que el mismo constituye la plataforma ideológico, política, estratégica y programática que abarca el espectro político de todas las fuerzas que han llegado al gobierno, recogiendo dentro de ella los distintos matices que pueda haber, pero ubicándolos a todos dentro de las definiciones que ese documento propone.
A su vez este documento le sale al paso a los intentos de los intelectuales de derecha y afines que quieren establecer divisiones entre lo que ellos llaman la izquierda socialdemócrata y la izquierda populista.
El Mercado Común del Sur (Mercosur), fundado el 26 de marzo de 1991 por cuatro gobiernos en aquella época de claro pensamiento neoliberal, que exhibían mucha pujanza ideológica pretendiendo convertirse en “el pensamiento único” luego de la caída del socialismo real. Esa concepción se reflejó en que los objetivos de la misma eran exclusivamente una integración comercial, prácticamente sin organismos de soporte de este proceso de integración, limitado a reuniones periódicos de presidentes, cancilleres y ministros de economía.
Pasaron varios años antes de constituirse otros organismos de carácter permanente de soporte de funcionamiento del Mercosur, pero con la debilidad congénita de la concepción original neoliberal de que “cuanto menos instituciones es mejor”.
El Uruguay pagó un alto costo político en el proceso de desgravación automática, que aunque se previó plazos más prolongados, no impidió que un número importante de empresas desaparecieran –es cierto, funcionando dentro de un régimen protegido de altos aranceles– con la consiguiente desocupación, dado que se produjo el cierre de las mismas, que ocupaban a muchos trabajadores que fueron sustituidas por pequeñas organizaciones dedicadas a la importación y distribución de los mismos productos que se producían en el Uruguay y que ahora pasaron a venir de Brasil y Argentina.
Es cierto que Uruguay, lo mismo que Paraguay, no podían estar fuera de un acuerdo de integración entre Brasil y Argentina, pero también es cierto que los acuerdos bilaterales que el Uruguay tenía con dichos países, CAUCE y PEC, en los hechos no le aportaban menos ventajas que las que generó el Mercosur con su mercado ampliado.
Han pasado muchos años y hoy el Mercosur presenta una situación compleja por los notorios apartamientos que se han dado por la vía de los hechos de las normas que se establecen entre nuestros países, especialmente las comerciales e institucionales.
Poco tiempo atrás se realizó una mesa redonda en la cual participaron todos los ex presidentes que Uruguay ha tenido desde el restablecimiento de la democracia, en 1985, a la fecha: Julio María Sanguinetti (1985-1990; 1995-2000); Luis Alberto Lacalle (1990-1995); Jorge Batlle (2000-2005); Tabaré Vázquez (2005-2010), y José Mujica (2010-2015). En dicho encuentro los tres presidentes pertenecientes a los partidos Nacional y Colorado plantearon la crisis del Mercosur y la conveniencia del apartamiento del Uruguay del mismo, o por lo menos la flexibilización de las normas en el Tratado de Asunción (tratado fundacional de 1991).
Tabaré Vázquez, presidente del Frente Amplio, defendió la pertenencia al Mercosur pero reclamando un sinceramiento con relación a la aplicación de las normas establecidas. Sobre este tema volveremos al final de mi exposición.
Como hechos recientes ocurridos en el Mercosur recordemos el “golpe de Estado parlamentario” que derrocó al presidente constitucional de Paraguay Fernando Lugo. Inmediatamente de conocido el episodio, los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay resolvieron suspender la pertenencia de Paraguay al Mercosur hasta que se realicen elecciones con todas las garantías democráticas y el ingreso de Venezuela al Mercosur, que el Parlamento paraguayo venía bloqueando desde hace años. La destitución de Lugo generó a lo largo y a lo ancho de América Latina, entre las derechas y la izquierda del continente, una fuerte controversia. Mientras la derecha se afiliaba a una versión “piedeletrista” del artículo 225 de la Constitución paraguaya, las fuerzas democráticas y progresistas respaldaban el alegato que destacados constitucionalistas paraguayos afirmaban la absoluta falta de garantías para la destitución del Presidente, en particular en lo que se refiere a las normas del debido proceso y a los plazos para su defensa.
Los hechos anteriores ocurridos en América Latina: en Honduras la destitución del Presidente Manuel Celaya, y el fracasodo intento golpista en el Ecuador, hace pensar que lo ocurrido en Paraguay forma parte de una escalada golpista que las derechas han diseñado para enfrentar al avance de la izquierda en América Latina.
En resumen, la situación actual del Mercosur es compleja. Para el Uruguay sin duda lo es en particular por las restricciones al intercambio comercial y de servicios entre nuestros países.
 
Con relación al segundo tema, la globalización y la integración regional, propongo leer lo que el FSP decía en 1996, que a la luz de los hechos actuales mantiene absoluta vigencia:
“8- Globalización e integración regional
La inserción en la globalización sólo puede ser ventajosa si beneficia el desarrollo nacional con justicia social, el desarrollo humano y la democracia. La apertura económica al mundo debe ser un proceso gradual y combinarse con medidas proteccionistas selectivas, acuerdos comerciales entre países latinoamericanos y caribeños, y con diversos otros países y bloques, sin amarrarse a uno solo.
La capacidad de inserción en la globalización debe estar basada en la eficiencia global de la economía -la cual debemos saber conquistar sin afectar los derechos sociales de la clase trabajadora- y en la concertación regional.
Es necesario que nuestros proyectos de desarrollo sepan realizar una equilibrada relación entre el fortalecimiento de los mercados internos y regionales, la sustitución eficiente de importaciones, la inserción en los mercados mundiales y la apertura aduanera. Los mercados externos deben dejar de ser la orientación exclusiva de la producción nacional.
La sustitución de importaciones y la protección racional del mercado interno son componentes de una política alternativa, cuyo comportamiento de estrategias de desarrollo anteriores debe ser revisada críticamente, pero no descartada.
La estrategia de desarrollo productivo estaría orientada hacia el fortalecimiento del mercado interno y al mismo tiempo hacia la exportación.
El fortalecimiento y ampliación de los mercados internos requiere la realización de reformas estructurales, tanto en la base económica como en el sistema institucional.
La región debiera fortalecer y hacer más creativa su participación conjunta en los foros y organismos de la comunidad internacional relacionados con los aspectos económicos, comerciales, financieros, políticos y culturales, en particular en los organismos especializados del sistema de Naciones Unidas, de la Organización de Estados Americanos y de los organismos subregionales.
La concertación de acuerdos y procesos de integración, preferentemente entre los países de la región, debe ser consustancial a las propuestas alternativas, son parte del ideario latinoamericanista y caribeño.
La integración no excluye el interés nacional; debe ser concebida como un proceso gradual y no como una reestructuración precipitada y repentina de las economías nacionales que pueda provocar un shock económico y social, lo cual desacreditaría y retardaría el proceso. Como proceso debe estar encaminado a lograr la convergencia y complementariedad económica y social de los países de la región.
Sólo mediante esquemas de integración subregional y regional será posible alcanzar el peso específico que permita negociar exitosamente frente a los bloques económicos que hoy se consolidan en el mundo. El proyecto integrador regional necesita considerar los diversos niveles de desarrollo y la heterogeneidad existente en la región. Para ser justa y solidaria esta tarea deberá establecer mecanismos preferenciales, discriminaciones impositivas y desgravaciones para aquellos países, sectores o ramas que pudieran ser afectadas en este proceso.
Por otra parte, la integración no es sólo una cuestión técnica o económica, sino que constituye una tarea esencialmente política, de una envergadura y una significación tal que no puede quedar sólo en manos de los gobiernos: en ella tienen que participar activamente los partidos políticos, los movimientos populares, las organizaciones no gubernamentales, los empresarios afectados por el neoliberalismo y todos los actores reales, especialmente los verdaderos productores de riqueza.
La lucha de los partidos y movimientos políticos del Foro de Sao Paulo y del conjunto de las fuerzas populares en favor de la integración no puede limitarse al plan interno de sus respectivas naciones, ni tampoco puede ser postergada para cuando alcancen el gobierno: se trata de una tarea común, cuyo punto de partida consiste en reconocer que el mundo actual avanza en una estrecha interrelación entre lo nacional, lo regional y lo internacional difusos”.
Finalizo haciendo una propuesta en base a lo que dice el párrafo sobre que la integración no es sólo una cuestión técnica o económica, sino que constituye una tarea esencialmente política, en la que tienen que participar activamente los partidos políticos y los movimientos populares y sociales.
Por tal motivo proponemos que la Regional Sur del FSP (Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela) convoque a una reunión técnico-política para realizar un examen en profundidad de la situación actual del Mercosur y proponer líneas de acción.
A partir de las conclusiones a que se arribe en dicha reunión se invitará a los cancilleres y ministros de economía de los respectivos países a una reunión conjunta para examinar la situación del Mercosur en la que el documento de conclusiones de la reunión técnico-político será un insumo fundamental.
Estimados amigos, finalizo destacando la excelente idea de realizar este curso-seminario, y que la próxima reunión prevista a realizarse en Säo Paulo alcance el éxito de la presente. Agradezco al PRD y al PT de México y a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal por las excelentes condiciones organizativas generadas para la realización del evento.
Muchas gracias.