“Las reformas en el INSS, la hipocresía de la derecha y el deber de los revolucionarios al respecto”

Por Carlos Fonseca Terán.

Ahora es el INSS. A los que cada cierto tiempo se manifiestan contra el gobierno, poco les importa lo que dicen defender; su interés es atacar este proceso de transformaciones sociales. El pretexto es lo de menos. Ahora dicen defender a los trabajadores y a los viejitos frente a los nuevos pagos que harán por las recientes medidas tomadas en el sistema de seguridad social de nuestro país. Se argumenta para ello que el origen de la crisis financiera en el INSS es la burocracia y el uso indebido de los recursos, y que por tanto la misma se resolvería si se pone fin a ambas cosas.

¿Cómo no iba a ser más rentable el INSS en la época neoliberal, si no daban a los trabajadores ni la décima parte de lo que actualmente reciben, incluyendo atención médica de calidad? ¿Cómo no iba a ser más rentable, si no daban ni un centavo a las víctimas de guerra y madres de héroes y mártires? Atender a los trabajadores dignamente y apoyar a los lisiados de guerra, madres de caídos, etc. es derroche para la derecha. Hay que recordar el reclamo de los viejitos hace unos años, por el derecho a su pensión reducida. El INSS ya estaba financieramente insolvente para hacerlo, pero se les dio, cerrando la boca a los oportunistas que aprovechaban el justo reclamo para atacar al gobierno sandinista, posando como defensores de los ancianos; pero cuando luego a éstos se les otorga la pensión reducida, entonces para sus supuestos defensores hay derroche. Y sin pudor alguno vuelven a querer aparecer como defensores de los derechos de las personas de la tercera edad. Al mismo tiempo que dicen defenderlas, acusan al INSS de derrochar recursos porque éste entrega precisamente a esas personas, su pensión reducida.

Es decir, la crisis de recursos en el INSS se debe en gran parte a que dicha institución ha brindado una atención a sus afiliados, que jamás recibirían bajo un gobierno a cargo de quienes hoy atacan al INSS supuestamente en defensa de aquéllos. Para que trabajadores, ancianos, madres, lisiados, etc. sigan recibiendo sus actuales beneficios, el gobierno sólo tiene dos opciones: una de ellas es la que quisieran quienes protestan, que es la receta del FMI y consiste en privatizar la institución, aumentar la edad de jubilación y el total de semanas cotizadas, entre otras medidas neoliberales, que ya se habrían aplicado si estuvieran gobernando los que hoy atacan las reformas del INSS, perjudicando a los mismos que ellos hoy dicen defender. La otra opción es la que se ha adoptado: sencillamente, aumentar las cuotas, ya que dicho aumento es la única posibilidad de que los cotizantes puedan preservar sus beneficios como afiliados del INSS, que son mucho mayores que los recibidos en la época en que gobernaban sus actuales supuestos defensores. Pero el aumento ha sido mínimo para los trabajadores y mucho mayor para los empresarios, que por su condición económica privilegiada están en mayor capacidad de aportar a lo que es un derecho de quienes trabajan en sus empresas para que ellos se enriquezcan. A la par de esto, se ha eliminado el techo en el ingreso para cotizar, o sea que ahora quienes reciben los mejores salarios no quedarán exentos de pago a partir de una determinada cantidad de ingresos, como era hasta antes de las reformas.

En resumen, quienes dicen defender los derechos de los trabajadores y resto de afiliados al INSS en realidad lo que pretenden es hundir a la institución y por tanto, privar a esos trabajadores, a las personas de la tercera edad, madres, lisiados, etc. de los beneficios que ahora reciben y que requieren para seguir existiendo, de un aporte levemente mayor de los beneficiarios correspondientes (y no de todos, conste).

Se dice que hay saqueo en el INSS, pero el verdadero saqueo es el de los empresarios que se autonombran en altos puestos (fantasmas, por supuesto) de sus empresas con salarios elevadísimos, o nombran en dichos puestos a sus familiares, para luego recibir enormes sumas de dinero en correspondencia con sus cotizaciones, derivadas de los salarios devengados por esos falsos altos puestos. Y si algo le faltó a la reforma, fue prohibir esta práctica, y aunque si bien es cierto, aun prohibiéndose los empresarios se las ingeniarían para hacer lo mismo a través de testaferros, eso se les haría ya más difícil y sería arriesgado para ellos, pues estarían transgrediendo la ley.

De manera pues, que defender las reformas del INSS es la verdadera y única forma de defender a los trabajadores, a las madres de caídos, a las víctimas de guerra en general y a las personas de la tercera edad; y protestar contra las reformas es hacer todo lo contrario. Sin embargo, es importante señalar que, aunque ha habido un nivel de organización y movilización suficiente para neutralizar las maniobras de la derecha en esta coyuntura, por parte nuestra como organización política debemos tener métodos de trabajo y organización que permitan una mayor efectividad en la lucha por la toma de conciencia por parte de los trabajadores y del pueblo en general, en defensa de sus intereses de clase y por tanto, de las ideas revolucionarias, en consecuencia con las cuales es que un gobierno de izquierda toma estas medidas ante una crisis financiera en determinada institución, y no aquellas medidas que quisieran el FMI, el imperialismo y sus acólitos. Y finalmente, también es necesario hacer hincapié en la importancia de que en aras del mismo objetivo planteado, se logre un funcionamiento efectivo de nuestro modelo político de protagonismo ciudadano en las tomas de decisiones del gobierno. Sólo así se alcanzará el nivel de conciencia revolucionaria necesario para hacer políticamente sostenible en el tiempo, este proceso de transformaciones sociales en el cual consiste la segunda etapa de la Revolución Sandinista.