Documento base

 XXIII ENCUENTRO DEL FORO DE SAO PAULO

2017

 ENTRE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL Y EL PROTECCIONISMO IMPERIAL

 Preámbulo

 

A 27 años de su fundación el Foro de Sao Paulo observa una realidad mundial atomizada, producto de cambios de fin de época que están trastocando y debilitando a las instituciones políticas, económicas y sociales nacionales e internacionales heredadas del liberalismo del siglo XIX. Estas instituciones se encuentran severamente cuestionadas al no responder a los tiempos que la sociedad demanda. La corrupción, el tráfico de influencias, el desvío de recursos y el enriquecimiento ilícito de sectores políticos están mermando la política y las instituciones del Estado como lo veníamos concibiendo desde la formación del Estado Nación. Hoy en el Siglo XXI el Estado está cuestionado, sus instituciones están resquebrajadas y el funcionamiento de las mismas no responde, no soluciona y menos convence al pueblo y más particularmente al ciudadano en su cotidianidad.

Las economías nacionales e internacionales están funcionando a intereses particulares, las oligarquías en ambos niveles velan por sus ganancias y utilizan las normatividades locales e internacionales para explotar a los trabajadores y especulan por encima de los Estados para tener ganancias millonarias. Obligan a los gobiernos a ceder parte fundamental de su soberanía en aras de la estabilidad macroeconómica que dictan los organismos financieros internacionales, encontrándose con márgenes reducidos de actuación y contribuyendo de manera importante al tráfico de influencias y corrupción como acto determinante para atraer inversiones mediocres, simulando ante los ciudadanos crecimientos ficticios que solo contribuyen al descrédito político y del Estado. La superestructura sigue operando con el gran capital y ejerce su poder destructor frente al Estado y el Estado subyuga al pueblo que lo sustenta y lo legitima.

La sociedad está siendo enajenada por los medios de comunicación al servicio de la derecha política y empresaria local y mundial, hoy atenta contra las instituciones del Estado, alimenta la animadversión contra la política, los políticos, las instituciones del Estado, nómbrese Parlamento, Congreso e instancias de procuración de justicia. Estas mismas someten a los adversarios de gobiernos de izquierda o progresistas, los corrompen y utilizan estas instituciones para forjar golpes de Estado blandos, casos de todos conocidos y que debemos seguir contrarrestando con acciones políticas contundentes. Esta misma sociedad reacciona con imaginación y rapidez, pero esta imaginación nos denosta por utilizar las redes sociales a las cuales no damos respuestas. Estamos atrasados en este manejo y nos falta imaginación para combatirlas, los influenciables son los jóvenes que observan total obsolescencia en la política, en los políticos, en los partidos de izquierda y nos arrebatan el discurso opositor y nos sumergen en una anarquía que nos anquilosan, lo que nos obliga a estar al día sin perder valores, principios y sentido de la oportunidad.

Este fenómeno es una oportunidad para las fuerzas revolucionarias, de izquierda y progresistas, que, partiendo de nuestros análisis, debemos enfrentarlas. No debemos partir del contexto económico sino del contexto político para dar respuestas creativas frente a las izquierdas reaccionarias y las derechas anti sistémicas a las cuales debemos absorber y responder.

El Foro de Sao Paulo sesiona por la octava vez en Centroamérica y es la cuarta vez que lo hace en Nicaragua, año del centenario de la Revolución de Octubre y 50 aniversario de la caída del Che. Y lo hacemos bajo el signo de una doble lucha. Por un lado, una competencia entre grandes economías capitalistas imperiales presionadas por la saturación de los mercados, en la que participan, se enfrentan o se complementan fuerzas globalizadoras neoliberales con proteccionismos imperiales. Por otro lado, una lucha de resistencia contra la arremetida neoliberal en aquellas naciones menos favorecidas por la globalización, entre las cuales se encuentran los países más subordinados al mercado capitalista mundial, incluyendo algunos países europeos; en esta lucha se enfrentan los pueblos y gobiernos progresistas frente a las élites más reaccionaras dispuestas a una mayor precarización de su población para salvar a las grandes empresas nacionales y transnacionales. Frente a estas contradicciones debemos emerger con soluciones sistémicas a fin de romper esta bipolaridad que nos aqueja y proponer una forma diferente de proyecto económico y nueva organización político social.

La globalización neoliberal fue pensada y actuada para favorecer a las potencias imperiales, quienes nunca renunciaron ni renunciarán a proteger sus fronteras ni a tener empresas rentables en todos los confines del mundo, sobre todo aquellas empresas que extraen materias primas para su industria. Eliminar el extractivismo no está en la agenda de Trump ni de ninguna potencia imperial. Potencias que tampoco renunciaron ni renunciarán a eliminar las fronteras arancelarias de nuestros países, disponiéndose más bien a eliminar todo esfuerzo por construir un Estado social, entregando el sector público al servicio de los intereses de las corporaciones y que el proteccionismo imperial de Donald Trump no tiene empacho en confesar que lo que quiere es enmendar tratados comerciales para mejorar la deteriorada situación del imperio estadounidense en el campo de la competencia industrial.

En el escenario regional actual, con la globalización neoliberal y para favorecer los intereses imperiales, se han impuesto por las principales potencias mundiales un cuestionamiento de las más importantes normas y principios del Derecho Internacional, con vistas a otorgarle credibilidad a otras nuevas que están siendo impulsadas y que ponen en peligro los principios de soberanía, no intervención y la autodeterminación. De esta forma, tal parece que se está planteando una reconsideración de la vigencia y/o importancia para el Derecho Internacional de una serie de principios pilares de las relaciones políticas internacionales, las cuales no debemos aceptar y construir una estrategia que fortalezca el derecho internacional e influir para sus reformas y orientación a nuestros intereses globales.

Existen tesis como las de soberanía limitada, y el cuestionamiento al principio de la no injerencia, que lo que persiguen es respaldar la legitimidad de un derecho de intervención o injerencia, respaldándose en supuestas violaciones de los derechos humanos, que de tema interno ha sido convertido en tema internacional, universal. Las verdaderas razones que se aprecian en el cuestionamiento del principio de no injerencia deben buscarse en el particular contexto económico y político internacional actual, y son las verdaderas argumentaciones para explicarnos la conflictividad actual desde regiones como el Medio Oriente hasta la situación política actual en América Latina.

Por tanto, la utilización de nuevas formas de injerencismo en las relaciones internacionales no han acabado con sus mecanismos más tradicionales, ligados a etapas anteriores de evolución del sistema capitalista mundial, por lo que resulta importante destacar el inusitado avance que han logrado estas nuevas formas, su naturaleza sutil y el hecho de que es muy probable que alcancen un lugar privilegiado en las acciones de las grandes potencias y de los organismos internacionales. El injerencismo adopta, entre otras, la forma de condicionamientos: exigencias que se les imponen a los Estados (de los países subdesarrollados) por parte de las naciones industrializadas y por los organismos internacionales.

Y es que el neoliberalismo no es solamente: el dominio del sector financiero especulativo como el principal eje de acumulación de capital, el desmantelamiento de las fronteras arancelarias, la privatización del sector público, el apoyo fiscal a las empresas comerciales, industriales y financieras, incluyendo los subsidios a empresas por la vía de la tributación y de los precios, estableciendo regímenes fiscales regresivos, en los que se prioriza el pago de impuestos indirectos, en los que la población desposeída sale seriamente afectada, sino también el rescate estatal a las quiebras bancarias generadas por las periódicas crisis financieras. El neoliberalismo implica, además, la decisión de los gobiernos de la derecha al servicio del sistema capitalista de precarizar por todos los medios a sus poblaciones.

La mayoría de los países del llamado triángulo norte mesoamericano (Guatemala, El Salvador y Honduras) pierden viabilidad día a día, aquejados no solamente por la desigualdad y el empobrecimiento, sino por una pandemia de delincuencia hegemonizada por el narcotráfico internacional, por el crimen organizado y las bandas de crimen organizado originadas en Estados Unidos, que fueron exportadas a través de las deportaciones de delincuentes, muchos de ellos cumpliendo condena en cárceles estadounidenses, que viven de la extorsión y el negocio de las drogas, heredando una violencia cotidiana salpicada de feminicidios, trata de personas, principalmente mujeres, niños y niñas, drogadicción de la juventud, panorama para el cual los viejos Estados liberales confiesan su incapacidad y donde las autoridades públicas y privadas, aún en manos de corrientes progresistas o francamente de izquierda enfrentan grandes dificultades para detener esta vorágine. Sumado a esto, Estados Unidos con el Triángulo del Norte viene a dividir y a debilitar aún más los esfuerzos del proceso de la integración regional, y mantener mayor control e injerencia política por medio de los recursos asignados a estos tres países. Esta situación constituye un grave problema de desestabilidad política, social y económica, sumado a que la derecha oligárquica aprovecha para deslegitimar, desgastar y bloquear usando cualquier medio institucional para atacar la buena gestión de los Gobiernos de izquierda.  Sin duda, tenemos que enfrentar con mucha responsabilidad y compromiso estos grandes desafíos, que no sólo afectan a las naciones ya citadas, sino que se ha generalizado en todos los países de nuestra región, asunto que expresa, nítidamente, la incapacidad del sistema capitalista neoliberal de alcanzar equilibrios sociales, económicos y políticos.

Por tanto, sería un error pensar que esta nueva versión de proteccionismo abandonará su batalla imperial por las materias primas, agrícolas o minerales, a costa de los recursos vitales de nuestros pueblos, como los suelos, la biodiversidad, la fuerza de trabajo, los recursos energéticos, los alimentos, la preservación de las identidades étnicas, la seguridad de las poblaciones; en síntesis, la contradicción entre la propiedad estatal de los recursos naturales y la economía global se acentúa. Todo el discurso neoliberal está enfocado en demostrar que las naciones no tienen derecho a la propiedad de sus recursos y que éstos deben ser privatizados, tal contradicción es abordada por las potencias imperialistas, y cómo dudarlo, por medio de guerras, intervenciones militares directas, de chantaje financiero de las instituciones multilaterales, y el despliegue de -cada vez más sofisticados- planes de desestabilización política en las naciones de la periferia.

La globalización neoliberal no ha muerto y el renovado proteccionismo enarbolado por el presidente Trump no pondrá fin al infierno exportado a la gran periferia del sistema-mundo.

Es de suma importancia para la política de las fuerzas democráticas del continente, profundizar en la crítica al sistema financiero internacional, a la ausencia de controles y de regulaciones, como se evidenció en el crack de 2008, hecho histórico que está en el sustrato de la crisis actual. El estallido de la “burbuja” financiera, la quiebra de grandes bancos y aseguradoras a escala planetaria, y la recesión económica, han puesto de manifiesto que son erradas las premisas teóricas del neoliberalismo, del fundamentalismo de mercado o del llamado “Consenso de Washington”. Reviste importancia dejar sentado que la raíz del aumento de las rentas del capital está estrechamente relacionado con la caída de las rentas del trabajo a nivel mundial, fenómeno que siempre ha existido, pero que se ha profundizado en las últimas décadas.

A pesar de los estrepitosos fracasos, la ideología neoliberal sigue siendo hegemónica en los centros de decisión de la economía planetaria, como el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial, la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo, que representan, de manera expresa, los intereses del capitalismo financiero y, por tanto, ningún control eficaz se aplica a los flujos financieros globales. Esas decisiones políticas derivan en una fuerte contracción de las economías de la periferia, en el problema de la deuda externa y en la caída brutal de los ingresos de las naciones que tienen como fuente principal la exportación de materias primas. A todo esto, hay que adicionar que, ahora, el comercio mundial ya no es el motor fundamental de la economía. El crecimiento de la economía china fue el factor dinamizador del conjunto de la economía, esta situación cambiará en los próximos años, producto de una decisión del gobierno de China, que optó por concentrarse en el fortalecimiento de su mercado interno.

Lo más importante desde el punto de vista político es que el cuestionamiento a las prácticas del sistema financiero internacional y a los megaproyectos de integración, a la profundización de las desigualdades sociales, derivada de la política neoliberal, y la decisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos de provocar un alza del dólar, que es la moneda de intercambio, está generando las condiciones para levantar un amplísimo movimiento de opinión que una las acciones populares de los pueblos latinoamericanos, estadounidenses y europeos.

Como lo afirmamos en el documento base del año pasado en San Salvador y lo reafirmamos ahora, el VI Encuentro del Foro de Sao Paulo (1996) aprobó un documento donde el análisis ponía el acento en una agenda de lucha contra las políticas neoliberales, lo que después de dos décadas la izquierda política y social pudo frenar, compensando los daños a través de políticas progresistas a favor de las mayoría. Aquel documento, denominado “Crisis y alternativas al neoliberalismo, se constituyó en un documento de trabajo y debate donde reafirmamos la tesis fundamental de que el neoliberalismo es incompatible y antagónico con el desarrollo social y la democratización.

Hoy en día, después de los reveses políticos de la izquierda en varios países del continente y donde la derecha arremete de nuevo con políticas de precarización del trabajo y la vida, tendremos que decir que la lucha sigue, quizás en condiciones más difíciles debido a la arremetida del capital financiero encabezado por EUA. Se hace necesario que empecemos a discutir las alternativas concretas al sistema imperante, más allá de la agenda electoral que seguirá siendo importante, conscientes de que también podemos avanzar empujando a las nuevas clases populares a tomarse todos aquellos tramos de la economía que el capitalismo va dejando vacante porque para las grandes empresas no son rentables. En base a esta consideración, vemos importante que el XXIII Encuentro pueda apreciar el documento anexo del FSLN, sobre la economía popular-social y acompañado de otra reflexión sobre el poder popular, un importante aporte para la construcción de nuevos paradigmas económicos, sociales y políticos para una sociedad socialista.

Al hacer referencia a los reveses electorales de las fuerzas progresistas de América Latina, es necesario explicar que desde 2012 se produce una desaceleración de los procesos de cambio, se ralentiza la irradiación de nuestros proyectos -que siempre han sido plurales y distintos-, la situación política planteada a partir de las últimas derrotas electorales de los movimientos populares y el golpe de Estado contra la compañera Dilma Rousseff, impone un debate autocrítico profundo, a objeto de identificar las razones por las cuales importantes sectores sociales se han alejado de los procesos de cambio, tanto en las naciones con gobiernos populares, como en las que se lucha por alcanzar una victoria electoral nacional. Si se plantea -y en ello hay coincidencia- la repolitización de las fuerzas populares, es porque se evidenciaron carencias políticas importantes.

Hay que identificar, entonces, los errores cometidos, sobre todo, en lo que se refiere a la política económica, trabajar por el fortalecimiento del bloque social del cambio, y atender, en primer término, al núcleo duro de la base popular, el fortalecimiento de los vínculos indestructibles con los movimientos sociales y hacer una apuesta importante en lo social, económico y político a dos grandes grupos poblacionales: mujeres y jóvenes. No cabe la menor duda, que la gestión económica de los gobiernos populares ha sido puesta a prueba. Todo el esfuerzo de inversión hecha en el área social ha tenido un fuerte impacto positivo en la calidad de vida digna de la inmensa mayoría de nuestros pueblos.

 

I. El contexto en que se desarrolla el XXIII Encuentro de Managua

Este documento, destinado a ser un subsidio a los debates preparatorios para la sesión plenaria que se llevará a cabo los días 16-17-18 de julio en Managua, está signado por varios acontecimientos dignos de mencionar en la medida que nos sitúa en nuestra realidad y caracterizan la coyuntura mundial y latinoamericana. En primer lugar, porque se llevará a cabo de nuevo en Centroamérica, particularmente en Nicaragua, donde la izquierda mantiene y consolida el poder político y civil en favor de las mayorías. En segundo lugar, porque está acompañado por el primer documento programático del Foro, conocido como Consenso de Nuestra América (CdeNA). En tercer lugar por el surgimiento de un renovado proteccionismo, acompañado de una agresiva política exportadora por parte de EUA y otras potencias desde el punto de vista económico, sin que la globalización neoliberal deje de seguir haciendo estragos en nuestros países. En cuarto lugar, porque uno de nuestros países latinoamericanos, como es México, se encuentra asediado por estas políticas. En quinto lugar porque se consolida el señalamiento de los documentos anteriores (Documento Base 2016 y Consenso de Nuestra América) en cuanto a la beligerante contraofensiva de las oligarquías y del imperialismo estadounidense y europeo, para desgastar y desestabilizar aquellos países donde la izquierda ha accedido al control de las instituciones públicas.

En América Latina y el Caribe prevalece la dominación colonial de diversos pueblos por parte de varias potencias europeas y Estados Unidos. El colonialismo constituye un vergonzoso anacronismo histórico que ha sido denunciado reiteradamente por la comunidad internacional. Contribuir a la erradicación total y definitiva de la dominación colonial en Nuestra América constituye uno de los grandes retos y responsabilidades de la izquierda latinoamericana y caribeña.

Puerto Rico es una nación caribeña y latinoamericana que ha estado sometida a la dominación colonial estadounidense desde la invasión militar del 25 de julio de 1898. Esta situación ha tenido consecuencias nefastas en el plano político, económico, cultural, social, poblacional y humano, lo que ha conducido al País a la quiebra económica y al deterioro progresivo de las condiciones de vida de la población. Puerto Rico tiene el derecho inalienable a su autodeterminación e independencia y a la recuperación de su soberanía nacional, objetivo que ha sido refrendado en numerosas ocasiones por el Comité de Descolonización de la ONU, la CELAC, el Movimiento de Países No Alineados y la comunidad internacional en general.

Al tenor de estos puntos, este Documento Base 2017, estará caracterizado por los puntos anteriores, así como por aquellas reflexiones del Documento Base 2016 que mantengan su vigencia para la actual coyuntura. A continuación ofrecemos una breve reseña de los puntos señalados, sin menoscabo de retomarlos a lo largo del documento sobre la coyuntura.

 

1. El triunfo de la izquierda en Nicaragua y la resistencia en América Latina

En América Latina se conocen varios procesos revolucionarios en marcha que han logrado instaurar nuevas constituciones, entre ellos Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia, los que se encuentran actualmente resistiendo y batallando por cambiar América Latina, y aunque la correlación de fuerzas existentes y dada la estrategia seguida por las fuerzas revolucionarias fue distinta a la de la convocatoria inmediata de asambleas constituyentes que establecieran una nueva base política y jurídica, se dieron reformas constitucionales por los acuerdos de paz en El Salvador que pusieron fin a la dictadura, se registraron procesos de cambio en Uruguay y peligrosos retrocesos en Argentina y Brasil, que hicieron posible un cambio en la correlación de fuerzas, particularmente en América del Sur.

En el mes de noviembre del año 2016 se celebraron las elecciones en Nicaragua, en las que el FSLN se alzó con un triunfo contundente.Nuestro hermano, el Presidente Daniel Ortega obtuvo el 72% de los votos, derrotando a los viejos partidos libero-conservadores, quienes se encuentran en una virtual bancarrota debido a los avances significativos de 10 años de administración del Frente Sandinista y con la ventaja de haber tomado antes el poder por las armas, lo cual le ha permitido hacer cambios estructurales en la economía, que fueron parcialmente preservados cuando estuvo 17 años en la oposición y consolidados en los últimos diez años de gobierno, así como la existencia de un Ejército y una Policía surgidas de la lucha guerrillera, con una fortaleza institucional que es característica fundamental de ambas instituciones.

Los logros han sido reconocidos por organismos internacionales y nacionales, incluyendo el sector más opositor y reaccionario de Nicaragua, quien a pocos días de la victoria sandinista, el 9 de enero 2017, le dedica dos páginas centrales en el periódico de oposición a lo que llama “las 10 políticas más positivas en medio del autoritarismo, durante los diez últimos años”: Y señala: “La estabilidad macroeconómica (inflación, reservas internacionales, equilibrio fiscal, medios de cambio), el crecimiento económico (el más alto de Latinoamérica después de Panamá), la inversión extranjera (la más alta y estable en los últimos años), la infraestructura de carreteras (incluyendo caminos de penetración donde vive la población de menor recursos), la cobertura de energía eléctrica convencional y alternativa (pasando de 50% a 95%), la infraestructura vial (calles y alcantarillados), la seguridad ciudadana (la más alta de América Latina), la vivienda social (construcción y reparación de casas), la atención a los desastres naturales (movimientos sísmicos y desborde de aguas), el rescate de la vieja Managua a orillas del lago Xolotlán (utilizada anteriormente como depósito de aguas negras), el deporte y el entretenimiento (elevada a política de Estado), parques, iluminación”. Todas estas políticas y logros de la revolución sandinista son similares a los logros de la revolución bolivariana, desde Cuba hasta la Argentina, pasando por Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay y Brasil.

El triunfo del Frente Sandinista en Nicaragua en 2016, las victorias en 2014 del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, en El Salvador, y del Frente Amplio, en Uruguay, y en 2017 la victoria de Lenin Moreno en Ecuador, así como la resistencia de los gobiernos y pueblos de Cuba, Venezuela y Brasil, muestran lo infundado de aquellos sectores que vienen planteando el fin del ciclo progresista en América Latina. Formando parte de la situación actual, debemos destacar siempre la heroica victoria de la Revolución Cubana en su batalla de más de medio siglo frente a la agresividad del imperialismo estadounidense, con el reconocimiento de Estados Unidos de la derrota de su política hacia Cuba y con el inicio del proceso de normalización de relaciones diplomáticas entre ambos países, que sin embargo no será posible si no se pone fin al criminal bloqueo económico (que ya ha sido declarado obsoleto por el propio gobierno estadounidense) y la ocupación de Guantánamo.

A eso habría que señalar el nivel de lucha y propuestas alcanzadas por los movimientos sociales, quienes junto con las organizaciones políticas de izquierda han decidido formar un bloque social que no solamente realice las denuncias, y participe de las luchas, sino que incorpore en las propuestas a cada vez más trabajadores, obreros, campesinos, artesanos, pequeños comerciantes, cuentapropistas y unidades económicas familiares en general, jóvenes, mujeres, comunidades étnicas y pueblos indígenas, pobladores en general que protestan por derechos particulares y generales, pisoteados por el actual orden establecido.

El triunfo rotundo del FSLN en Nicaragua en noviembre del 2016, y la victoria del compañero Lenin Moreno en Ecuador, deben alentar a las fuerzas de izquierda para reflexionar sobre el modelo que debemos impulsar en cada uno de nuestros países con las particularidades propias. Las estrategias implementadas por el Frente Sandinista en Nicaragua, el PSUV en Venezuela, la Alianza País en Ecuador, el Movimiento Al Socialismo en Bolivia, y las particularidades del proceso de acumulación histórica y la consolidación del Frente Amplio de Uruguay, deben ser estudiadas y compartidas con los miembros del Foro, no como una receta sino como un ejemplo de construcción de un modelo transformador en el cual se tiene definido con claridad el sujeto de la transformación y los instrumentos de acción que permiten ir avanzando, accediendo, defendiendo y manteniendo el control de las instituciones.

En el caso de Nicaragua sobresale un modelo de reconciliación y unidad nacional, con alianzas estratégicas con las fuerzas de la extinta Contrarrevolución de los años 80, los movimientos sociales, el sector de la economía popular y social, el sector nacional empresarial, las organizaciones cristianas. Su lema de “cristianismo, socialismo y solidaridad”, apuesta a recuperar los valores revolucionarios del cristianismo enraizados en la población desde la integración de las comunidades cristianas de base a la insurrección de 1979, la orientación socialista en la economía presente desde las transformaciones de los años 80 y fortalecidas por un modelo de poder popular y de apoyo a la economía social, así como los lazos de solidaridad y unidad con América Latina.

Sería deseable divulgar, además, las experiencias de la democracia y el socialismo en Cuba, poco conocida en el exterior; la experiencia de las Misiones en el socialismo bolivariano de Venezuela; la experiencia de la Revolución Ciudadana en Ecuador, así como la experiencia del Socialismo Comunitario en Bolivia.

 

2. El consenso de Nuestra América, como primer documento programático.

El documento titulado el Consenso de Nuestra América, cuyo borrador fue terminado en la sesión de trabajo del Foro de Sao Paulo celebrado en Managua, Nicaragua, en enero de 2017, está en consulta en toda América Latina y será aprobado en Managua el mes de julio del año 2017. Este documento está dedicado al Comandante Fidel Castro y es una respuesta a la ofensiva imperial de nuestros adversarios, pues constituye el primer documento programático que ofrece el Foro de Sao Paulo a las fuerzas de izquierda y al pueblo latinoamericano. En él se encuentran los principios y propósitos que nos inspiran, el diagnóstico de la realidad a transformar, los sujetos y el proyecto por el cual luchamos, los objetivos, la estrategia de lucha y las tareas prioritarias; puntos que a continuación sintetizamos, pues son una permanente arma de lucha y de trabajo.

El documento se inicia declarando los principios que nos unen, a saber: “la democracia y la justicia social, la libertad y el bien común, la paz y la ética, la seguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción venga de donde venga, la unidad de las organizaciones políticas y sociales, la lucha contra toda forma de discriminación, la unidad latinoamericana, la solidaridad entre los pueblos, el patriotismo y el internacionalista” (CdeNA).

En seguida el documento continúa señalando que el propósito de nuestro trabajo es la combinación de una lucha de resistencia, una lucha por la toma del poder y la lucha por la transformación de nuestras sociedades. “Desde arriba y desde abajo seguimos luchando por la toma del poder de las instituciones públicas y por los espacios de poder que existen en todas las relaciones sociales, mejorando la correlación de fuerzas en todos los campos: políticos, culturales, económicos. Tomando en consideración las condiciones específicas de cada país, el Continente entero debe incrementar y compartir sus jornadas de lucha. Los partidos políticos progresistas y de izquierda, ya sea desde la oposición o desde el gobierno, deberemos seguir luchando en oposición al sistema, ya sea que estemos en la oposición frente a los gobiernos o ya sea que formemos gobiernos propios. En esta lucha estamos avanzando codo a codo con los movimientos sociales. A pesar de los reveses temporales y la agresividad del capitalismo contemporáneo, nuestra lucha por el poder no se detiene” (CdeNA).

El diagnóstico, pasa a describir la situación actual del sistema que precisamente queremos transformar, como es el capitalismo en su etapa imperialista. “Hoy en día, la humanidad se encuentra bajo la ofensiva de un capitalismo especulativo financiero en constante crisis. La acumulación del capital se encamina más bien a la concentración y centralización del mismo, bajo las políticas neoliberales encaminadas a la privatización y apropiación privada de las empresas estatales, así como a la utilización de los presupuestos públicos para socializar las pérdidas de las empresas privadas” (CdeNA).

La globalización del capital ha establecido las reglas del mercado y del capital en todos los rincones de la tierra, agudizando la competencia entre potencias y corporaciones. En esta década, aquella globalización se combina con la opción proteccionista de las grandes potencias que creen poder sortear la crisis de sobre producción, particularmente los Estados Unidos. En verdad lo que se muestra son las contradicciones y limitaciones sistémicas del capitalismo, originadas en su divorcio original entre la producción y el consumo. Las potencias capitalistas se encuentran en una encrucijada donde los países y Estados pierden hegemonía frente a las corporaciones transnacionales situadas en todo el mundo. Siendo la mayor expresión de esta contradicción la obsoleta estructura industrial de los Estados Unidos que pierde terreno frente a los países emergentes, no así sus expresiones financieras, militares y culturales.

En relación a los objetivos el documento es suficientemente claro, señalando las luchas de resistencia, la lucha por la toma del poder institucional y de todos aquellos poderes instaurados en la sociedad civil, convirtiéndose todos ellos en un medio para transformar las instituciones públicas y las relaciones sociales de producción y de distribución. “Nuestro objetivo es construir una correlación de fuerzas a favor del campo democrático popular para continuar avanzando contra el capitalismo salvaje y hacia un horizonte socialista” (CdeNA).

El análisis del documento avanza cualitativamente en el señalamiento del proyecto estratégico y de las clases sociales en pugna. Por un lado la clase trabajadora en sus diferentes expresiones, bajo una orientación socialista, por otro lado la oligarquía rentista en sinergia con los intereses de las grandes potencias y de sus corporaciones transnacionales. Al respecto el documento señala: “Doscientos años de crecimiento económico industrial y de sendas aplicaciones tecnológicas han venido desplazando a la clase obrera, la que en muchos países, particularmente del Tercer Mundo, ha perdido su peso mayoritario, modificándose así la estructura de clases, lo que nos obliga a modificar la estrategia política. Efectivamente, lo que la economía liberal llama trabajadores informales son pequeños productores que viven de su trabajo y que ante el enorme desempleo han recurrido a la emigración, pero también a disputarle los medios de producción y el protagonismo económico a las cada vez más parasitarias oligarquías. En América Latina, estos trabajadores suman alrededor del 50% de la fuerza laboral, diferenciándose según la estructura económica y de clases de cada país. Estamos hablando de familias de campesinos, artesanos, pescadores, pequeñas manufacturas y pequeños comercios. En algunos países, estos trabajadores se están cooperativizando y conformando una emergente economía social que debiera de hacernos reflexionar acerca de la posibilidad de emprender una vía asociativa hacia el socialismo, complementaria de la vía de la socialización pública de los medios de producción. Esta nueva clase emergente, base económica de muchos movimientos sociales, acompañan a la clase obrera sindicalizada y movilizada alrededor de los intereses del trabajo, frente a los intereses del capital. Alianza que ha sido estratégica en el acompañamiento ofensivo de las organizaciones políticas de izquierda para ganar elecciones locales y nacionales, así como para ocupar espacios en el sector público, enriqueciendo así las luchas desde arriba con las luchas desde abajo” (CdeNA). Sin embargo, lo más importante del caso es que la izquierda tiene un sujeto ampliado al cual apostar, desde la oposición o desde los gobiernos y está disputándole medios económicos a la burguesía y se encamina a la formación de una economía social, a través del cooperativismo y otras formas asociativas.

Entre las tareas se recomienda una prioritaria atención a nuestro trabajo con los movimientos sociales y con la juventud, desde sus experiencias de poder popular. “Los movimientos sociales y populares acumulan una larga experiencia de luchas y resistencias frente al modelo depredador capitalista, patriarcal y de hegemonía del imperialismo. Sus formas de lucha son muy diversas, plurales, generalmente afirman su origen sectorial y su naturaleza reivindicativa, pero constituyen expresiones legítimas del clamor popular por cambios sociales profundos. La esencia de la imprescindible relación y coordinación táctica y estratégica entre las organizaciones políticas y los movimientos sociales, reside en que debe ser una relación virtuosa que preserve identidades y autonomías. La incorporación activa y militante de las nuevas generaciones en la lucha por sociedades superiores es una necesidad urgente. La juventud es ya protagonista principal en muchos escenarios y debemos reconocer la trascendencia de su participación como uno de los sujetos históricos principales, junto a la clase trabajadora, por lo que debemos luchar por impedir que el enemigo y el sistema despolitice, neutralice o se apodere de este gran sector de la sociedad” (CdeNA).

 

3. Una nueva fase de proteccionismo imperial.

El imperio yanqui y el imperialismo de las grandes potencias hegemonizadas por Estado Unidos, siempre fue proteccionista, imponiendo una globalización a favor de los intereses metropolitanos. No es otra la actuación de la burguesía, monopólica-oligopólica y monopsónica-oligopsónica a favor de sus intereses, pero exigiendo libre competencia al resto de pequeños y medianos productores.

El presidente Donald Trump, en tanto que funcionario y empresario a la vez, se moverá dentro de las posibilidades estatales (el dólar, las armas y sus aparatos ideológicos) y las limitaciones del mismo (obsolescencia industrial, oposición interna y externa). En tanto que representante del sistema-mundo imperialista, se moverá apoyado por las corporaciones allegadas y bajo la resistencia de aquellos grupos vinculados a los capitales, externos e internos, que choquen con sus políticas nacionales e internacionales. Lo cierto es que no podrá hacer todo a la vez, aunque todavía cuenta con suficiente fuerza para incordiar al mundo entero e intentar mejorar la posición de Estados Unidos y de los grupos hegemónicos. Su principal línea de acción parece favorecer los tratados bilaterales, como los que está emprendiendo con Inglaterra y Japón. Será interesante confirmar su línea de trabajo frente a Europa, Rusia y China y por supuesto frente a América Latina.

 

4. La agresividad del neoproteccionismo de EUA contra México y la resistencia del pueblo mexicano. 

Durante los primeros cien días de Gobierno, Donald Trump ha realizado un enfoque neoproteccionista y antinmigración como muestra de lo que será su política exterior agresiva hacia América Latina. México fue el objeto de esos ataques. Las deportaciones de latinoamericanos, en especial contra mexicanos y centroamericanos, violando sus derechos humanos reconocidos en convenios de Naciones Unidas, son un ejemplo de esa política retrógrada. En tanto, la narrativa del actual presidente estadounidense respecto a la construcción del muro fronterizo al norte de México y la relocalización de empresas transnacionales automotrices en su territorio, muestran los nuevos rumbos de xenofobia y búsqueda de una inútil estrategia económica y comercial respecto a las economías latinoamericanas.

Frente a estos hechos, debemos establecer acciones de campañas permanentes de denuncia a la violación de derechos humanos en EUA contra nuestros connacionales; así mismo convocarnos por solidaridad y unidad latinoamericana a nuestros pueblos, tanto desde nuestros países como dentro del territorio estadounidense, a organizarnos para resistir a las injustas deportaciones. Nuestros connacionales son indocumentados, no ilegales.

Así como a México le ha correspondido históricamente ser la frontera geográfica entre Estados Unidos y América Latina, asimismo le está correspondiendo ser la frontera económica y política entre las pretensiones del imperio-imperialista y la suerte del resto de países latinoamericanos, tal como empieza a manifestarse en la resistencia y unidad frente a las medidas del imperio.

Frente a estos hechos, debemos responder con jornadas de resistencia, beligerancia, solidaridad y unidad latinoamericana de nuestros pueblos y países. Aprovechando al enemigo común y estando consciente de que en México debemos construir nuestra propia trinchera de lucha. A este respecto abonamos los esfuerzos que ha realizado el PRD de México en el marco de la estrategia 4×4 e invitamos a los miembros del FSP a sumar esfuerzos a esa campaña.

 

5. La ofensiva oligárquica para la desestabilización de los gobiernos progresistas y la resistencia popular. 

En los últimos documentos base, así como en el documento Consenso de Nuestra América, hacíamos referencia a los reveses políticos de los gobiernos progresistas y de izquierda latinoamericana, ya sea por golpes de Estado, abortados o consumados, o por elecciones donde no alcanzamos la mayoría: golpes de Estado militares como en Honduras, golpes de Estado abortados como en Venezuela y Ecuador, o Golpes de Estado Institucionales como en Paraguay y Brasil; en cuanto a las elecciones o referendos contamos a Venezuela, Argentina y Bolivia. No obstante las derrotas electorales y a pesar del panorama citado, la marcha de la revolución avanza a través de la resistencia y de las luchas populares y en la defensa de las mejoras en la calidad de vida de nuestros pueblos, por acciones de nuestros gobiernos y a través de cambios institucionales alcanzados.

No hay que olvidar que un revés electoral no desplaza totalmente a las fuerzas de izquierda de su presencia institucional, por el contrario, en todos los casos, la izquierda, a pesar de ser derrotada en las urnas, se mantiene como primera o segunda fuerza política en cada una de las sociedades latinoamericanas, lo que muestra un avance estratégico significativo, comparado con el siglo pasado donde las fuerzas contendientes en la mayoría de los casos eran entre liberales y conservadores.

Como señalamos en la declaración de San Salvador del año 2016: “La derecha continental subordinada al imperialismo estadounidense ha intensificado las acciones con las que pretende desmantelar los procesos de cambio social que se vienen desarrollando a lo largo y ancho de nuestro continente, en lo que se perfila como una contraofensiva imperial.

Las democracias radicales latinoamericanas emergen -entre otras muchas causas- en respuesta a la aplicación de políticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, que provocaron insurgencias populares sin precedentes en la historia reciente, crisis políticas de poder, y victorias electorales de amplios frentes políticos y sociales, que iniciaron un cambio de época en una parte de Nuestra América. La resistencia y el debate de los partidos y movimientos revolucionarios hicieron posible, no solo enfrentar al neoliberalismo sino proponer proyectos de futuro, que millones y millones de ciudadanos respaldan, afincados en la realidad y, lo más importante, las experiencias de los gobiernos populares han demostrado que es viable llevar adelante programas democráticos y populares. Que la derecha pro-imperialista se atrinchere y combata por todos los medios a los procesos de cambio, es lo que permite confirmar que hemos logrado aciertos enla ruta trazada de la liberación nacional y social.

Si fuese necesario destacar un hecho que responde al giro hacia la izquierda de América Latina y el Caribe, se puede afirmar que la primera gran derrota de la globalización neoliberal se produjo cuando el proyecto: Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, fue rechazado en la Cumbre de las Américas reunida en Mar del Plata, Argentina, en noviembre de 2005. Los pueblos de todos los países tuvieron como voceros a Chávez, a Kirchner, a Lula. El momento revolucionario que se vive, es extraordinario, unos días después Evo Morales gana de manera contundente las elecciones presidenciales en Bolivia; unos meses más adelante, la Revolución Sandinista resurge en su segunda etapa con la llegada al poder de su líder histórico, Daniel Ortega, y la revolución ciudadana de Ecuador llega al poder con el potente liderazgo de Rafael Correa Delgado. Y como alternativa al proyecto ALCA, ya los líderes, Fidel Castro y Hugo Chávez, inician la construcción del ALBA, signo de los tiempos de cambio.

La brutal ofensiva destinada a desalojar a las fuerzas progresistas y de izquierda de todos los espacios sociales, políticos e institucionales conquistados por ellas en buena lid, indican la necesidad de apurar el paso en la construcción de los nuevos paradigmas de la izquierda del siglo XXI. Es vital no perder de vista el carácter instrumental de cualquier sistema político como medio de legitimación del poder de clase, al margen de quien lo ejerza, lo cual fundamenta la necesidad de los cambios estructurales, no solo en el ámbito económico, al cual se suele hacer referencia de manera exclusiva, sino en el ámbito político, en cuanto a la formulación de una estrategia general y de las tácticas necesarias, que nos debe llevar a una democracia que sea, participativa y protagónica, como instrumento del poder popular que asegura las victorias locales y nacionales.

La izquierda debe definir estrategias para aumentar su presencia en la integralidad del poder político, avanzando en el cambio de la correlación de fuerzas en la institucionalidad del Estado, lo cual requiere no reducir la lucha política al Poder Ejecutivo. No debemos olvidar que las instituciones de la democracia funcional, a los grupos de poder y al imperio en la mayoría de nuestros países, han sido construidas para limitar el ejercicio de los derechos democráticos de las mayorías, en función del interés de las oligarquías locales. Los grupos de poder usan todos los mecanismos institucionales para atentar contra la democracia, la paz y procesos de cambio impulsados por los gobiernos de izquierda; un vivo ejemplo es la judicialización de la política, usando el poder judicial para frenar los avances del proceso revolucionario y obstruir el fortalecimiento de nuestros propios partidos.

Tanto los gobiernos de izquierda que llegan a la presidencia y ganan mayorías en los parlamentos, como los que avanzan en ciudades, municipios o gubernaturas, implementan políticas que colaboran desde raíz a combatir la pobreza en millones de familias latinoamericanas con acceso a un sistema de salud, educación, empleos más permanentes o autoempleos legales para un desarrollo humano pleno. Obvio que se afectan intereses de clase con su historia de dominio patrimonial; por tanto, no perderán oportunidad para recuperar gobiernos y regresar a viejas prácticas autoritarias, antidemocráticas con políticas que impongan de nuevo la desigualdad social.

Un asunto fundamental a tener en cuenta es que cuando en un sistema pluripartidista las fuerzas políticas con opción de poder representan intereses de clase antagónicos entre sí, las instituciones se convierten en trincheras de lucha y por tanto, el uso de esos espacios pasa a ser una prioridad estratégica de la lucha mientras el viejo modelo político no haya sido sustituido por el nuevo.

Debemos impulsar la Revolución en las comunicaciones para poder dar la batalla de las Ideas y derrotar la guerra mediática política y sucia de los grandes medios de comunicación. Esta lucha es transversal en todos los ámbitos debemos desarrollarla combinado medios, redes y formas populares de comunicación.

Para avanzar con el proyecto debemos desarrollar la cultura y las artes, en todo el quehacer, ganar la hegemonía del proyecto en la sociedad es vital y tiene que ver con todo lo que hacemos y como lo hacemos, la batalla por la conciencia.

 

II. La coyuntura internacional

En todos los documentos anteriores el análisis de la coyuntura internacional giraba alrededor de la dominación colonial e imperialista de Estados Unidos y la Unión Europea, donde acusábamos las políticas neoliberales y sus secuelas en el resto de países del mundo periférico y semi-periférico, en este último caso nos referíamos a las sanciones contra Rusia, un país perteneciente a los países llamados emergentes (BRICS).

Persiste y no se vislumbra alguna posibilidad de que cese la invasión militar occidental por parte de la OTAN, liderada por Estados Unidos y con asiento principal en Europa. Particularmente nos referíamos al daño causado por las tropas militares occidentales en Oriente Medio, lugar donde se escenifica todavía la agresividad sionista de Israel contra el pueblo palestino.

Asimismo, denunciábamos el surgimiento de las tropas terroristas de Al Qaeda y el llamado Califato Islámico (ISIS), hecho que fueron promovidos por parte de Estados Unidos y Arabia Saudita, como su principal aliado en la región, junto con Israel, grupos utilizados claramente con el objetivo de derrocar gobiernos no subordinados a la hegemonía yanqui y como argumento para desencadenar y legitimar acciones punitivas contra aquellos gobiernos y contra sus poblaciones musulmanas.

A raíz de los ataques a Europa, particularmente a Paris, por parte de los terroristas de ISIS, Francia modifica su política exterior y al mismo tiempo que Rusia decide combatir los campamentos militares de ISIS en las fronteras de Siria y Turquía. Súbitamente cambia la correlación de fuerzas en Medio Oriente, los campamentos de los terroristas son bombardeados y restablecido el orden en Siria. Como resultado de aquella situación, Rusia conforma un bloque de alianzas con Turquía, Siria e Irán. La situación en Siria sigue siendo fluida, si bien es cierto que el Ejército sirio, con el apoyo de la aviación rusa, les ha propinado duros golpes a los terroristas, la acción bélica continúa.

En noviembre de 2016, Donald Trump gana las elecciones presidenciales en Estados Unidos, quien se presenta con un agresivo programa de corte proteccionista, cuyo sostenido se expresa en la expulsión de migrantes de países árabes, la construcción de un muro en la frontera con México, la puesta en revisión de los megaproyectos TTIP y NAFTA, el retiro del acuerdo de cooperación del Pacífico, TPP (lo que desmonta un espacio de cooperación comercial entre países gobernados por la derecha en América Latina: Chile, Perú, Colombia y México, al tiempo que cede un importante espacio comercial a China, el que es muy pronto para dimensionar adecuadamente), reanuda la construcción de un proyecto calificado como peligro ecológico, el Keystone Pipeline. También ordenó la expulsión de migrantes indocumentados y amenaza con profundizar en esa política, no obstante, en esta dirección ha tenido algunos tropiezos, anunció la puesta en marcha de un plan de expansión de la capacidad bélica nuclear de Estados Unidos, se enfrenta a algunos medios de comunicación y presiona con fuerza a China, mientras que resalta sus vínculos con el ultraderechista gobierno de Israel. Mantiene una línea de cooperación estrecha con Londres, que inicia su salida de la Unión Europea, luego de la victoria del BREXIT el pasado año.

Es éste un plan de readecuación del sistema capitalista imperialista, en la nación más poderosa del planeta, el objetivo es clarísimo: revertir la crisis de acumulación y su hegemonía, sin embargo, a pocos días de su mandato, fuertes movimientos de protesta se han hecho sentir en las principales ciudades estadounidenses.

Guardando todas las diferencias empíricas con respecto a los imperios pasados, Estados Unidos de América se comporta como imperio, pero con la diferencia de que a partir de la independencia política del llamado Tercer Mundo frente a los imperios coloniales, la hegemonía no gira alrededor de un territorio o de una población subordinada administrativamente al gobierno estadounidense, como los viejos imperios, o como actuaba el propio imperio estadounidense en su etapa de ocupación de territorios aledaños, sino que su hegemonía gira alrededor del Estado estadounidense que se comporta como un Estado Mundial, junto con la presencia sistémica de las medidas de sus organizaciones internacionales y de sus grandes corporaciones, expresiones ambas de las relaciones capitalistas e imperialistas que dominan económicamente el mundo. Efectivamente, la metrópolis estadounidense se encuentra a la cabeza del sistema capitalista-imperialista y hasta ahora sus tropas, organismos internacionales, aparatos ideológicos y estilo de vida tutelan las reglas del juego del sistema-mundo, independientemente de las contradicciones que existan entre los diferentes gobiernos, los diferentes organismos internacionales y las diferentes ramas y corporaciones de la economía-mundo.

 

1. EUA como un Estado a la cabeza del Imperialismo

El centro del imperio es Estados Unidos, y tiene como aliadas a las principales potencias occidentales y Japón. Estados Unidos considera o desestima las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas, conforme sirva o no a sus intereses, usándolas para legitimar sus acciones y políticas, o ignorándolas cuando van contra su estrategia imperialista y belicista. Si bien, formalmente, las decisiones se toman por mayoría, en la práctica son las potencias imperiales quienes orientan la decisión final. Existe un comité ejecutivo, llamado Consejo de Seguridad, compuesto por 15 miembros de mayoría occidental, donde cinco países (EUA, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China) tienen el poder de vetar cualquier decisión de la Asamblea de Naciones Unidas o de los miembros del Consejo de Seguridad. Con frecuencia en los últimos decenios, estos países no han podido evitar, con su veto, la invasión militar estadounidense en ambas partes del mundo. Estados Unidos tiene el mayor presupuesto y el mayor aparato militar del planeta, con posibilidades de intervenir militarmente en muchos países, salvo los que tienen armas atómicas. Sus fuerzas armadas han recorrido prácticamente el mundo entero y todavía mantiene bases militares en todo el orbe, aún en países con armas atómicas, pero que son sus aliados.

Las instituciones financieras internacionales responden a los intereses del capital financiero internacional, eslabón principal del sistema capitalista y de su núcleo hegemónico, liderado por Estados Unidos, pero también ejerce un gran peso en las decisiones políticas, a través de múltiples instituciones de las más diversas índoles (en ocasiones incluso utilizando a la ONU, cuando conviene a sus intereses), así como también, ha construido un aparato ideológico y contracultural, basado -obviamente- en el fundamentalismo de mercado.

A pesar de lo dicho anteriormente, a medida que se desarrolla el capitalismo industrial, comercial y financiero, con todas sus contradicciones, la hegemonía se mantiene a través de una alianza entre los Estados Imperiales y la hegemonía del mercado capitalista, conformado por un conjunto de corporaciones multinacionales asentadas en el mundo entero, sin excepción, es decir, incluyendo a Rusia, China y a todos aquellos países gobernados por grupos políticos que apoyan o adversan al gobierno estadounidense. Es útil señalar que la Federación Rusa, al igual que el resto de los BRICS, tiene una economía de mercado y compite en el mercado capitalista mundial.

En el pasado, el proteccionismo se acompañó de guerras de rapiña, disputándose las materias primas en el Tercer Mundo, al menos hasta la invasión de la OTAN en Yugoslavia y en los países petroleros de Medio Oriente. Hoy en día, las incursiones neocoloniales e imperialistas acompañan sus aventuras en el campo de batalla del mercado, incluyendo un velado proteccionismo para competir con sus adversarios. Esta competencia dentro del sistema-mundo aparece como el camino civilizado y escogido por todos los países para dirimir la competencia y enfrentar las crisis del sistema mundo: crisis financieras, industriales y comerciales, crisis de alimentos y de agua, energía y biodiversidad, pero sobre todo crisis de realización de mercancías, plusvalía y capitales actuales, incluyendo los excedentes amasados a lo largo de la historia.

La crisis del capitalismo es de acumulación y puede ser caracterizada como orgánica, multidimensional y simultánea, que tiene como consecuencia directa la ausencia de equilibrios en el plano social y económico, y se pone de relieve, cada vez más, que el sistema político liberal -plutocrático en esencia- hoy tiene serias limitaciones para ser el instrumento generador de consenso, al que todo régimen político aspira, muy por el contrario, la realidad política actual, es que fuerzas autoritarias, neofascistas y xenófobas, amplían su radio de influencia y crecen en apoyo popular en Europa y Estados Unidos, y son fuerzas abiertamente antidemocráticas las que en este momento retan a los gobiernos populares latinoamericanos.

 

2.    La situación del imperio frente a sus competidores principales

Con la implosión del campo socialista debido a la crisis de un régimen distributivo sin correlato en el desarrollo de las fuerzas productivas y en competencia con un mercado mundial, hegemonizado por las potencias imperialistas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial, el centro del poder mundial se desplazó a Estados Unidos y a sus principales aliados en Europa y en el resto del mundo.

En medio de esta globalización aparecieron a finales del siglo pasado varios países que lograron apropiarse de la tecnología y bajo sus ventajas complementarias alcanzaron el estatus de países emergentes (BRICS). Estos países que se han multiplicado, particularmente en el sudeste asiático, comenzaron a inundar de mercancías competitivas al mundo entero, incluyendo a Europa y Estados Unidos.

Una de las vertientes del conjunto de contradicciones que la globalización neoliberal genera, es la emergencia de nuevos polos, o núcleos, que habrán de convertirse en nuevos polos de poder, es decir, se puede identificar el desarrollo de una gran transición geopolítica planetaria, tema que requiere de especial atención por el Foro de Sao Paulo. ¿Se abre paso un mundo multipolar? ¿Será este mundo multipolar democrático? Hay un dato a tomar en cuenta, la confluencia de las economías emergentes en los BRICS, vale decir: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que es el gran competidor de la alianza EUA-UE, empero, está en debate qué pasará con el BRICS, a partir del golpe de Estado en Brasil y la instauración de un régimen que va en dirección opuesta a la política que adoptaron los gobiernos de Lula y Dilma en el gigante suramericano.

Fue así que Europa y Estados Unidos vinieron rezagándose, sobre todo en cuanto a las nuevas tecnologías industriales de bienes de consumo masivo, refugiándose en los mecanismos financieros que le permitía el monopolio del dólar en tanto que divisa mundial, así como en el robo de las materias primas del Tercer Mundo y la imposición de políticas neoliberales desventajosas para los países de la periferia.

Esta situación de competencia entre el imperio estadounidense y el resto de países, fue señalada en el documento base del XXII del Foro de Sao Paulo y que muy poco podemos agregar en este documento, como se puede apreciar en el texto que reseñamos a continuación.

Un componente esencial de la estrategia imperialista destinada a descargar sobre otros los efectos de la crisis sistémica del capitalismo, es su ofensiva con el objetivo de debilitar a los BRICS, en la que sobresale el cerco geopolítico y la imposición de sanciones económicas contra Rusia, la manipulación especulativa de información sobre el comportamiento de la economía de China, el acercamiento político-económico con India, buscando apartarla del grupo, y la desestabilización política de Brasil, donde fuerzas pro imperialistas y oligárquicas ejecutaron un golpe de Estado legislativo y judicial, en virtud del cual la presidenta Dilma Rousseff fue apartada de su cargo. Esto último es, al mismo tiempo, un componente esencial de la ofensiva contra los gobiernos y las fuerzas de izquierda y progresistas de la región.

Pese a la arremetida imperial, el mundo unipolar surgido tras el colapso del llamado campo socialista europeo y sustentado en el poder hegemónico de EUA ha disminuido. El enorme avance de China y Rusia, el cambio a favor de la izquierda y las fuerzas progresistas en América Latina y el Caribe, y el empantanamiento de EUA en sus guerras de conquista, fueron creando un mundo crecientemente multipolar, en el cual los poderes tradicionales ya no lo deciden todo.

EUA sigue siendo, sin embargo, la primera potencia mundial en todos los terrenos, pero su estructura económica industrial y cibernética declina en la competencia mundial. Su déficit fiscal es de grandes proporciones. Lo hace manejable emitiendo cada año miles de millones de dólares sin respaldo que los países dependientes se ven obligados a comprar.

Es de hacer notar que Estados Unidos redujo sustancialmente sus niveles de dependencia energética, con respecto a los países agrupados en la OPEP, en primer término, por la aplicación de nuevas técnicas, que le permiten extraer petróleo en su propio territorio, a través del método fracking, con lo que aumentó su producción interna en aproximadamente cuatro millones de barriles diarios, (aunque debe señalarse el alto costo de inversión en tecnología que demanda este método, por lo que la inversión para ser amortizada demanda precios alrededor de o superiores a los $50 dólares el barril; así como las graves consecuencias medioambientales que produce), y en segundo término -este punto es crucial-, ahora las empresas transnacionales tienen el control de la producción de crudo de Irak, que pudiera incrementar su producción en pocos años, así como también, controlan la producción libia, además de la conocida alianza que mantiene con Arabia Saudita, a todas luces, el mayor productor y exportador de petróleo del mundo. La fuerte presión sobre Venezuela, y los planes desestabilizadores en marcha, están vinculados a esta situación del mercado petrolero y a la estrategia de Estados Unidos de control total sobre el petróleo, componente esencial para el funcionamiento de la maquinaria bélica, industrial, comercial, transporte y comunicaciones del mundo.

EUA sigue retrocediendo en el PIB y el comercio mundiales, y su moneda tiende a ser desplazada por otras divisas fuertes. De tener el 50% del PIB mundial hace muchos años (a precios corrientes), la economía estadounidense pasó a tener el 31% en el año 2000 y el 21% en 2014. Por su parte, China ya tiene el 15% del PIB mundial a precios corrientes, ya superó a Japón, Alemania y otras grandes economías capitalistas y se encamina a sustituir a EUA en el terreno de la producción. EUA pasó de tener más del 30% de las exportaciones mundiales a tener el 9%, es decir, 1% menor que el de China, que lidera el planeta con el 10%. Esos datos muestran que el dólar tiene que compartir, de manera creciente, su espacio mundial con otras monedas, tales como el yuan chino.

Los países que conforman el grupo BRICS tienen el 50% de la población mundial y el 30% de la superficie terrestre, generan el 22% del PIB global, poseen el 45% de las reservas de divisas, tienen abundantes reservas de petróleo y gas (sobre todo Rusia y Brasil), carbón y otros minerales, producen muchos alimentos y sus economías son complementarias. Brasil también está muy integrado a Suramérica a través del MERCOSUR y la UNASUR.

Suramérica posee el 65% de las reservas mundiales de litio, el 42% del cobre, el 33% del estaño, el 30% del petróleo, el 21% del hierro, el 18% de la bauxita, el 14% del níquel y el 83% de la biodiversidad biológica. Solo Brasil posee la tercera parte del nitrato del mundo. Las naciones de Asia que integran el BRICS (en menor medida Rusia), necesitan comprar esas materias primas, pues sus economías no disponen de ellas en las cantidades que requieren. Según la CEPAL, China está consumiendo alrededor del 40% del aluminio, cobre, plomo, níquel, estaño y zinc del planeta.

El crecimiento de las economías de Asia que pertenecen al BRICS, las cuales en pocos años dejarán atrás a las europeas (ya China lo hizo), supone una mayor demanda de los minerales que abundan en Suramérica. En otras palabras, el crecimiento económico de las grandes naciones de Asia está directamente vinculado con el crecimiento del sur de América. De acuerdo con un análisis realizado en 2013, por cada 1% que crecía el PIB de China, aumentaba 0,4% el de América del Sur, y por cada 10% que crecía China, las exportaciones de América Latina a esa nación aumentaban en 25%.

Las industrias de Europa y EUA también necesitan las materias primas de América Latina y el Caribe, pero sus posibilidades de penetrar en la región se complicaron tras el surgimiento de gobiernos progresistas y de izquierda que derrotaron el ALCA y ampliaron sus lazos con el BRICS, sobre todo con China y Rusia. Esa es una de las más poderosas razones de la ofensiva imperialista desatada en los últimos años, tanto contra Rusia y China, como contra los gobiernos de izquierda y progresistas en el subcontinente (Ver Documento Base-Encuentro de San Salvador, 2016).

 

3.      La globalización neoliberal y el proteccionismo imperial

Ahora bien, no es lo mismo el proteccionismo de un estado-nación cualquiera que el proteccionismo de un estado-mundial o lo que es lo mismo de un estado-imperial. Y cuando hablamos de Estados Unidos de Norteamérica, estamos hablando precisamente de un estado imperial, encarnación y rector del capitalismo financiero y del imperialismo, entendido este último como conjunto de políticas para preservar, recomponer y fortalecer su hegemonía y de aquellas corporaciones de su preferencia.

Hasta ahora el imperio había decidido una política económica globalizadora, privatizando a todos los Estados del mundo, incluyendo a los Estados excomunistas, derrumbando las fronteras arancelarias, sobre todo para las mercancías de las potencias imperiales, deslocalizando empresas metropolitanas en el exterior de sus fronteras, pero amasando capital que se envía al centro, rompiendo todas las censuras que el capitalismo había respetado anteriormente, como la destrucción ecológica, la trata de gente, el libertinaje del comercio mundial, la exportación de capital-tecnológico al exterior, el negocio del narcotráfico, etc.

Pero resulta que de repente aparecen demasiados países emergentes que comienzan a erosionar la base económica del imperialismo estadounidense, como son las cuotas del mercado mundial de mercancías y de capitales, que no solamente sustituyen las importaciones de las potencias occidentales, sino que compiten con estas potencias al interior de sus propios mercados. Esta situación se acompaña de sucesivas y cada vez más recurrentes crisis de sobreproducción, base de las crisis financieras, donde todas las economías, incluyendo la estadounidense, encuentran un mercado mundial saturado de mercancías. Y como ha sido usual en estos casos, los grandes estados o centros imperiales no tienen otro camino, aparte de las guerras de rapiña, que rescatar a sus empresas con los impuestos estatales o emprender medidas proteccionistas. Y es esto último lo que está haciendo el presidente Trump, escogiendo el camino del proteccionismo radical. La globalización capitalista ya se llevó a cabo a través de políticas neoliberales. Ahora, una vez saturado de mercancías el mercado mundial, ha llegado la hora de que aquellas potencias desfavorecidas recurran a un nuevo proteccionismo para enmendar su desventajosa situación.

No es que la administración encabezada por el presidente Trump vaya a eliminar los tratados comerciales, sino que endurecerá sus cláusulas, actualmente leoninas, para los países del Sur. No es que el imperio retirará el grueso de sus empresas que saquean de materias primas el planeta (minerales, petróleo o alimentos) sino que escogerá las que le convenga para mantener el empleo y un sólido mercado interno. No es que va a suprimir las guerras, sino que será más selectivo y racional desde el punto de vista económico, obligando a sus socios a compartir sus gastos.

En otras palabras, la globalización, entendida como la dominación capitalista del centro sobre la periferia, ya realizó las tareas que tenía que realizar a través de las políticas neoliberales, como el desmantelamiento de las fronteras arancelarias y la privatización de las empresas públicas; ahora corresponde al centro imperial realizar los ajustes necesarios, a raíz de las nuevas contradicciones engendradas. Y una de ellas es precisamente la saturación del mercado mundial, producto de la exportación de capitales que se desplazaron del centro a la periferia, incrementando el viejo pecado capital del capitalismo, como es la disociación entre la producción y el consumo: mayor producción de oferta con mayores restricciones de demanda efectiva para consumirla y concretar la ganancia esperada (realizar la plusvalía).

En suma, se trata de trasladar la competencia mundial por los excedentes, de una geopolítica militar a una geopolítica económica, fortaleciendo en primer lugar su mercado interno y esperando que el resto de naciones queden asfixiadas por la falta de mercados externos o lo que es lo mismo por la falta de espacios en el mercado mundial, el que está formado precisamente por el conjunto de las naciones extranjeras o por la suma de sus mercados.

Realmente, esta política comenzó después del auge globalizador y neoliberal de finales del siglo pasado y que duró hasta la crisis del 2008. A partir de entonces, algunos países, entre ellos China y el gran bloque del occidente (UE-EUA), habían empezado a mirar hacia adentro, intentando fortalecer su mercado interno e incursionando en algunas políticas proteccionistas, como es el caso de las sanciones de Europa y Estados Unidos hacia Rusia y otros países menores. Ahora, Estados Unidos arrecia su proteccionismo y avanzan agresivamente señalando el cambio de sus políticas económicas, comenzando con aquellos países que más afectan su hegemonía económica, como es el caso de China, México y algunos países árabes. Política que se inició retirándose del Tratado Transpacífico, revisando el tratado con Canadá y México e imponiendo impuestos a la importación de los productos mexicanos, reforzando un muro de contención en sus fronteras y prohibiendo la entrada de los ciudadanos de algunos países de Oriente Medio de origen islámico.

Sin embargo, la situación no será tan fácil para Estados Unidos como antes, pues el mundo está tan interdependiente y sobre todo las corporaciones transnacionales, que frente al proteccionismo de un país usualmente aparece el proteccionismo de otros países. Estados Unidos corre el riesgo de quedar aislado frente a un comercio internacional donde nadie es imprescindible y donde existen países como China tan poderosos para ofrecer sus mercancías como los propios Estados Unidos en el comercio internacional.

Todas las naciones van a tener que seguir buscando como vender sus productos en el mercado mundial, ya sean materias primas o productos industriales. Igualmente, van a tener que seguir comprando productos industriales en los centros del sistema imperial, particularmente aquellas naciones y mercado que no han podido sustituir sus importaciones. De tal manera que no es difícil prever que el proteccionismo de Trump en Estados Unidos, desemboque en una guerra comercial mucho más encarnizada que la que ha significado la globalización. En otras palabras, pareciera que la política exterior que vamos a observar por parte de todos los países será el fin de una etapa de la globalización como la conocimos hasta hace unos meses, para pasar a una nueva fase de globalización neoliberal con proteccionismos selectivos.

 

4.      El imperialismo no renunciará ni a la globalización del capital, ni a las políticas neoliberales en la periferia

El imperialismo no renunciará ni a la globalización del capital o del mercado capitalista ni a la imposición de medidas neoliberales en la periferia, independientemente de sus esfuerzos por proteger sus fronteras frente a una competencia que amenaza su hegemonía.

La globalización como la interdependencia mundial del capital y de las corporaciones internacionales, paseándose por todas las naciones y por todos los espacios de la vida social, el neoliberalismo como políticas de privatización del Estado, así como el proteccionismo imperial, pueden tener muchas contradicciones, como todo sistema, pero no hay que pensar que son antagónicas.

Las grandes corporaciones transnacionales y, fundamentalmente, lo que conforma el eje principal del capitalismo hoy: el sistema financiero, altamente integrado, es al mismo tiempo el espacio de las más agudas contradicciones, que sean antagónicas o no está en dependencia con la profundidad de la crisis y sus efectos políticos, su impacto en la economía, el mejor ejemplo es el crack de 2008 que puso de relieve la inconsistencia teórica del planteamiento de los neoliberales. “La globalización es una ley histórica -explicó Fidel en el aula magna de la UCV, en 1999- es una consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas -y excúsenme por emplear esa frase que quizás asuste a algunos por su autor- un producto del desarrollo de la ciencia y de la técnica en grado tal, que aún el autor de la frase, Carlos Marx, que tenía una gran confianza en el talento humano, posiblemente no fue capaz de imaginar” … “La globalización neoliberal quiere convertir a todos los países, especialmente, a todos nuestros países, en propiedades privadas”.

Un tema de tal calibre requiere de una breve reflexión, en cuanto a lo que expresan algunos economistas sobre el origen de las altísimas ganancias en el sistema financiero internacional, como “valor que se valoriza a sí mismo”, es decir, el capitalista obtiene fabulosas ganancias sin pasar por los riesgos que todo proceso de producción entraña. Los teóricos del capitalismo pretenden ocultar el fenómeno de la explotación de la clase trabajadora. Pero, la realidad es otra, la ganancia que obtiene el capitalista mediante la especulación financiera es en la que está condensada la explotación capitalista, “es cuando el capital alcanza su forma más cósica, su forma más pura de fetiche”, según lo explica Marx. Es éste un proceso que ahora alcanza niveles muy complejos, y tiene alcance planetario porque cuenta con la base material que le otorga el desarrollo intensivo de las nuevas tecnologías. No pocos analistas afirman que con el desarrollo de la ciencia y la técnica, cambia de tal manera la composición del capitalismo, que estamos frente a fenómenos nuevos, es cierto que son fenómenos nuevos, pero cuando se pone en observación la “fractura” del sistema financiero, queda al descubierto su trama de contradicciones, no obstante, lo que pretenden los ideólogos del neoliberalismo es ocultar el antagonismo entre el capital y el trabajo, y ese, no es un fantasma, allí está.

A continuación ofrecemos una lista de las expresiones concretas de las medidas neoliberales impuestas a nuestros países y que la globalización neoliberal o imperialismo y el proteccionismo imperial no están dispuestos a renunciar. Estos puntos han venido siendo señalados por la crítica intelectual de izquierda. Sería bueno hacer un ejercicio de simulación, preguntándonos si creemos que la influencia de Estados Unidos y toda su parafernalia de organismos internacionales sobre los que influye diariamente piensan abandonar las políticas neoliberales que nos imponen diariamente.

a)    Tratados comerciales bilaterales favorables a los países y corporaciones imperiales y en detrimento de las naciones desfavorecidas en el mercado capitalista mundial.

b)    Desmantelamiento arancelario por distintos medios, privatización de empresas y servicios públicos, reformas fiscales a favor de las corporaciones y en detrimento del resto de productores, incluyendo mecanismo de evasión y excepción de impuestos.

c)    Desaparición o subordinación de los bancos centrales y de fomento a los organismos financieros internacionales y al Banco de Pagos Internacional, así como la pérdida de control de la política monetaria y crediticia. Estímulo a los préstamos buitres.

d)    Desestímulo y discriminación a los pequeños-medianos productores y cooperativas, acompañadas del despojo de sus suelos y recursos naturales.

e)    Privatización, desnacionalización y desaparición de los servicios públicos: salud, educación, vivienda, transporte, vigilancia, recreación.

f)     Déficit fiscal y endeudamiento progresivo tendiente al desequilibrio en el gasto público, como mecanismo para imponer políticas económicas desfavorables a los países más débiles.

g)    Control del presupuesto público para alimentar la inversión privada y rescatar a las empresas y bancos comerciales de sus quiebras periódicas.

h)    Orientación de los créditos para estimular el consumismo.

i)     Entrega de los recursos mineros, pesqueros, recursos turísticos, mantos acuíferos a las cadenas de empresas transnacionales extractivistas.

j)     Estímulo de burbujas y crisis financieras para la mayor concentración y centralización de capitales.

k)    Congelación y reducción de salarios, aumento del empleo no calificado, inflación, aumento de tarifas por servicios en manos privadas, aumento de la generación de jóvenes que no estudian ni trabajan.

l)     Depauperación social y personal.

m)   Aumento de las desigualdades y represión a toda manifestación de descontento.

n)    Conculcación de derechos individuales y sociales.

o)    Vinculación de los aparatos de gobierno con círculos del crimen organizado, organizaciones narcotraficantes, aumento de la extorsión y de la corrupción de las instituciones públicas, estímulo a la impunidad.

p)    Desestimulo y criminalización de las organizaciones populares; utilización del poder imperial para sus aventuras punitivas contra nuestras instituciones y contra los funcionarios públicos.

q)    Sustitución de los valores políticos por los valores del mercado. Despolitización de la juventud y de los partidos, o su reconversión como empresas mercantiles encaminadas a la acumulación desde el control de las instituciones gubernamentales.

Podríamos seguir ampliando la lista. Lo importante es saber que el neoproteccionismo imperial no abandonará su política exterior en la periferia o semi-periferia del sistema, ni siquiera la más mínima expresión de lo que antaño fueron los Estados liberales.

En todo caso y siendo reiterativa la alusión al funcionamiento del capitalismo, el imperialismo, la globalización, las políticas neoliberales, sugerimos que avanzar en el planteamiento y discusión sobre un proyecto alternativo que pueda implementarse desde la oposición y desde el gobierno, tal como lo hizo la burguesía en su momento, la que aún antes de tomar el poder ya era clase y proyecto dominantes en la sociedad. Para lo cual ofrecemos dos referencias en anexo que creemos obligatorios en la discusión como son las posibilidades de una economía alternativa, proceso en marcha en América Latina, aunque silencioso y hasta invisible para muchos sectores de izquierda que sin embargo trabajan con ella, así como las posibilidades de otro modelo de gestión política y económica en marcha, nos referimos al poder popular.

 


III. Consideraciones Finales

Las acciones ejecutivas de Trump, han levantado una ola de protestas, entre los migrantes, los islámicos, las mujeres y demás sectores sociales. Hasta con el sistema judicial ha comenzado a tener roces.

Si bien las políticas proteccionistas del presidente Trump y sus intentos por cambiar las relaciones comerciales multinacionales por acuerdos binacionales que beneficien a los intereses de Estados Unidos afectarán económicamente a nuestros países, aquellas pueden significar una oportunidad para el fortalecimiento de nuestros instrumentos regionales y el impulso por el establecimiento de nuevas relaciones con otros bloques económicos.

Hoy más que nunca tenemos que mantener la excitativa para que nuestros compatriotas latinoamericanos que viven en Estados Unidos se movilicen contra las pretensiones del proteccionismo imperial. Como lo señalamos en la declaración final en San Salvador: En Estados Unidos viven más de 55 millones de personas procedentes de América Latina y El Caribe que contribuyen al desarrollo económico, social de ese país. Un porcentaje significativo de las 11 millones de personas indocumentadas en Estados Unidos son de América Latina y El Caribe y el gobierno de ese país no ha cumplido su promesa de una reforma integral por los derechos de la población migrante, una parte de la cual sufre una crisis humanitaria, como es el caso de los niños y las niñas retenidos en las fronteras.

Es necesario que el Foro de Sao Paulo fortalezca los esfuerzos por la construcción de un frente político y social continental, integrado por movimientos políticos, sociales y populares de nuestra región, abarcando a amplios sectores de la sociedad, entre ellos aquellos que exigen el respeto a sus derechos personales y colectivos, como por ejemplo, sus orientaciones sexuales en el caso de los grupos LGBT, los sectores de la juventud, las luchas de género por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, los pueblos originarios, los afro descendientes, que no necesariamente actúan partidariamente, pero que luchan en las calles por sus derechos y el ejercicio de sus expresiones culturales. Tarea que debe incluir la motivación a los militantes y simpatizantes de sus partidos en Estados Unidos a que, como comunidad, se sumen a la lucha y demanda de sus derechos y denuncien la política injerencista del gobierno de Estados Unidos hacia nuestros países.

El Foro de Sao Paulo debe estar alerta ante cualquier acción de EUA para endurecer su política hacia Cuba a partir de las declaraciones de Trump y de la mayor influencia de la derecha cubana de Miami en el Congreso estadounidense. Hasta el momento no se ha materializado ninguna medida debido a que la nueva administración está tratando de establecer medidas de orden interno.

El Foro de Sao Paulo debe continuar dando seguimiento y acompañamiento del proceso de Paz de Colombia, tanto en los procesos de implementación de los Acuerdos con las FARC como la negociación con el ELN. Manifestamos nuestro profundo rechazo a la militarización que se intenta restaurar en nuestro continente y propugnamos por la defensa de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, tal como fue proclamada por la CELAC.

América Latina y el Caribe están en estos momentos y seguirán estando al frente de la lucha de los pueblos por una sociedad con justicia y libertad, sin explotación ni opresión; una lucha en la cual los pueblos, sus organizaciones políticas y sociales, y los gobiernos que defienden los intereses populares, se enfrentan a las más poderosas fuerzas del mundo, pero cuyo poderío económico y militar no podrá contra el poder de la razón, de las ideas, y de los más altos valores de la humanidad, que como proclamaba la Revolución Cubana en la Segunda Declaración de La Habana, “ha dicho BASTA y ha echado a andar…” Seguiremos construyendo el poder popular para asegurar las transformaciones económicas, sociales y políticas de los pueblos de América Latina y El Caribe.

En estos momentos se presenta comoun desafío fundamental para los pueblos en lucha y para el movimiento revolucionario latinoamericano dos frentes de altísima prioridad. Unoque es la batalla en Venezuela, cuyo pueblo revolucionario encabezado por sus fuerzas organizadas ha demostrado una capacidad de lucha y resistencia pocas veces vistas en la historia de lucha de nuestros pueblos, frente a las embestidas brutales de la oligarquía apátrida y el imperialismo confirmando quela defensa de la soberanía nacional de Venezuela y del derecho de su pueblo de darse la forma de gobierno que desee, debe ser preservada. Y el segundo frente de lucha no menos importante por su estrategia tanto a nivel regional como a nivel mundial, en la lucha que se desarrolla en todos los niveles en el Brasil, sobre todo a partir de los últimos hechos que desencadenaron las últimas denuncias contra el ilegítimo presidente Temer y quienes llevaron adelante el golpe de estado contra la Presidenta Compañera Dilma Rousseff.

Un elemento esencial para preservar, ampliar y fortalecer la correlación de fuerzas favorables a las fuerzas políticas y gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe, es la defensa de la integridad y la orientación popular, anti neoliberal, de los mecanismos intergubernamentales de concertación, cooperación e integración, que se han creado a partir de la llegada de la izquierda al gobierno,a saber, la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA‑TCP), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). El proyecto del ALBA y PETROCARIBE ha sido y continúa siendo un ejemplo de la capacidad de los pueblos para ejercer la solidaridad, la complementariedad y avanzar unidos hacia un destino mejor No deberíamos olvidar aquellos países de las pequeñas Antillas que cuentan con gobiernos progresistas, algunos de ellos integrados a PETROCARIBE.

Como izquierda nos corresponde impulsar la transparencia, la honradez en el uso y manos de los recursos públicos y nos manifestamos en contra la pretensión de Estados Unidos, de arrogarse prerrogativas fiscalizadoras en el enfrentamiento a la corrupción, irrespetando la soberanía de nuestros pueblos mediante mecanismos inconstitucionales, como resultado de lo cual llama la atención que no han sido señaladas ni afectadas las figuras políticas vinculadas con la oligarquía, de donde provienen los más grandes actos de corrupción, lo cual es también un engendro del intervencionismo imperialista. El caso de la CICIG en Guatemala es emblemático en ese sentido, pero el propio pueblo guatemalteco ha demostrado que no se necesita la tutela imperial mediante organismos intervencionistas para enfrentar la corrupción, pues la garantía para eso es la capacidad de lucha de los sectores populares, siempre que se cuente con un movimiento revolucionario unido, organizado y a la altura de su misión histórica. La judicialización de la política a través de los poderes judiciales locales controlados por la derecha y las intervenciones a la soberanía a través de la formación de comisiones anticorrupción compuesta por organismos internacionales, debe ser impedido a toda costa. Asimismo, debemos rechazar los paraísos fiscales, la evasión tributaria y la opacidad del gran capital en cada país.

Finalmente sería recomendable llevar estos documentos a todas las expresiones organizadas de nuestras sociedades, con el fin de acumular fuerzas ideológicas y culturales que en manos de la gente se conviertan en fuerza social y política para concientizar, organizar y movilizar a la sociedad entera, encaminadas a cambiar el orden establecido.

 

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ANEXO

CONTRIBUCIÓN DEL FSLN AL DEBATE

 La economía social y el poder popular

 

 

Si bien creemos que el análisis de la coyuntura internacional y regional es un insumo necesario para enriquecer la conciencia política y alimentar nuestro quehacer programático, creemos que debemos avanzar en la estrategia de transformación, aún desde la oposición, de manera que las esperanzas en la lucha no se limiten a las posibilidades de controlar las instituciones, cosa que por supuesto consideramos estratégico. En tal sentido y tomando en cuenta la riqueza de experiencias de economía popular-social y de poder popular, creemos pertinente esbozar estos dos puntos, con el objetivo de empezar a debatirlos. Asimismo, se hace necesario, a la par de su análisis, empezar a sistematizar y socializar ambas experiencias en los diferentes países de América Latina.

La economía social que se inicia como economía popular, compuesta por unidades económicas familiares, asalariados de bajos ingresos y pequeños productores de bienes y servicios; economía popular que adquiere su madurez cuando se asocia, necesita de un poder popular que la desarrolle, como hizo la burguesía cuando nació como clase emergente, de lo contrario toda esta miríada de pequeñas unidades económicas familiares o de pequeños productores estarán sentenciados a convivir en una especie de capitalismo popular, donde la competencia los estrujarán sin piedad alguna, sumiéndolos en la pobreza y la precariedad social. De ahí la necesidad de que los movimientos sociales y las organizaciones políticas de izquierda la acompañen con una conciencia de clase y hacia una práctica asociativa y autogestionaria.

 

La economía social


1.    
La economía social como parte de la agenda de la izquierda latinoamericana

El objetivo de este apartado es debatir y consensuar una agenda política general que permita a la izquierda latinoamericana y a sus expresiones nacionales, orientar su acción política frente al poder del sistema imperante, incorporando la tarea de construir una economía alternativa a la economía empresarial capitalista.

Por izquierda entendemos toda fuerza política que se opone, a través del discurso, la organización y la movilización, al orden establecido, caracterizado éste por: a) La predominancia de un mercado capitalista e imperialista cada vez más competitivo, excluyente y depredador, b) Un conjunto de instituciones patriarcales y autoritarias, c) La intervención de las diferentes fuerzas políticas, militares, económicas y culturales del imperialismo, tanto públicas como privadas. Capitalismo e imperialismo que deben enfrentarse bajo una orientación socialista, combinando los aportes del socialismo estatista, en cuanto a la posesión de empresas públicas y la planificación, con las del socialismo asociativo, en cuanto a las relaciones sociales, o lo que es lo mismo, emprender la revolución y el socialismo desde arriba y desde abajo.

Y es desde esta perspectiva donde cobra importancia apostar a una nueva economía, la economía popular y social, las que no están basadas en relaciones obrero-patronales, sino en pequeñas unidades de productores-trabajadores asociadas entre sí, con el fin de acceder a negocios de mayor escala donde puedan captar un mayor valor agregado, complementada con políticas públicas que la favorezcan. Por economía popular-social entendemos aquellos sujetos económicos donde el trabajo vivo es tan importante como el capital y donde la acumulación deja de ser un fin, como en el capitalismo, para convertirse en un medio para el bienestar de sus asociados. La economía social tiene su cantera en los pequeños productores, pobladores, consumidores y trabajadores en general, incorporados a la gestión de la economía en sus diferentes aspectos, desde las unidades económicas familiares, los pequeños productores, los pequeños artesanos y pescadores, los pequeños negocios en general agrupados alrededor de la producción, los servicios de transporte, la distribución y el consumo. Estos sujetos adquieren el estatus de economía social cuando se asocian para articularse entre sí y escalar la cadena de valor que les permita crecer y apropiarse del excedente que hoy por hoy el capital les drena a través del mercado. Como parte de esta economía hay que incorporar a los pobladores que se asocien en cooperativas de consumo o de crédito u otras formas asociativas o comunales para gestionar diferentes tipos de servicios, encaminados a obtener ingresos o a disminuir sus gastos.

Dentro de esta economía hay que incluir a las comunidades indígenas, basadas en relaciones sociales, culturales y económicas que confieren identidad diferente a las relaciones contractuales de las identidades de una sociedad mercantil.

La ventaja para la izquierda de apostar a una nueva clase, a nuevas relaciones de producción y a una nueva economía, es que le permite empezar a construir una alternativa desde aquí y desde ahora, falto de la cual, tanto en la oposición como en el poder, su accionar se limitará a padecer, administrar y criticar los estragos y el funcionamiento del sistema capitalista. Por otro lado, apoyar el desarrollo de una nueva clase y de una nueva economía permitiría comenzar a construir relaciones más cercanas al socialismo, al menos como lo entendía Marx, es decir: “La unión de productores libremente asociados”.

Esta estrategia se parece más al recorrido que hizo la burguesía al nacer, compitiendo con formas anteriores de producción, hasta alcanzar su hegemonía económica, lo que la llevó posteriormente a llevar a cabo su revolución política, a fin de desarrollarse plenamente. En otras palabras, la burguesía como clase, técnica y económicamente dominante, nace antes de hacer su revolución política. Recorrido diferente al del socialismo estatista, donde la socialización de los medios de producción y de cambio, se emprendió desde unidades económicas estatizadas y gestionadas por una tecnocracia, pero manteniendo las viejas relaciones de producción con la clase obrera; clase en nombre de la cual se hace la revolución política, pero en momentos en que todavía no es una clase económicamente dominante, sino más bien una clase explotada y subordinada al capital privado y/o público.

Desde la economía social, estaríamos planteando un proyecto de economía mixta (empresas estatales + asociaciones de productores-trabajadores), mucho más democrática y más asociativa, que puede iniciarse aún antes de la toma del poder político. Esquema que se está llevando a cabo en Venezuela y otros países latinoamericanos y que parece encaminado en la sociedad cubana, a juzgar por la existencia de más de 500,000 cuenta-propistas y el fomento al cooperativismo.

Esto que señalamos como propuesta ya está pasando en América Latina en diferentes campos de la economía, a manos de un nuevo sujeto económico, al que llamamos trabajadores-productores o trabajadores por cuenta propia, quienes conforman alrededor del 50% de la fuerza laboral y que junto con la clase obrera organizada y la gran mayoría de pobladores y consumidores, forman la mayoría de la fuerza laboral, una parte de la cual avanza significativamente bajo formas cooperativas, autogestionarias, asociativas y comunitarias. La nomenclatura burguesa los llama Sector Informal o de competencia desleal. (Véase cuadro adjunto del Consejo Monetario Centroamericano).

Economía informal respecto al PIB (%)

País Tamañoestimadodela economía informal respectodelPIB(%)
Paraguay 68.2
Nicaragua 64.4
Ecuador 50.7
Honduras 54.1
PromediosimpleCA yRD 46.9
Belice 46.8
República Dominicana 44.8
CostaRica 41.8
Panamá 44.4
Colombia 43.5
Guatemala 42.3
Venezuela 43.0
Argentina 32.9
El Salvador 36.4
Uruguay 36.2
Chile 32.1
Brasil 28.4
México 28.2

Notas económicas regionales No.72, febrero, 2015.

Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano.

Esta propuesta está basada en varios supuestos, uno de ellos es que, por un lado, no necesariamente la posesión del poder de una fuerza política de izquierda garantiza o facilita las transformaciones sociales, falto de una clase económica alternativa, por otro lado, el no estar amparado del poder tampoco impide emprender algunas transformaciones sociales. Estas pueden emprenderse desde la oposición, es decir, aunque la izquierda no esté amparada del poder.

Piénsese por ejemplo en las luchas por la tierra que los campesinos emprenden frente a los terratenientes y frente a gobiernos represivos, lo que contrasta con gobiernos de izquierda que han excluido de su plan de gobierno la reforma agraria. Recientemente observamos organizaciones políticas de izquierda que estando en el gobierno se comportaron como si fueran clase económicamente dominante, con una posición poco crítica al sistema en aspectos como la depredación y el extractivismo por parte de las empresas transnacionales, la marginación del campesinado y de las comunidades indígenas, el autoritarismo y abandono de las alianzas con los movimientos sociales, lo que contrasta con la complacencia y permisibilidad que le concedieron a la derecha. En las condiciones actuales, aquellas experiencias, donde organizaciones políticas de izquierda en el gobierno, aun habiendo alcanzado incluso el estatus de clase política dirigente y gobernante, tendrían que haberse mantenido como clase política gobernante, pero en oposición al sistema.

Vivimos, pues, en una fase de transición donde las burguesías han perdido su capacidad para encabezar un capitalismo nacional, precisamente por su subordinación al capital extranjero. Situación que también condiciona y limita a una fuerza política de izquierda para emprender un proyecto nacional, sin contar con el concurso, no solamente de la clase trabajadora asalariada y de los pequeños productores, sino de los empresarios locales. Siendo así que una economía social (pequeños productores en proceso de asociación), conviviendo con la economía de medianos y grandes empresarios, nacionales y extranjeros, aparece como una oportunidad para emprender un proceso consciente de transformación social; donde un nuevo bloque social debería formarse articulando aquella gama de intereses.

Como sabemos, históricamente, las nuevas clases alternativas nacen y comienzan a formarse en el seno de la sociedad anterior, en este caso en el seno del capitalismo. Por capitalismo entendemos la organización de la sociedad de acuerdo a las reglas del mercado y bajo la hegemonía del capital, entendido éste como una relación económica generalizada donde se llevan a cabo las diferentes formas de extracción y transferencia de excedentes. En el modo de producción capitalista predominan las relaciones obrero-patronales, aunque como dijimos anteriormente, en América Latina, estas relaciones están siendo reducidas y/o sustituidas por una economía popular en tránsito hacia una economía social donde no existen ni patrones ni asalariados.

El capitalismo en América Latina se desarrolla bajo la hegemonía de las depredadoras corporaciones transnacionales, amparadas por las políticas neoliberales impuestas y establecidas a finales del siglo XX por el poder imperial, lo que ha debilitado la soberanía nacional e imposibilitado a las clases dominantes locales emprender las tareas del capitalismo nacional: reforma agraria, industrialización de las materias primas, aumento del mercado interno, disminución de las desigualdades sociales, así como el desarrollo de una democracia incluyente.

Las burguesías nacionales están siendo desplazadas progresivamente por una oligarquía organizada internacional y localmente, disminuyendo al mismo tiempo el peso absoluto y relativo de la clase obrera. El desempleo ha empujado a la gente a buscar su sobrevivencia, dedicándose al trabajo por cuenta propia, tanto en el campo como en la ciudad; en los países mesoamericano-caribeños, además, el desempleo ha tenido como consecuencia una migración hacia Estados Unidos y otros países del Norte.

En estas condiciones y dado que se trata de un proceso en transición, el tratamiento y la posición que una fuerza política de izquierda confiere a la propiedad, tema que confiere identidad a todo proceso político, sería la siguiente: a) Respeto a todas las formas de propiedad, b) Defensa de la pequeña propiedad, c) Fomento de la propiedad asociativa. Lo primero la convierte en una fuerza política democrática, lo segundo en una fuerza política popular, lo tercero en una fuerza política revolucionaria.

En aquellos países donde existan mayores relaciones capitalistas de producción del tipo obrero-fabril, la vía autogestionaria sería el equivalente a la asociatividad de los pequeños y medianos productores organizados en cooperativas.

 

2.     Las fuerzas políticas de la economía social

Las organizaciones políticas (frentes o partidos) y los movimientos sociales (movilizaciones populares) se basan en la estructura de clases existentes a nivel de la nación y adquieren realidad en la medida que se proyecten y movilicen en función de los intereses y objetivos nacionales y populares en cada país o a nivel regional.

Una fuerza, política y socialmente organizada, se define por una posición política empeñada en acceder a la influencia y el control de las instituciones públicas del Estado (sociedad política + sociedad civil + aparatos hegemónicos): gobierno, parlamento, alcaldías, poder judicial y electoral, fuerzas armadas; así como por la construcción de una opinión pública que dispute la orientación moral e intelectual de la sociedad.

Una fuerza política y social de izquierda encarna y se encarna en las posiciones políticas y sociales más avanzadas dentro de la lucha contra el sistema imperante. La lucha se expresa en un discurso y en una acción política, cuyos resultados están encaminados a lograr las transformaciones de un sistema social congestionado en sus propias contradicciones y conflictos.

Todo proyecto de defensa o transformación del orden existente necesita de una fuerza u organización política que la encabece. Hasta ahora los partidos políticos han sido la fuerza política organizada en función de los intereses de la oligarquía (partidos conservadores), la burguesía nacional (partidos liberales), la burguesía transnacional (partidos neoliberales) o la clase obrera (partidos comunistas), por sólo citar a los más connotados. La organización es la mediación entre la teoría (el proyecto) y la práctica (las luchas). Todo proyecto político obedece a los intereses de los sujetos históricos (clases principales en la gestión de la sociedad), aunque todos se presenten como representantes de toda la nación o de la civilización. Aquí estamos planteando que las diferentes organizaciones políticas de izquierda asuman los intereses de un nuevo sujeto económico, incorporando no solamente a la clase obrera fabril, sino también a la clase trabajadora de la economía familiar, asociativa y comunitaria, así como una nueva forma histórico-social en el funcionamiento de la economía, como es, en este caso, los trabajadores-productores, organizados en forma asociativa, es decir, como economía social.

Se trata de explicitar la relación entre el proyecto histórico, el sujeto social principal, en este caso compuesto por los actores económicamente dominantes, la organización política que los representa, el programa que le corresponde y las acciones políticas a desencadenar.

Así como antes se hablaba de organizar políticamente a la clase obrera, hoy debemos agregar, como tarea política la organización económica de la economía popular, donde la clase obrera ya no es la única y por tanto tendrá que trabajar junto a la organización de los pequeños productores que ya están amparados de múltiples medios de producción, en forma individual o asociativa, con el fin de fortalecer y desarrollar esa nueva clase económica.

Hoy en día, las organizaciones políticas no se agotan en los partidos políticos, sino que ha surgido lo que se conoce como movimientos sociales o grupos de incidencia frente al Estado, quienes representan a los diferentes sectores populares. En otras palabras, los movimientos sociales son a la economía popular y social, lo que los partidos políticos han sido a los empresarios o a la clase obrera.

Una fuerza política de izquierda debe de apostar a representar, tanto los intereses generales de la sociedad, como los intereses particulares de la economía popular y social. De ahora en adelante, toda organización política que apueste a una nueva clase económica y a una nueva forma de extracción y apropiación de excedentes, en aras de gestionar la economía, debe incorporar a los líderes de la economía social a los cargos públicos: concejales, alcaldes, diputados, otros, con el fin de que la economía social pueda inclinar las políticas de Estado a su favor. En otras palabras, los sujetos de la economía social deben empoderarse políticamente, a fin de afianzar sus intereses económicos.

 

3.     Reforma y revolución

En toda transformación (reforma o revolución) hay que distinguir la revolución política de la revolución social. La primera se manifiesta como la sustitución de una clase política y gobernante por otra clase política, la segunda se manifiesta como la sustitución de las viejas clases económicas por una nueva clase económica, por muy pequeña que sea en sus albores. Recordemos la pequeñez de la burguesía en sus inicios, comparada con los grandes señores feudales, la realeza, el gran clero y la nobleza en general.

A su vez las transformaciones tendientes a modificar el orden capitalista e imperialista se emprenden bajo un conjunto de formas evolucionarias o revolucionarias. Dicho de otra manera, no vemos contradicción alguna entre reforma y revolución; apostar o mejor dicho enfatizar una y/u otra dependerá de las necesidades y posibilidades de cada momento histórico. La reforma se emprende por medio de formas pacíficas y moderadas, aunque beligerantes; la revolución alude a formas violentas y radicales. La primera apunta a reformar el sistema, la segunda apunta a cambiarlo, y ambas apuntan, conjuntamente, a transformarlo.

Dada la correlación de fuerzas a nivel internacional, la independencia política (poder soberano), social (clases autónomas) y económica (crecimiento sostenido y bienestar social de la nación y el pueblo), se hace muy difícil para cada uno de los países en particular, necesitándose de una concertación a nivel nacional y latinoamericano para enfrentar la dependencia, la dominación y la explotación imperial; pero sobre todo para contar con el capital, el mercado y la escala suficiente que le permita emprender su acumulación originaria.

La revolución es un proceso largo, y en América Latina podemos dividirlo en tres momentos. a) Las luchas guerrilleras y su aporte en la erradicación de las dictaduras militares latinoamericanas. Este es nuestro principal aporte a la democracia en América Latina, b) La disputa por la hegemonía, donde estamos empatados 55/45 según los momentos; hay que estar consciente que tener más del 40% de los votos es bastante, comparado con la situación en el siglo pasado, lo que permite avanzar en la conformación de una nueva clase política. c) El tercer momento tiene que ver con la toma de la economía por el pueblo, no solamente por el sector público al servicio de la nación, donde estamos muy mal después de las políticas neoliberales, sino que incluye la posesión de medios de producción y negocios en general por los trabajadores-productores, proceso que están llevando a cabo hoy en día los trabajadores por cuenta propia (tierra y producción de alimentos por los campesinos y los pequeños productores mercantiles, negocios de la pesca, la manufactura, el transporte y el comercio, por parte de nuestros trabajadores artesanales, cooperativas, remeseros que generan divisas y mueven la economía del gasto, entre otros).

 

4.     El mercado y la democracia representativa

Tanto para el sistema capitalista como para el primer esfuerzo socialista que hizo la humanidad, incluyendo la orientación socialista de las revoluciones latinoamericanas, la distribución ha sido su talón de Aquiles. Para el capitalismo el divorcio entre la producción y el consumo lo congestiona, una vez que la distribución o la capacidad adquisitiva de sus compradores no es suficiente para consumir la sobre producción relativa, sumiéndolo así en crisis periódicas y permanentes.

El socialismo padece el mismo problema, pero al revés. Una progresiva y excesiva distribución de la riqueza apenas producida, violentando la ley del valor o la remuneración de acuerdo al trabajo, lo sumen en graves crisis de abastecimiento que descarrilan el mercado y la economía en su conjunto. Y, una vez que las masas, encuentran un mercado desabastecido, comienzan a manifestar su descontento, independientemente de que la causa estriba en un abastecimiento desproporcionado a la capacidad productiva, como pasa con cualquier unidad económica o familiar.

Aprendiendo y asimilando las lecciones del comunismo soviético, que habiendo luchado exitosamente contra el capital y habiendo controlado absolutamente los aparatos políticos, fue derrotado por el mercado y por aquellos sectores que reclamaban el abastecimiento y la democracia representativa a ello asociada. Una lucha encarnizada en el campo de batalla del mercado y de la democracia, es lo que estamos viendo en Venezuela y relativamente en Cuba, independientemente del control que se tenga del capital, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

Se hace necesario reconocer la importancia que el mercado y la democracia representativa tienen en la gestión de todo proyecto, ya sea en defensa del orden o en función de un orden alternativo. Toda revolución y todo proyecto alternativo deben contar con una nueva clase que muestre su superioridad en todos los campos, así como mantener el espíritu libertario e igualitario de las revoluciones pasadas. Es así que la lucha contra el capital, se lleva a cabo en el campo de batalla del mercado y de la opinión pública, omisión que puede costar caro a la hora de competir con las otras fuerzas económicas y con otras fuerzas políticas. Y todos sabemos que la izquierda no está vacunada contra los excesos de voluntarismo, verticalismo económico, autoritarismo político, sectarismo, corrupción y otras actitudes generadoras de antipatía popular.

La lucha contra el capital no es lo mismo que la lucha contra el mercado. Es mucho más difícil eliminar el mercado que sustituir el capital privado por un capital público o por un capital privado-colectivo. El mayor problema dentro de las experiencias de transición al socialismo durante el siglo pasado, fue la lucha frente al mercado, más que la lucha contra el capital privado.

La lucha contra y por el control y transformación de las instituciones, implica una lucha por la hegemonía, siendo ésta una tarea mucho más difícil en la medida que no contemos con una mayoría política que apoye las transformaciones políticas, económicas y culturales.

Por lo tanto, si hay alguna diferencia entre el comunismo de orientación soviética y el socialismo que tenemos que emprender, es la importancia que hay que conceder al mercado y a la democracia representativa. Debemos tomar en cuenta al mercado para mantener la estabilidad económica y política, mientras crecemos, transformamos o sustituimos las instituciones del capital por las instituciones del trabajo. Asimismo, debemos tomar en cuenta la democracia representativa, a la hora de emprender las transformaciones sociales, para medir el pulso de las masas populares y educarnos en aquellas tareas vinculadas con la libertad y los derechos humanos. Emprender transformaciones sociales sin tomar en cuenta a la gente pone en riesgo las primeras, no importando que las mismas sean en beneficio del pueblo. Valorar la importancia del mercado y de la democracia representativa no significa excluir una estrategia propia que los supere, democratizando la democracia burguesa y hacerla que funcione a favor de los nuevos intereses.

La clase capitalista mantiene su pecado original, como es el producir cada vez más, pero contando cada vez con menos compradores, imposibilitando así la realización de la plusvalía en el mercado, generando periódicamente crisis de sobreproducción relativa, donde se envían a la calle a millones de desempleados, incluyendo a millones de empresarios pequeños y medianos que sucumben en cada crisis ante las leyes implacables del mercado capitalista. La nueva clase social de la cual estamos hablando, tiene la ventaja de trabajar para abastecerse a sí misma, destinando los excedentes al mercado; piénsese en la producción campesina de alimentos, por ejemplo, consumidos en primer lugar por ellos mismos, destinando los remanentes al mercado.

Ahora bien, para que esta nueva clase de pequeños productores o trabajadores por cuenta propia, pueda competir en el mercado, debe precisamente asociarse y así beneficiarse de una economía de escala que le permita acceder a los eslabones superiores de la cadena de valor y así recuperar los excedentes que el capital le drena a través del mercado.

Hay que tener claro que el ejercicio de la democracia representativa en general y de las elecciones en particular tiene entre otras intenciones dividir al pueblo. En nuestro caso, al menos, la división necesariamente tiene que ser entre el proyecto neocolonial-neoliberal y el proyecto nacionalista y de transformación social, entre el proyecto del capital y el proyecto del trabajo.

Hoy en día y a pesar de los reveses político-electorales de la izquierda política latinoamericana, ya superamos prácticamente aquella etapa en que las contiendas electorales eran entre los liberales y los conservadores; ahora la contienda es entre la derecha y la izquierda. Reveses políticos que deben funcionar como un laboratorio para enmendar errores, delitos, prejuicios y complejos de una recién formada (o en formación) clase política que necesita foguearse con sus hermanos de clase, para así mejor encarnarse en un proyecto alternativo.

La izquierda debe proponerse la toma de todas las instituciones y no solamente la presidencia o las diputaciones. Es importantísimo la toma del poder judicial, los aparatos militares y los medios de comunicación. La izquierda debe aprovechar las jornadas electorales como tribuna para denunciar a la derecha y posicionar su proyecto. Utilizando no solamente lo que pasa en cada país, sino lo que pasa en el resto del mundo, ya sea a nuestro favor o cuestionando al imperialismo. La izquierda debe proponerse tomar todos los espacios posibles de radio, prensa y televisión, aunque sea a nivel de programas pagados para erosionar a los partidos de derecha y propagandizar nuestro proyecto, a nivel local, nacional e internacional, entendiendo que todo ciudadano, independientemente de sus posiciones políticas, es objeto y sujeto de nuestra atención y para los cuáles siempre tiene que haber un discurso, de lo contrario seguiremos perdiendo el tiempo dirigiéndonos solamente a los sectores convencidos y desde una posición más sectaria que educativa.

Finalmente y pensando sobre todo en los países mesoamericanos y caribeños, incluyendo a Cuba, hay que incluir como parte de la economía popular a los trabajadores migrantes que con sus divisas contribuyen al salario social de sus familiares; siendo en tales países un aporte en divisas netas de los más importantes para la economía en su conjunto.

 

5.     La economía social y la necesidad de combinar la revolución desde arriba (vía el sector público) con la revolución desde abajo (vía asociativa)

La revolución siempre se entendió como la toma del poder o de los aparatos políticos públicos. Igualmente, el socialismo también se entendió como acciones superestructurales confiscando bienes de capital, gestionándolos en beneficio de los trabajadores y del pueblo en general, cosa que sigue siendo válida. Sin embargo, nos hemos dado cuenta que el poder no está compuesto solamente de los aparatos políticos y militares, sino que en última instancia el poder es el pueblo concientizado y organizado, gestionando directamente la política y la economía. Asimismo, el socialismo no debe limitarse a la planificación central en manos de la burocracia y a la gestión de empresas públicas por la tecnocracia, sino que debe combinarse con formas descentralizadas de planificación y con formas autogestionarias en la economía (sindicatos y cooperativas).

La primera concepción nos llevó a las revoluciones desde arriba, sin una contrapartida sólida desde abajo, como sí lo hizo y lo hace el capitalismo durante las revoluciones burguesas. La diferencia es que las revoluciones capitalistas e imperialistas siempre han contado con agentes y clases propias para implementar su proyecto, mientras que el socialismo y a pesar de haber propuesto a los consejos (soviets), tuvo en la burocracia y tecnocracia a su principal protagonista, olvidando o debilitando la autogestión obrera y hasta el cooperativismo como formas de construir la nueva clase hegemónica.

Sin embargo, hay que reconocer múltiples experiencias donde las políticas del sector público se combinaron con formas asociativas de producción y consumo, incluso de planificación. Asimismo, sabemos que el proyecto socialdemócrata europeo, originado también en el marxismo, alcanzó niveles aceptables de economía mixta donde han convivido, hasta la llegada del neoliberalismo, empresarios privados, cooperativas y empresas estatales, alcanzando niveles de gestión y bienestar sin precedentes.

El proyecto de economía social implica una combinación de políticas públicas, empresas estratégicas en manos del Estado (gobierno central y alcaldía), con formas asociativas que controlan partes significativas de la economía; donde diferentes formas de asambleas de base participan en la gestión del presupuesto estatal o comunal.

Tomar en cuenta esta concepción permite que la revolución comience, paralelamente a la toma del poder institucional por una organización política de orientación socialista, tal como lo estamos viendo en múltiples experiencias en América Latina; sin embargo, el no contar con un relato visibilizado impide que veamos la importancia y el potencial de estas experiencias.

Recapitalizando digamos que el proyecto de economía social, implica emprender acciones desde arriba con acciones desde abajo, en todos los ámbitos políticos, económicos y culturales. Darle seguimiento a este proyecto, permitirá percibir la acumulación de fuerzas del proyecto alternativo, lo que deberá emprenderse a través de indicadores propios de la economía social, que vayan más allá de los indicadores generales de los organismos internacionales. Indicadores que pueden servir, además, como programas y banderas de lucha y de trabajo, visibilización de metas y horizontes: tierra en manos del campesinado, salario mínimo versus la canasta básica, impuestos sobre la renta versus el Producto Interno Bruto, presupuesto social versus presupuesto total, el peso de la economía popular y de las cooperativas dentro de la economía en general, distribución del presupuesto del Estado y de las alcaldías, entre otros.

No es menos importante señalar los mecanismos fiscales para modificar la distribución de la riqueza y combatir el empobrecimiento de los trabajadores y de la población. Manteniendo nuestra posición de que el sujeto de la revolución no son los pobres, sino los trabajadores y sabiendo que erradicar la pobreza, siendo una tarea necesaria e imprescindible, no progresará mientras exista un sistema que la reproduce día a día.

En otras palabras, el proyecto de fortalecer y consolidar los avances de la economía social, implica insertarla dentro de una estrategia de la revolución y el socialismo, donde las tareas de la revolución política, entendida como la influencia, el control y la transformación democrática de las instituciones públicas, siguen siendo importantes, por las vías que sean posibles. Emprender las tareas de esta manera permitirá potenciar y aprovechar las contiendas electorales, así como la presencia parcial o total que se tengan dentro del Estado (sociedad política + sociedad civil).

Las banderas de lucha tienen que ver con las reivindicaciones sociales, la estrategia tiene que ver con la toma del poder político y si de revolución social se trata, con la toma del poder económico. Salvo que en este caso, la posesión del poder político y económico tiene que ser más democrático, es decir, debe estar en manos no solamente del Estado o de las clases económicamente dominantes, sino de los sujetos de la economía popular y social.

Quizás sea bueno agregar que bien puede darse el caso, que una clase sea la clase económicamente dominante, en la medida que produce la riqueza, sin ser la clase que se apropie de esa riqueza, como pasó con la burguesía al inicio de su periplo histórico y como pasa con las clases económicas populares de la economía social, las cuáles, a pesar de generar la riqueza, no controlan los excedentes. Razón por lo cual tienen que escalar el lugar indicado dentro de la estructura económica para poder captar la riqueza que produce, nos referimos a los eslabones superiores de la cadena de valor, precisamente para captar el valor agregado y recuperar los excedentes que el capital le drena a través del mercado. Deviniendo por ello la necesidad de empoderarse económica y políticamente para poder lograr sus tres objetivos: a) Ampararse de los medios de producción y producir la riqueza, b) Ampararse de los eslabones donde se capta la riqueza, la que hoy en día ya no se capta necesariamente en el proceso inmediato de producción, sino en la circulación, c) Ampararse del poder político, es decir, de las instituciones responsables de las políticas económicas, lugar donde se decide a quien favorecer.

Si entendemos al socialismo como una transición, y que han sido y serán múltiples y a veces contradictorias las experiencias socialistas, es importante, entonces, destacar que en el plano político, solo la profundización de una democracia real, auténtica, fértil, que sirva para derrotar la hegemonía de las clases dominantes, puede ser calificada como de orientación socialista; en el plano social, la igualdad, que no es otra cosa que la lucha contra las desigualdades, tiene un sustrato económico y diversas manifestaciones culturales y políticas, sólo una estrategia dirigida a encarar el tema de la igualdad, es útil a la transición socialista; así como, si la política económica no sirve para resolver las necesidades básicas de la población -no aquellas que la maquinaria publicitaria fabrica como consumismo exacerbado, no, sino como necesidades básicas concretas, es como se puede afirmar que la orientación es socialista o no.

A esta discusión hay que añadir dos temas de mucho interés, en primer término, que las experiencias socialistas, hasta ahora, se han desarrollado en países cuyo desarrollo de las fuerzas productivas es bajo o bajísimo: y por otra parte, que puede haber desarrollos transicionales al socialismo desde sociedades que no han alcanzado un alto desarrollo de las fuerzas productivas, y sólo en el marco de una realidad revolucionaria, en la cual el movimiento es de carácter internacional o, por lo menos abarca amplias zonas geográficas, con capacidad política, militar y económica que sustente, tales empeños de emancipación de la clase obrera.

 

El poder popular

El factor fundamental para hacer frente a la ofensiva imperial que pretende derrocar a los gobiernos de izquierda, progresistas y revolucionarios en América Latina, es la consolidación de los procesos de cambio social en marcha, mediante la profundización de esos cambios, de modo que éstos logren la transformación de las estructuras económicas y del sistema político, dado que en el marco de las estructuras y el sistema heredados, los cambios tienden a estancarse, lo cual significa el agotamiento de las posibilidades transformadoras de las fuerzas de izquierda y el movimiento popular en nuestro continente. Y, además de la economía popular y social en marcha, existen excelentes experiencias de poder popular en América Latina que necesitamos sistematizar y socializar, con fines pedagógicos y de construcción de la agenda revolucionaria por los caminos trazados por las organizaciones políticas y sociales en marcha.

El poder popular se expresa como el control del poder político del Estado, por un bloque histórico de fuerzas populares, que tengan un programa que se proponga las transformaciones estructurales que emanan del estudio de la realidad en cada país, y lo pongan en marcha, que inicie y despliegue los poderes creadores del pueblo, con base a un concepto que es fundamental: “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo”, proceso en el cual las distintas expresiones organizadas del pueblo ejercen la gestión de la política, la economía y la cultura. Aparece como una propuesta y una experiencia en marcha, encaminada a superar la democracia liberal burguesa, punto de partida de nuestras transformaciones. El poder popular se basa en la democracia participativa directa y protagónica en los campos político y económico, en los cuales se plantea al máximo nivel la lucha de clases, así como en la disputa por la hegemonía ideológico-cultural. Su marcha se emprende tanto a partir de la transferencia de poder desde el gobierno, como desde la delegación de la representación en las Asambleas de Base a los Consejos Populares de trabajadores y demás categorías sociales existentes.

Es necesario que la organización, estructura y funcionamiento de los partidos de izquierda -tanto los que gobiernan como los que luchan por llegar a hacerlo-, cada uno adecuado a su propia realidad, respete la agenda autónoma del poder popular, su carácter abierto y participativo. El Poder Popular como expresión nacional programática de la suma de poderes locales y sociales duales, es el fundamento de un nuevo tipo de relaciones políticas e ideológicas entre gobernantes y gobernados, en todos los ámbitos de la sociedad. Es expresión concreta de hegemonía en un momento dado. El Poder Popular es fuente de legitimidad. Como pueblo organizado en permanente autoconstrucción y formación es también la garantía del correcto desempeño y funcionamiento de los gobiernos progresistas y de izquierda, y el antídoto contra “golpes suaves” y otras formas de desestabilización.

 

1.       El punto de vista político

Es necesario combinar ciertas características del viejo modelo político, como el pluripartidismo en los casos en que sea éste el marco dentro del cual haya llegado al gobierno la izquierda, con las características del nuevo modelo a ser creado. Sin renunciar a algunas características de la democracia representativa que pueden ser válidas para el nuevo modelo político, debe instaurarse paulatinamente otra democracia, cuya característica fundamental sea el ejercicio directo del poder por los ciudadanos como nuevos protagonistas de la vida política, suprimiendo así la mediatización política ejercida tradicionalmente por las clases dominantes a través de la usurpación de la soberanía popular. Usualmente, en la representación política electoral los gobernantes y representantes electos sustituyen a sus electores en las tomas de decisiones que afectan la vida de la sociedad, actuando como intermediarios entre el pueblo y el poder delegado en las diferentes instituciones.

En las experiencias socialistas o del Socialismo de Estado no se resolvió el cardinal problema de la ‘hegemonía moral e intelectual del bloque social revolucionario’, aún en los más férreos partidos comunistas únicos de la URSS, Polonia, Checoslovaquia, Rumania, Bulgaria, Hungría, a la hora de la contrarrevolución, en esos mismos partidos anidaron fuerzas claramente anti-socialistas, abiertamente neoliberales. Por otra parte, cuando hay procesos de cambio de orientación socialista y un sistema político que es pluripartidista, la posibilidad del desarrollo de fuerzas contra-revolucionarias es obvio, aparecen desde el mismo momento en el que arriban al poder las fuerzas revolucionarias. El debate sobre revolución y contra-revolución, sobre la hegemonía, es un punto central de este problema planteado.

La democracia protagónica, en la que el pueblo no sólo elija a sus gobernantes y representantes, sino que también decida lo que éstos deberán hacer, se hará realidad mediante el creciente ejercicio directo del poder político por los ciudadanos, considerados éstos en su conjunto como un nuevo sujeto social, activo y protagónico, distinto de su origen liberal como sujeto individual y pasivo. Esto requiere el establecimiento gradual pero continuo, de una nueva institucionalidad política mediante la cual sean creados los nuevos espacios desde los cuales la clase trabajadora ejerza el poder de forma directa.

La democracia protagónica implica necesariamente la participación de los movimientos sociales en los organismos para las tomas de decisiones en el ámbito político, social y económico. La expresión organizada de la democracia protagónica en la base uniría los que a otros niveles son dos ámbitos de acción política: lo gubernamental y lo social.

 

2.       El punto de vista económico

El socialismo requiere un nuevo sujeto económico que beneficiándose a sí mismo, beneficie al sistema en construcción, en el marco de la creación de un nuevo modelo económico basado en un tipo de socialización de la propiedad sobre los medios de producción que permita y propicie el control directo del trabajador sobre la producción y la economía a partir de su actividad productiva y creadora de riquezas, superándose así la mediatización económica ejercida por la gran propiedad privada individual, a través de la cual se lleva a cabo la apropiación particular de la riqueza socialmente producida y donde los grandes propietarios privados actúan como intermediarios entre los trabajadores y la riqueza por éstos producida.

Esto no significa que se deban suprimir las formas tradicionales de propiedad en el caso de los países donde éstas existen, en vista de que su papel en el desarrollo de las fuerzas productivas para el socialismo es históricamente necesario. Nuestra fórmula alrededor de la propiedad debe ser, a) El respeto a todas las formas de propiedad, b) La defensa de la pequeña propiedad, c) El fomento de la propiedad asociativa.

Esto nos lleva a la necesidad de la socialización autogestionaria de la propiedad, ya sea por la vía de la autogestión o cogestión obrera en las fábricas o ya sea por la vía de la cooperativización o asociatividad en general de las pequeñas unidades económicas, es decir, mediante la organización y consolidación de la economía popular a través de la creación masiva de asociaciones de trabajadores cuentapropistas, empresas asociativas, empresas autogestionarias, cooperativas, mutuales, incluyendo a los sindicatos cogestionarios, autogestionarios, así como a las asociaciones comunitarias, en todos los ámbitos de la economía: producción agropecuaria, industria, comercio, transporte, a lo que habría que agregar cooperativas de consumo y otros servicios como la distribución de energía, en manos de pobladores; lo que implica una política crediticia específicamente orientada hacia ese objetivo, que no podría funcionar sin los niveles de organización popular propios de la democracia protagónica, ya que es a través de las expresiones políticamente organizadas de la sociedad para el ejercicio directo del poder por los ciudadanos, que el Estado podrá poner en práctica las políticas orientadas al objetivo señalado.

Con esto se estaría creando el sujeto económicode un nuevo modelo socialista, protagónico y autogestionario, cuya expresión económica estaría en el peso creciente de los sectores populares en la economía, en el marco de un modelo de economía mixta, coexistiendo las expresiones económicas emergentes con las tradicionales, en aras del necesario desarrollo de las fuerzas productivas y en un contexto de relaciones mercantiles desde cuyo seno estarían creciendo y consolidándose las nuevas relaciones de producción como expresión del tránsito de la competencia a la cooperación como rectora de la actividad económica.

 

3.       Hegemonía ideológico-cultural

Esta es la meta de más largo plazo y más difícil de alcanzar, pero sin ella no hay cambio revolucionario posible, pues el socialismo es el único sistema socioeconómico y político cuya instauración no es posible si no se asume de manera consciente, toda vez que la revolución requiere la toma de control por el ser humano de las condiciones objetivas que determinan su conciencia, ya que por otra parte, la revolución consiste en la creación de una realidad social que se corresponda con la condición humana de sus creadores, única manera de crear las condiciones materiales y espirituales que permitan a la sociedad alcanzar la máxima suma de felicidad posible, la máxima suma de seguridad social y la máxima suma de estabilidad política, tal como proclamaba el Libertador de nuestra gran patria continental, Simón Bolívar.

Alcanzar la hegemonía revolucionaria en lo ideológico-cultural es la meta revolucionaria más importante, ya que de ella depende el predominio en la conciencia social y en la actitud de los individuos, de valores morales y principios éticos respectivamente, indispensables para la efectividad del orden social al que aspiramos los revolucionarios, en el que cada quien aporte según su capacidad y reciba según su trabajo en una primera fase, y según sus necesidades en una fase superior.

Esta meta es imposible de alcanzar sin la acción política e ideológica permanente del instrumento político conductor del proceso transformador desde todos los ámbitos de la vida social; instrumento político cuya razón de ser está íntimamente vinculada con una de las razones para la hegemonía ideológico-cultural, que es el carácter necesariamente consciente de la construcción del socialismo.

Ese instrumento para la transformación revolucionaria de la sociedad es el sujeto político con orientación socialista, y su acción política e ideológica para alcanzar la hegemonía revolucionaria sólo podrá ser efectiva si su contenido incluye:

 

  • La creación de espacios crecientes en los medios masivos de información y comunicación, entre los cuales están los medios convencionales (radio, televisión, periódicos, revistas) y otros, como las redes sociales, páginas web, blogs, medios de comunicación e información electrónicos, medios electrónicos de contacto entre personas.
  • La vinculación política y orgánica con intelectuales y artistas en tanto actores decisivamente influyentes en el imaginario cultural de la sociedad.
  • La definición desde los gobiernos de izquierda, del contenido curricular en las instituciones educativas, orientado al patriotismo, el antimperialismo y la ideología revolucionaria.
  • El tratamiento político, discursivo y organizacional de la familia como sujeto social espontáneo en tanto se constituye como una célula fundamental de la sociedad en la que se reproducen los valores vigentes, pero en la que también se puede asegurar la reproducción de los nuevos valores, lo cual se ve propiciado por el hecho de que en el seno de la familia se practican espontáneamente relaciones sociales des mercantilizadas, desde las cuales por tanto es posible promover los valores éticos que se corresponden con el tipo de sociedad a ser creada como expresión fundamental de las transformaciones políticas y económicas promovidas por el movimiento revolucionario.
  • En cuanto a la lucha ideológica, hay que prestarle atención a la educación política dirigida por los partidos de izquierda, enfocándose en los líderes de cada una de las fuerzas principales y aliadas. Además, debe ampliar la utilización de las redes sociales en el campo político ideológico, aprovechar la inmensa cobertura de éstos y sus efectos. Aquellos partidos que estén gobernando deben prestar particular interés en los programas y políticas educativas de su gobierno, tanto desde el punto de vista de su contenido, como en cuanto a los métodos y formas de impulsar la educación.

Como señalamos en la declaración de San Salvador en el año recién pasado: La cultura es hoy una de las principales armas de dominación de las oligarquías nacionales de las grandes corporaciones que pretenden controlar el mundo y frenar todo proyecto emancipador. Es necesario fortalecer la batalla de las ideas en todas sus expresiones y a través de todos los medios la lucha, tarea imprescindible para derrotar la invasión ideológica de las clases dominantes y así movilizar a los pueblos en la defensa de sus intereses. Debemos articular un frente de pensamiento contra hegemónico que incorpore sin prejuicios a nuestra lucha a personas y grupos de las más diversas filiaciones políticas.

 

4.       Sobre educación y propaganda

Es necesario incluir en nuestros programas la historia concreta de esa gran batalla del socialismo que escenificaron casi cincuenta países del mundo entero durante el siglo XX. Historia crítica y valorativa a la vez, que permita aprovechar todas las lecciones, positivas y negativas, heredadas de aquella experiencia, así como de las experiencias, positivas y negativas, adquiridas por la izquierda latinoamericana, después de haberse amparado de segmentos significativos del gobierno y del poder en las últimas décadas del siglo XX y primeras décadas del siglo XXI. Un mensaje importante para discutir es la necesidad de saberse y mantenerse en la oposición al sistema, aun cuando una determinada organización política de izquierda esté en el poder; lo que permitirá ser más crítico con la realidad circundante, en todos los aspectos.

La educación no debe limitarse a escuelas propias, sino que hay que apostar llevar nuestro programa a los centros educativos convencionales, a través de los sindicatos de profesores y estudiantes, los medios de comunicación y otras formas de propaganda. El contenido de la educación y la propaganda debe incluir las múltiples experiencias de economía social que existen en nuestro subcontinente.

Los períodos electorales, donde se disputa intensivamente la opinión pública, bien pueden convertirse en jornadas de propaganda y agitación, lo que combinado con múltiples formas de lucha, permitirán que la población asimile que estamos en un proceso de confrontación, aunque prolongado, que avanzará dependiendo del grado de concientización, organización y movilización de todos los eslabones populares de la población, tanto en su expresión política, ideológico-cultural, como económica.

Programa de educación y propaganda que deberemos situarlo de acuerdo al nivel e intereses de cada uno de los participantes, posición que incluye la existencia de núcleos más radicales que otros; entendiendo la radicalización no solamente como una acción radical emprendida por un sector radical, sino como la capacidad de incorporar progresivamente el programa a la mayor cantidad de sectores, aunque sea dentro de un programa mínimo. Es preferible ganarse el apoyo de muchos sectores, aunque con reivindicaciones menos radicales, que ganarse a pocos sectores, con reivindicaciones más radicales; sometiendo el proceso de una manera que pueda avanzar progresivamente hacia su horizonte de objetivos.

No es menos importante señalar que la revolución es una lucha contra el régimen (neo-liberal o represivo), el sistema (capitalista e imperialista) y la civilización (patriarcal, depredador y enajenante), entendiendo que todas estas luchas se hacen hoy en día en forma simultánea.

En el documento base de San Salvador, en 2016, se ofrecieron argumentos, tareas y posibilidades para fortalecer la hegemonía ideológico-cultural, a través de acápites sobre la batalla cultural y las ofensivas mediáticas, la infraestructura y el control del ciberespacio, la soberanía en Internet, el rol del Estado frente al mercado de la comunicación, el papel creciente de las redes sociales y los medios digitales. Pero en todo caso, se hace necesario que la izquierda se tome de la manera que pueda los espacios de comunicación en todos los ámbitos.

 

5.       Hegemonía y política de alianzas

Sabiendo que no hay hegemonía sin alianzas, se hace necesario emprender una política de alianzas que permita contrarrestar la desfavorable correlación de fuerzas en las que se encuentra la izquierda latinoamericana y las clases populares (obreros, trabajadores por cuenta propia, pobladores y consumidores).

Tomando en cuenta que en la mayoría de nuestros países latinoamericanos la explotación se realiza no solamente al interior de las fábricas y no solamente al interior de la nación, sino también en el mercado nacional e internacional, se hace necesario incorporar no solamente a la clase obrera y a los trabajadores por cuenta propia, sino también a todas las categorías sociales existentes, incluyendo a los pobladores, consumidores y empresarios locales; apoyándolos en su proyecto de asociarse para empoderarse de la economía, frente al capital extranjero y frente a la oligarquía local o élite capitalista. Estando de acuerdo que necesitamos aliarnos con los pequeños y medianos productores, incluso con el capital nacional, pues no tenemos capital propio para hacer frente al desarrollo y al empleo, es imprescindible, además, avanzar en la unidad latinoamericana, incluyendo a los gobiernos nacionalistas, aunque no sean de izquierda, a fin de enfrentar con mayor posibilidad a los adversarios mayores.

En la lucha por las instituciones debemos priorizar la alianza estratégica entre las organizaciones políticas y los movimientos sociales, incluidos los estudiantes y profesores, las iglesias progresistas, los barrios de la ciudad y los pobladores de las comarcas del campo, además de los movimientos de obreros, campesinos, artesanos, pescadores, mujeres, pobladores barriales y consumidores, entre otros. Los pobladores y consumidores bien pueden integrarse como sujetos económicos, enfrentando precios, tarifas, impuestos, productos y prácticas dañinas. Existen extraordinarios ejemplos donde los pobladores y consumidores administran servicios de agua o electricidad, además de estar asociados como cooperativas de consumo y distribución, cooperativas de crédito y servicio.

Dada la ofensiva de la derecha y el imperialismo, se hace necesario radicalizar las luchas a todos los niveles, particularmente las movilizaciones callejeras, incorporando todas las banderas sectoriales, junto con las banderas estratégicas. Entre estas luchas deberíamos retomar la lucha por la tierra, la autogestión o cogestión sindical, el crédito a las pequeñas unidades de producción, las transferencias de capital a los pequeños productores del campo y la ciudad, la lucha por la emancipación de la mujer del capitalismo patriarcal, la lucha de los pueblos indígenas por sus recursos y formas comunitarias de gestión; sin abandonar las protestas y huelgas, pasivas o activas, independientemente que estemos o no en el poder: estar amparados del poder no congela la lucha de clases, aunque sí puede modificar y modular sus formas de manifestarse.

Si bien los trabajadores en general constituyen las fuerzas motrices del cambio, merecen atención todas las categorías sociales, incluyendo los jóvenes, las mujeres, las comunidades indígenas y demás sectores excluidos y marginados. Dentro de una política de alianzas debemos incluir a las burguesías productivas locales, no solamente porque cuentan con un capital material y técnico necesario para el crecimiento económico, sino también porque están siendo desplazadas por el gran capital extranjero.

Lenin decía que el problema fundamental de la revolución (…) es el problema del poder, y que lo decisivo es qué clase tiene el poder. De igual manera podemos decir que el problema fundamental de la lucha revolucionaria mediante la que se conquista el poder y se sustituye por otro, que responda a nuevos intereses de clase predominantes, es el problema del sujeto revolucionario, y que lo decisivo es qué clase social está en condiciones de encabezar esa lucha, debido a que la transformación revolucionaria de la sociedad mediante la sustitución de las relaciones de producción capitalistas por las relaciones de producción socialistas se corresponde más con los intereses de esa clase social que con los de cualquier otra.

En la época de Marx y de Lenin estaba claro que el sujeto revolucionario era el proletariado industrial, debido a que era la clase social explotada que menos temor podía tener al cambio revolucionario, por ser la que menos tenía que perder con el mismo. Pero ya Lenin logró ver y caracterizar correctamente el inicio de la fase de desarrollo capitalista en la que tal como señaló Mao, la explotación entre individuos pasó a ser sustituida por la explotación entre naciones como manifestación fundamental de las relaciones de producción capitalistas. Era la época del imperialismo.

Como producto de ello, la explotación pasó a beneficiar al proletariado de las potencias imperialistas, con lo que éste perdió su condición como sujeto revolucionario, pasando a ocupar este papel el proletariado agrícola y el campesinado de las naciones explotadas, con el inconveniente de que allí el desarrollo de las fuerzas productivas no era suficiente para el cambio en las relaciones de producción, lo cual fue resuelto por la existencia previa de una superpotencia socialista, la Unión Soviética, que establecía relaciones económicas de mutuo beneficio con los nuevos países socialistas no industrializados y económicamente dependientes de las metrópolis imperialistas. Pero era aún la época del desarrollo industrial como impulsor fundamental de las fuerzas productivas, por lo que el proletariado industrial continuaba siendo, en opinión de Mao, la clase dirigente, aunque la clase principal fuera el campesinado; formando en su conjunto el sujeto revolucionario en base a la alianza planteada por Lenin entre obreros y campesinos, de donde surgió el símbolo del comunismo: la hoz y el martillo, representando a cada una de estas dos clases sociales; campesinos y obreros, respectivamente.

Ahora el capitalismo en su fase imperialista ha llegado a una situación en que ya no es el desarrollo industrial el principal impulsor del desarrollo de las fuerzas productivas, sino el desarrollo cibernético, en tanto muchas naciones económicamente dependientes, ya sin el respaldo soviético, aún están lejos de industrializarse.

La revolución electrónica que ha dado lugar al desarrollo cibernético como principal impulsor de las fuerzas productivas ha puesto en una verdadera crisis las relaciones salariales mediante la expulsión masiva de la economía convencional – regida por las relaciones salariales – de una fuerza de trabajo colectiva que ha debido sobrevivir como clase trabajadora por cuenta propia, o sea sin patrones ni asalariados, al margen de la llamada “economía formal”.

Es de ahí que el socialismo en su nuevo modelo, protagónico asociativo y autogestionario, adquiere por primera vez lo que ya se ha denominado aquí como sujeto económico para una vía asociativa hacia el socialismo. Pero también se ha definido el sujeto social del nuevo socialismo al ciudadano activo, negación del ciudadano pasivo como sujeto individual democrático-burgués. De igual manera, hemos identificado al instrumento político necesario para la conducción del proceso revolucionario, como el sujeto político del socialismo protagónico y autogestionario.

El trabajador por cuenta propia y los obreros asociados, gestionando el control de los medios de producción como sujeto económico del nuevo socialismo es la máxima expresión del ciudadano en los términos aquí señalados como sujeto social del modelo. Se trata por tanto, de un sujeto revolucionario múltiple, pero cuya expresión de clase son los trabajadores como tales, de modo que la clase social revolucionaria en estos tiempos sería la clase trabajadora, entendiendo por tal a todo el que vive de su trabajo y no de la explotación del trabajo ajeno. También se ha concebido a este sujeto como el conjunto de las clases populares, pero es una definición menos precisa, porque no alude a una condición propia de la estructura económica, de donde surgen las clases sociales.

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