Por José Gordo Oviedo

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A Miñín Soto por sus casi nueve décadas de buen vivir sin miedo a ser feliz

En ocasión de los diálogos internacionales por la democracia que se realizaron en Porto Alegre, capital de Río Grande del Sur, el pasado 22 de enero con el auspicio de las fundaciones Perseu Abramo (PT) y Mauricio Grabois (PCdoB), el excanciller y exministro de defensa, embajador Celso Amorin, al hacer uso de la palabra subrayó que: “Si la trama para impedir a Lula concurrir a las próximas elecciones tuviera éxito, la democracia brasilera sufriría una pérdida irreparable y eso traería consigo un caos social y político y un largo período de oscuridad que nos haría recordar los peores tiempos de la dictadura”.

A solo 6 meses de la primera vuelta (7-10-2018) de las elecciones presidenciales, ese pronóstico retrata en toda su dimensión la gravedad del momento político y social brasilero, en el que los detentadores del poder, la élite del atraso que orquestó el golpe contra Dilma Rousseff y la campaña de acusaciones, persecución, juicio y condena contra un expresidente de la República y candidato presidencial favorito en todas las encuestas, siguen apostando a la inhabilitación política de Lula y la criminalización del Partido de los Trabajadores (PT).

La escalada del autoritarismo golpista, teniendo como telón de fondo un discurso de odio e intolerancia, ha dado lugar a una brutal represión a los movimientos sociales, a ataques e intervenciones policiales contra profesores, escuelas y universidades, a la arbitraria censura del derecho de libre expresión de artistas e intelectuales así como la violación a diario de los derechos individuales y colectivos de amplios sectores de los trabajadores y el pueblo brasilero. Ese ambiente propio de un estado de excepción, que ya cobró la vida de una mujer negra, la concejal del PSOL en Río de Janeiro, Mairreilli Franco, cuya ejecución por cuenta de una nueva versión de los tristemente célebres “Escuadrones de la Muerte” ha disparado a niveles hasta ahora insospechados, la indignación, la resistencia y la lucha por restaurar la democracia, recuperar las conquistas sociales y rescatar la soberanía y el patrimonio nacional del pueblo brasilero.

El desarrollo y crecimiento sostenido de la resistencia antigolpista también coincide y se conjugan con otros dos factores que representan motivos y razones de aliento y esperanza para todo el campo popular, democrático, progresista y de izquierda de la hermana nación suramericana.

Cabe destacar dos de esos factores: en primer lugar la singular, parcial e inesperada victoria de la defensa jurídica del expresidente Lula el 22 de marzo del 2018 en el Supremo Tribunal Federal (STF) que abre la probabilidad de que el 4 de abril de 2018 le sea concedido el hábeas corpus garantizando su derecho a permanecer en libertad durante la campaña electoral, lo que de ser así transfiere la batalla jurídica al terreno del Tribunal Superior Electoral (TSE) donde sus adversarios procuraran conseguir su INELEGIBILIDAD amparados en la ley de Ficha Limpia; y en segundo lugar, la multitudinaria acogida de la caravana del expresidente Lula por los estados de Río Grande del Sur, Santa Catarina y Paraná que tuvieron su inicio el pasado 19 con el encuentro en la frontera uruguaya-brasilera con los expresidente Dilma Rousseff, José- Pepe-Mujica y Rafael Correa. Estos actos y manifestaciones en apoyo y solidaridad con Lula y en defensa de la democracia brasilera tendrán continuidad a partir del 28 de marzo con la campaña del Frente Brasil Popular que, con la consigna “El pueblo quiere a Lula Libre”, poblará de gentes, canciones y proclamas las plazas públicas en Río de Janeiro, Minas Gerais, Sao Paulo y otras capitales para culminar con una gran manifestación el 4 de abril en Brasilia, DF.

Las calles y los tribunales, las escuelas y universidades, las fábricas y los campos, así como la comunidad internacional seguirán siendo los escenarios de un combate que tiene como protagonista principal al pueblo brasilero, al tiempo que es parte esencial de la batalla común de los pueblos y naciones de América Latina y el Caribe por la democracia, la justicia social, la autodeterminación y soberanía nacional.

Las connotaciones geopolíticas de carácter continental y mundial de esta lucha, lo complejo e impredecible de los escenarios del desenlace de la misma, así como lo cambiante de los contextos y circunstancias externas que sobre él operan, nos aconsejan a seguir con atención, con la cabeza y el corazón, los acontecimientos en curso, con el convencimiento de que los días por venir nos darán la respuesta que cada quien espera y desea.