UNA AUTOCRÍTICA Y EL DESARROLLO COMO DESAFÍO

      (La derecha es el pasado, el socialismo nuestra búsqueda)

Econ. Rodrigo Cabezas Morales

PUNTO DE PARTIDA.
América Latina y el Caribe (ALyC) es un hervidero. En su espacio humano y territorial se libra una batalla de ribetes históricos, las fuerzas políticas de la conservación y del capital realizan una ofensiva para recuperar la hegemonía política perdida a comienzo del siglo XXI. A nadie en la izquierda debería sorprender que los Estados Unidos de Norteamérica con su política exterior imperial y utilizando su fortaleza económica, militar y política, se involucre como actor principal para hacer tangible su despreciable objetivo de dominar y subordinar a lo que considera su “patrio trasero”. La lógica del capital y de la hegemonía hemisférica se los impone.
De cierto, una heterogeneidad de fuerzas sociales y políticas anticapitalistas, progresistas y revolucionarias protagonizaron en la aurora del siglo una clara victoria contra el Consenso de Washington al derrotar la propuesta Norteamericana del ALCA y sustraer de las políticas públicas estatales el neoliberalismo. La rebelión de nuestros pueblos comenzó con la insurgencia popular del Comandante Hugo Chávez y del pueblo bolivariano de Venezuela. El Presidente Rafael Correa bien lo dijo: “América Latina no vive una época de cambio sino un cambio de época”.
Sin embargo, ocurre que hacia mediados de la segunda década del siglo XXI se producen hechos socio-económicos y políticos que hacen retroceder los procesos progresistas llevándoles a un cambio desfavorable en la correlación de fuerza en el continente.
El punto de partida de cualquier reflexión, análisis o crítica es reconocer esta realidad, no evadirla o rehuirla. Volver a pensarlo todo es una necesidad estratégica y no solo un ejercicio intelectual, preguntarnos los hechos que lo explican es un acto responsable como vanguardia. ¿Cuánto es obra del imperialismo? Evidentemente, mucho. ¿Cuánto lo explican nuestros errores y omisiones?, parece que bastante. Es pues el tiempo de la crítica con la razón como instrumento y el análisis sin prejuicio, busquemos causas y no culpables, utilicemos argumentos y no descalificaciones personales entre nosotros, todo ello como el nuevo aderezo de la esperanza que renacerá.
AUTOCRITICA DE LA IZQUIERDA DESDE LA IZQUIERDA.
¿Dónde hemos fallado como proyecto? ¿Cuáles son nuestras omisiones principales?
Una aproximación o mirada autocrítica a nuestro cambio de época, parte por reconocer la diversidad y pluralidad de nuestra ALyC. Refiero a continuación las falencias que en mi apreciación se acercan a denominadores comunes y tienen relevancia histórica.
I. La izquierda progresista ha menospreciado el tema de la buena gestión económica y del cambio estructural que nos permita dar el salto al desarrollo productivo.
Pesan mucho en nuestro liderazgo las viejas e ineficaces ortodoxias que nos llevan a no darle importancia a la estabilidad macroeconómica, ello es comprender que desde la ciencia económica y sus leyes, pueden y deben adelantarse políticas que faciliten el necesario crecimiento de la producción, la estabilidad de los precios relativos de la economía y tasas de desempleo bajas.
Asimilar la estabilidad económica a los “equilibrios macroeconómicos” de visión contable neoliberal ha sido y es un gravísimo desacierto. Bastan tres ejemplos: 1) Un país de las dimensiones de Brasil fue afectado por la política de contención de gasto adelantada en 2015 y la caída de sus exportaciones que lo arrastró a la recesión y crecimiento del desempleo; 2) la inflación cercana a 30% y el desplome  de su comercio exterior impactó a las clases medias y trabajadores de Argentina; 3) los desequilibrios cambiarios y de precios no atendidos oportunamente impactaron el abastecimiento y los costos de bienes y servicios en Venezuela. El malestar de los trabajadores y de amplios sectores populares se hizo presente.
Esta situación ha sido acompañada por la reafirmación de un falso dilema según el cual hay que escoger entre crecer para distribuir o distribuir para crecer. Imaginaria disyuntiva de nuestra izquierda, no solo por no ser excluyentes debe crecer la economía para tener riqueza material que distribuir y, al mismo tiempo, distribuir justamente para que la sociedad impulse una nueva reproducción de la economía; porque satisfacer las necesidades materiales esenciales de la población para una vida digna es un componente vital del proyecto de sociedad socialista y, no tiene nada que ver con el consumismo e individualismo propio del capitalismo.
Un cierto extremismo teórico colocaba de lado enseñanzas de ribete científico de Carlos Marx que, para Federico Engels eran una de las dos leyes descubiertas por aquel para explicar el transcurrir de la vida humana: “La primera premisa de toda existencia humana y también por tanto, de toda historia es que los hombres se hallen para hacer historia, en condiciones de poder vivir. Ahora bien, para poder vivir hace falta ante todo comida, bebida, vivienda, ropa y algunas cosas más. El primer hecho histórico es por consiguiente, la producción de los medios indispensables para la satisfacción de estas necesidades”  (La ideología Alemana. Carlos Marx.1845).
Los gobiernos progresistas y revolucionarios de ALyC colocaron el acento en la distribución de la renta excedentaria con el justo y noble propósito de reducir las desigualdades humanas y con ello la pobreza. Programas o Misiones sociales de envergadura en la salud, educación, vivienda y alimentación fueron componentes de un gasto creciente para favorecer a los más humildes. Pocas veces en nuestra historia republicana se alcanzó el logro de una reducción tan drástica de la pobreza como en el periodo 2000- 2014, de 43,8% a 28%, en promedio.
El ciclo de crecientes precios de los commodities trajo en sí mismo una contradicción, por una parte, nos proporcionó progresivamente divisas por exportación de alimentos, materia prima, minerales e hidrocarburos que explican el esfuerzo distributivista del ingreso y, por la otra, inhibía a la ALyC de la oportunidad histórica de dotarse de un modelo productivo alternativo.
La ralentización  de la economía mundial, volatilidad de los mercados financieros, fluctuaciones cíclicas de los precios de las materias primas, lentitud del comercio e inversiones, así como el pausado crecimiento del empleo y la productividad -características del capitalismo desde la crisis financiera de 2008- impacta desfavorablemente al continente. Nuestros gobiernos no previeron y no se prepararon para la abrupta caída de precios del petróleo, cobre, soya y la reducción del consumo mundial de la carne y otros alimentos. Conocido es que la desaceleración del crecimiento del PIB de China de 10% interanual a 6,5% golpeó a las economías de Brasil, Argentina y en menor intensidad a Uruguay. El ciclo ascendente de los commodities nos hizo incurrir en una ilusión de armonía, su descenso trajo crisis para la cual no estuvimos ni estaremos 
preparados si continúa dominante la actual estructura productiva de ALyC.
De cierto, debemos reconocer que ha estado ausente en la izquierda un pensamiento estratégico que nos permita cuestionar con pertinencia histórica el proceso de reprimarización de nuestro continente. En los últimos años, según cifras de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL las exportaciones de bienes primarios en el total superan el 40%, ello nos condena a una baja productividad y competitividad global. La reprimarización o extractivismo es una lógica del capital para mantenernos en la dependencia y el subdesarrollo con relación a los grandes centros globales de acumulación y concentración de capital. La añeja división internacional del trabajo del mundo capitalista se mantiene incólume en el siglo XXI.
En consecuencia, el desafío estratégico principal de nuestra ALyC de cara al futuro es superar la condición de economías exportadoras de commodities. Ello solo es posible con un proceso de industrialización especializada para las exportaciones. Debemos proceder con audacia y sin dilación. La industrialización exportadora es piedra angular de nuestra agenda de futuro. Debemos dar el salto al desarrollo productivo pero afirmemos categóricamente que no es posible ir al desarrollo sin industrializarnos.         La experiencia histórica así lo demuestra, países como Japón, Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Malasia, Tailandia, Indonesia, Vietnam, China y, en menor grado Brasil, lo ensayaron con éxito desde economías intermedias.
Las complejidades del financiamiento de mediano y largo plazo, innovación científico-tecnológica, encadenamientos productivos, formación profesional y técnica del mundo del trabajo y las políticas macroeconómicas para tener una estrategia industrial exportadora exitosa, se deben resolver en el marco de la integración regional que nos dote de una nueva arquitectura económica-financiera y de aperturas económicas a la Inversión Extranjera Directa.
Acá las viejas ortodoxias aislacionistas no dejan de ser buenos propósitos que no sirven para nada. Propongo que la izquierda progresista y socialista del siglo XXI de ALyC, estudie y analice con rigor científico, las experiencias concretas de los cambios económicos y sociales vividos en China y Vietnam y, más recientemente en Cuba. Aun cuando son economías de diversos tamaños y potencialidades, los procesos de transformación de sus modelos económicos, dirigidos por partidos comunistas, tienen el común denominador de reconocer a la Inversión Extranjera Directa, IED como “una fuente de desarrollo y vía de acceso a capitales, tecnologías, mercados y experiencia gerencial, que tributa…a encadenamientos productivos,…”, así mismo “el papel complementario de la propiedad privada sobre determinados medios de producción…” y, finalmente “la necesidad objetiva del reconocimiento del mercado…” todo en un contexto de estado fuerte, regulador y que planifica la economía. (Ver Documento Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, pagina 7, Abril 2016).
De algo ha de valer la constatación histórica presente en las naciones que han alcanzado y las que están en vías de lograr el desarrollo económico, relativo a las tres fuentes de financiamiento universal de la inversión que impulsaron las fuerzas productivas, a saber, los recursos propios, los mecanismos de endeudamiento públicos y privados y, el flujo de inversión privada nacional o extranjera. Los dogmas ideológicos permitieron que cierta izquierda satanizara por largo tiempo utilizar el tercer flujo de recursos, poniéndose de espaldas a la historia y a la ciencia económica.
2. Inédito avance en la integración política pero en lo económico- productivo el resultado es desalentador y no se avanzó en la construcción de las nuevas instituciones de la arquitectura económica-financiera.
Nadie podrá poner en duda el hecho histórico trascendente que nuestros líderes progresistas y revolucionarios propiciaron un avance sustantivo en la integración política de la ALyC en lo que va de siglo XXI. Las experiencias en marcha como UNASUR, ALBA y la CELAC son inéditos espacios de unión e integración que han reforzado el bien supremo de ser territorio de paz y ha devuelto a la búsqueda de la América Latina y el Caribe como un nuevo bloque en la globalización, un renovado e histórico impulso que la derecha no ha podido contener.
No obstante, la integración productiva es baja y no se ha podido avanzar en la creación de las nuevas instituciones económicas-financieras, ello ha evitado que la región pueda superar problemas estructurales agudos como el de tener mercados nacionales estrechos e insuficiencia de capitales para financiar la industrialización y con ello el salto al desarrollo. ALyC comercia poco consigo misma y presenta muy bajos grados de integración en cadenas de valor. En general, las burguesías nacionales importadoras se oponen y han propiciado con los partidos de derecha los acuerdos en la Alianza del Pacífico, Colombia, Chile, México y Perú, así
como Tratados de Libre Comercio con los EEUU, México y Colombia. Esto es una real amenaza cuando se intenta condenar a nuestros pueblos a modernas formas de subordinación y sometimiento, en alianzas lideradas por las grandes economías desarrolladas que prohíben proteger nuestras economías y subsidiar la agricultura, así como asignarnos el papel de suministradores seguros de materia prima, inhibiendo con ello la industrialización.
Propongo que la izquierda progresista retome impulsar la Nueva Arquitectura Económica Financiera y la convierta en elemento estratégico de su programa de lucha y de políticas de estado.
Líderes y países como Rafael Correa del Ecuador y Hugo Chávez de Venezuela pusieron énfasis en crear el Banco de Desarrollo y de Integración para financiar la complementación productiva con el ahorro intra y extra regional, un Fondo de Reserva y Estabilización Macroeconómica Regional que nos permita utilizar nuestras reservas con el fin de lograr equilibrios en las balanzas de pago y la estabilidad en los tipos de cambio, un Mercado de Valores y de Capitales para darle impulso al financiamiento de mediano y largo plazo de nuestra naciente industria o cadenas productivas, Los Sistemas Multilaterales de Pago en Moneda y Unidades de Cuenta Común Regional que nos permita utilizar las monedas locales y no las divisas en el comercio intrarregional, desacoplándonos progresivamente del patrón dólar, entre otras.
Estamos obligados a salvar la integración económica- financiera, sin ella no hay desarrollo productivo posible, actuar de manera fragmentada o por compartimentos estancos nos debilita y lleva agua nuestra al torrente de la reprimarización neoliberal.
Las ideas con fuerza de programa existen, falta una nueva voluntad y el compromiso político de concretarlas. Lo hace la izquierda o no lo hace nadie. La ELAP y el Foro de Sao Paulo deberían colocarlo en su agenda estratégica con urgencia.
3. La corrupción no castigada hiere de muerte la fuerza moral de la izquierda.
Los procesos socio-políticos que nos condujeron, en este siglo, al gobierno central en varios países de ALyC, significaron un desafío para el ideal de honestidad e incorruptibilidad de la propuesta alternativa anti neoliberal, anticapitalista y socialista. Esa tarea no está bien cumplida. Sombras negras aparecieron en varios de los responsables de políticas públicas.
Algunos lo explican en la abundancia de recursos que nos dio el ciclo virtuoso de los commodities, otros lo ven como un “mal” estructural del capitalismo o en operaciones de la Agencia Central de Información, CIA.
La izquierda latinoamericana y caribeña tiene que volver a su raíz, nos debe unir la tolerancia cero con la corrupción y los corruptos, es una afrenta al pueblo humilde que coloca sus esperanzas en nosotros que haya impunidad y solidaridades automáticas para la corrupción y los corruptos. La corrupción venga de donde venga debe y tiene que ser castigada. No hay punto intermedio. Una vuelta con el futuro debe permitirles a los socialistas y revolucionarios levantar sus banderas limpias con los valores de la sencillez, pulcritud, humildad, altruismo. Así debe ser la sociedad humana, igualitaria, solidaria y justa que proponemos a nuestro pueblo.
4. El tratamiento a la clase media y la juventud universitaria ha sido prejuiciado por ortodoxias e incomprendidos los procesos socio-políticos relativos a la pérdida de privilegios.
Este es un tema de cierta complejidad sociológica que ha sobrevenido a la experiencia de los gobiernos progresistas de ALyC. Me aproximo a él sobre la base de hipótesis planteadas frente al dato evidente de que en países como Brasil, Argentina, Venezuela y en menor grado Ecuador, las clases medias, los profesionales y la juventud universitaria se han hecho refractarios a nuestros procesos de cambio. En muchos casos terminan siendo la punta de lanza de la derecha o ultra derecha para agudizar las polarizaciones políticas en nuestras sociedades.
Enfrentar esto con el viejo y trillado argumento de las llamadas posturas “pequeñas burguesas” se convierte en una idea muy básica, al olvidar que estos sectores en los inicios acompañaron exitosa y democráticamente la insurgencia contra el neoliberalismo. He escuchado a dirigentes socialistas decir que la tarea de nuestras revoluciones es “acabar históricamente con la clase media para que el proletariado ejerza su rol conductor”, esto no sólo es anacrónico por la complejidad que ha alcanzado la sociedad humana hoy, sino que es una postura absolutamente excluyente y prejuiciada. Ella por si misma torpedea el camino hacia la hegemonía política de proyectos de cambio cuya única vía es la democrática.
La izquierda progresista no puede eludir este tema, tiene que analizarlo con sumo cuidado estratégico. La derecha lo reconoce y enfila sus baterías ideológicas a través de los grandes medios de comunicación e información que controlan. Me he preguntado si el relato de nuestro proyecto de igualdad sustantiva se confronta con privilegios de los sectores medios que se ven “amenazados” por el “igualitarismo” que les irrita. ¿Por qué rechazan la inclusión social de los menos desfavorecidos? ¿Por qué a nuestros jóvenes no les convoca la democratización del acceso a la educación universitaria? Vamos a repensar el tema y a superar visiones que, por excluyentes, profundizan rupturas de los sectores medios con los gobiernos progresistas. No hay que menospreciar a aquellos que por formación profesional, lectura y manejo de información, ejercen un determinado liderazgo en los sectores sociales y laborales donde actúan.
 
NO HAY CIERRE DE CICLO, TODO CAMBIA, LA DERECHA NO TIENE IDEAS NUEVAS, EL SOCIALISMO CONTINUA SIENDO UNA BÚSQUEDA.
Es cierto que tenemos en la aspiración hegemónica e imperial de los EEUU el principal enemigo de los pueblos de ALyC para vivir integrados, soberana y libremente, por ello estamos obligados frente a la coyuntura que registra un retroceso político y social de las fuerzas progresistas a volver sobre nuestros pasos para, en critica superadora, identificar con la mayor rigurosidad del pensamiento nuestras fallas, omisiones, errores, desaciertos y disponernos a corregirlos. Lo vivido en lo que va de siglo XXI tiene la impronta de pueblos irredentos que buscan vivir con justicia y dignamente, hay un legado de soberanía, independencia, e integración por el que hay que luchar para tener Patria Grande.
No hay cierre de ciclo, hay una coyuntura adversa, reveses superables, pero como todo cambia obligados estamos a no perder la verdad de la realidad y a empinarnos en el desafío estratégico- histórico de dar el salto al desarrollo productivo.
La derecha esta huérfana de ideas, la que ha regresado en Argentina, la golpista de Brasil, la pro yanky de Perú y México, están gobernando con el viejo arsenal neoliberal que golpea el papel del estado en su tamaño y en su capacidad reguladora, se subordina a las transnacionales, nos condena a ser exportadores de materia prima, al crecimiento cíclico de la economía y al empobrecimiento de las mayorías. Digámoslo con fuerza, la derecha neoliberal de ALyC fue el pasado, es el pasado y no tiene nada que ofrecer, no tiene futuro.
Nuestro proyecto de sociedad es humanamente superior, al luchar por la igualdad sustantiva en derechos pretende asegurar una vida plena en dignidad y sabiduría para la especie humana.
Sin embargo como nuestro socialismo no viene del pasado, no es copia ni calco de ninguna experiencia, afirmamos como el Comandante Hugo Chávez que “nuestro socialismo es una búsqueda”, así aseguraremos que tenga futuro, que sea el futuro.
Intervención en el III Encuentro Latinoamericano Progresista ELAP. Quito, 28 de septiembre de 2016. Mesa: América Latina en la encrucijada. ¿Cambio hacia dónde?