Durante 24 años consecutivos las naciones del mundo han venido condenando de manera casi unánime y aplastante la inmoralidad e ilegalidad del bloqueo norteamericano contra Cuba, usando para ello la Asamblea General de la ONU.  Hoy ha sido un día histórico: por primera vez en estas votaciones, Estados Unidos y su fiel aliado Israel no han podido mantener sus votos tradicionales en contra, absteniéndose ante la moción de condena presentada por el canciller cubano.
192 países han votado hoy en New York a favor del levantamiento del bloqueo norteamericano contra Cuba, ninguno ha votado en contra y se han producido dos abstenciones.
¿Hace falta más para llevar al entendimiento del gobierno norteamericano que es imposible mantener un día más esta ignominia que ha terminado por aislar a los Estados Unidos del resto del mundo, y a desenmascararlo como violador del Derecho Internacional?
El bloqueo no es un eufemismo, sino una dura realidad impuesta en la vida de varias generaciones de cubanos, por la prepotencia imperial. Tiene su origen en la no aceptación de la existencia, a apenas 90 millas de sus costas y en su patio trasero, de una Revolución socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes.  Durante más de medio siglo se ha intentado estrangular mediante las penurias, las limitaciones, el hambre y las enfermedades a un pueblo digno cuyo único pecado es no ponerse de rodillas ante las exigencias foráneas, y haber optado por la vía de la defensa de su plena soberanía, su independencia, su autodeterminación y su defensa de la libertad.
Cuba ha estado todas estas décadas bloqueada, pero jamás ha estado sola.  Lo sucedido hoy en New York es el reflejo de cómo la solidaridad internacional y el apoyo de la opinión pública mundial, incluyendo al propio pueblo norteamericano, han sido capaces de derrotar a la nación más poderosa del planeta en su obsesión por destruir la Revolución cubana y borrar de la memoria humana, sus innegables logros.
El precio que ha tenido que pagar el pueblo cubano por el bloqueo ha sido muy elevado. Ha tenido que posponer o detener muchas veces sus planes de desarrollo o sus programas de salud y educación destinados a las amplias mayorías. Ha visto restringido su acceso a la tecnología y los avances científicos de nuestro tiempo. Ha tenido que apelar a la más férrea unidad, al constante sacrificio, y hasta al heroísmo de la nación para soportar y vencer momentos que, como el llamado Período Especial, tras el derrumbe del campo socialista y la desaparición de la URSS, fueron doblemente amargos por el recrudecimiento bestial de las medidas del bloqueo. Se llegó al extremo, por ejemplo, de denegar a Cuba la adquisición de sueros citostáticos  para aliviar o salvar niños con cáncer.
Si alguien desease en el futuro estudiar la manifestación aberrante e inhumana de una política de exterminio aplicada contra un pueblo  entero, por fuerza, tendrá que remitirse al estudio del bloqueo norteamericano contra Cuba.
Lo que ha vencido hoy en la ONU, una vez más, es la esperanza, la cordura, la humanidad y el respeto al derecho de cada pueblo a darse las instituciones y el régimen de gobierno que desee. Es una victoria, pero no es la victoria final: el bloqueo sigue en pie y mañana, cuando se levanten los niños cubanos para ir a la escuela, de una u otra manera, seguirán sintiendo que les afecta en sus vidas cotidianas, en la de sus padres y abuelos, vecinos y compañeros, en la de todos.
Se ha dado un paso más en el sentido correcto. El mundo se ha pronunciado junto a Cuba. Esa política fracasada y genocida es ya un muerto pidiendo piadosa y definitiva sepultura. Y ojalá se le dé lo más pronto posible.
Los dominicanos celebran como propia esta victoria de su nación hermana. Y seguirán exigiendo el fin definitivo de esta locura.
Miguel Mejía,
Secretario General.