José Merino, participante en el foro de partidos de iz …

Por Gilberto Lopes – 18/07/12
Los profundos cambios políticos ocurridos en el escenario internacional y, en particular, en América Latina, desde la creación del Foro de São Paulo, hace ya 22 años, fueron analizados por representantes de cien partidos en el encuentro celebrado a principios de julio en Caracas.
Fundado por inspiración del entonces presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva, el Foro surgió cuando el derrumbe del campo socialista europeo dejaba el escenario libre para el desarrollo de las políticas neoliberales.
Se hablaba entonces del “fin de la historia”, y el “Consenso de Washington” parecía ser la única expresión de la vida política latinoamericana. Hoy 22 años después, la realidad es muy distinta. “UNIVERSIDAD” analiza estos cambios con el presidente del Frente Amplio, el exdiputado José Merino, quien asistió al encuentro del Foro en representación de su partido.
La declaración final del Foro de São Paulo hace un balance positivo de los más de 20 años de su existencia. ¿Cuál es su evaluación de ese proceso?
– La creación del Foro, en 1990, fue una iniciativa del Partido de los Trabajadores, de Brasil, y de Cuba. Fundamentalmente fue Lula el que lo propuso, en un momento el que se daba el derrumbe de la  Unión Soviética, el ascenso del neoliberalismo y la crisis de la izquierda mundial.
Entonces se pensó en fundar un Foro que pudiera reunir a fuerzas de izquierda y progresistas para enfrentar la nueva situación internacional y su contexto en América Latina. En aquél momento solo Cuba tenía un gobierno de izquierda. En el resto de países predominaban gobiernos neoliberales, en mayor o menor medida.
Si lo vemos 20 años después, no cabe duda de que el panorama político de América Latina ha tenido una gran transformación. La izquierda, diversa, plural, gobierna en una gran cantidad de países de América Latina y en algunos de los de más peso, sobre todo en América del Sur. Muchos de esos partidos que hoy gobiernan estaban en el Foro de São Paulo y su influencia política se reflejó en diversos triunfos electorales en América Latina.
En la declaración se habla también de la superación de la “larga noche neoliberal”. ¿Qué se dijo al respecto, cuál es su visión de ese proceso?
– La construcción de la alternativa a esta etapa del capitalismo todavía no ha sido resuelta por el foro de São Paulo, hay diferencias de enfoque en lo que se plantea, pero hay una coincidencia en considerar que las políticas neoliberales han sido negativas para el continente. Lo cierto es que no hay una visión única de cómo superar el neoliberalismo globalmente. Se respeta mucho la situación de cada país. Pero el Foro nace como reacción a la propuesta neoliberal del Consenso de Washington.
El Foro se ha podido construir bajo el principio de la unidad en la diversidad. Se han ido ubicando partidos con muchas diferencias, unos más radicales, otros más moderados. La visión de la alternativa al neoliberalismo se plantea en términos muy generales. Cuando llegan al gobierno, hay partidos del Foro que tiene problemas para encontrar alternativas reales al neoliberalismo.
En todo caso, hay una coincidencia donde gobierna la izquierda, en un esfuerzo para disminuir la desigualdad social. No hay un solo país gobernado por esos partidos donde no se haya operado algún cambio positivo, aun con tibias reformas fiscales o algún mecanismo de redistribución de la riqueza. También ha disminuido en esos países la pobreza.
América Latina está viviendo un nuevo proceso, una nueva forma de poner fin a los gobiernos mediante mecanismos “institucionales” que el foro califica de “hechos golpistas”, como lo ocurrido en Honduras y, más recientemente, en Paraguay. ¿Qué ambiente había en torno a este hecho, qué propuestas se hicieron para enfrentarlo?
– Lo ocurrido de Honduras, en Paraguay, estuvo muy presente en el clima en que se celebró la reunión. Lo que se planteó es que no hay antídoto contra un golpe de Estado que demuestra que las fuerzas de derecha se están moviendo y que ven con preocupación el giro político que se está dando en América Latina.
La derecha busca los eslabones más débiles. Lo era Honduras, y lo era Paraguay, donde Lugo formó una coalición donde la derecha mandaba y eligió el mayor número de parlamentarios. Sus fuerzas de apoyo existían, pero con poca capacidad de movilizarse y casi nula representación parlamentaria, lo que ofrecía la posibilidad de dar un golpe con maquillaje institucional, no se necesitó las fuerzas armadas, aunque algunos hablaron del papel de las fuerzas armadas que, en el continente, siguen estando más cercanas a los regímenes anteriores que de los proyectos de cambio.
Pero también es cierto que los golpes se dan porque los gobiernos, a veces, no tiene la suficiente base de apoyo para sostenerse. Para evitarlo, tienen que mostrar una democracia robusta, en la que la gente se sienta participando en los procesos.
Hay una creciente preocupación por el papel de los medios en los procesos políticos latinoamericanos. La declaración final también habla de “democratizar la comunicación”. ¿Cómo se hace eso, qué sugerencias hay?
– Hubo un taller sobre ese tema. Se consideró que los medios de comunicación importantes están en manos de fuerzas que no apuntan precisamente al cambio. Son fuerzas conservadoras que juegan un papel muy importante en la defensa del statu quo.
Se habló de la democratización relacionada con la propiedad de los medios, de nuevas formas de propiedad de los medios de comunicación, de la necesidad de que los gobierno les den facilidades a las organizaciones sociales para tener frecuencias, de ponerlas al alcance de la sociedad.
Se habló también de la necesidad de que los gobiernos se muevan para tener medios públicos fuertes y creíbles de comunicación, canales de comunicación públicas que puedan contrarrestar el trabajo que llevan a cabo estos medios. Democratización con un protagonismo del Estado para recuperar o crear medios de comunicación públicos y facilitar que la sociedad, que los medios comunitarios, puedan tener las frecuencias y los recursos necesarios.
En el caso de Honduras, de Paraguay, los medios crearon un clima favorable a los golpistas, y no se tuvo capacidad de contrarrestar esas fuerzas.
El Foro no estuvo ajeno a las polémicas. ¿Cuál es su evaluación de la reunión y sobre el papel del Foro en el futuro?
– Desde que yo he ido a alguna reunión –y he ido a varias– siempre ha habido polémica. Es una debilidad y una fortaleza. Ahí nunca hay unanimidad. Si hay partidos que difieren, se procura otra salida, siempre en busca de un consenso. Las cosas conflictivas no se votan, se posponen. Eso es una fortaleza del Foro, porque si no hubiera respeto a la diversidad, ya se hubiera muerto.
Hay sectores del Foro que quieren que se parezca más a una internacional, y otros, que son mayoría hoy, que entienden que el Foro no es una internacional. No puede haber una línea del Foro para los partidos, y menos para los partidos que son gobierno.
He visto siempre a Cuba en un papel de moderar las contradicciones, de mantener la unidad del Foro, que este siga ampliándose, que nadie se sienta perdedor, mientras haya una línea concorde con los principios adoptados en 1990.
Se discute siempre la idea de ir más allá de la izquierda, de incorporar las fuerzas progresistas, que quieren un cambio frente al neoliberalismo; grupos socialdemócratas, por ejemplo, grupos de origen nacionalista, grupos vinculados a los movimientos sociales. Se habla de una ampliación de Foro.
Ahora hay complicaciones reales, de otro tipo, porque algunos de los partidos más importantes del Foro están en el gobierno, como en Uruguay, Argentina, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Brasil, Nicaragua o El Salvador. Es muy difícil que los partidos mantengan una cierta autonomía frente al gobierno. Lula lo dijo, en un tono de autocrítica. Eso se ve en el Foro. Cuando uno de esos partidos ve algún tema del que su gobierno ha discrepado, trata de evitarlo.
Me parece que una de las cosas en las que el Foro ha jugado un papel más importante en esta etapa de la vida del continente, es en promover los procesos de integración. A esos procesos se le dedica tiempo en los talleres, se analiza como están avanzando, qué está pasando en el Mercosur, la transcendencia de Unasur, o de la CELAC.
Los partidos del Foro han sido los grandes impulsores de estos procesos de integración, que ven como un tema estratégico.
Fuente: Semanario Universidad