Rosa María Cabrera Lotfe*
Casi un centenar de organizaciones sociales y políticas de México, nos dimos a la tarea de convocar a una Jornada Antiimperialista contra el Intervencionismo Estadounidense, ante la celebración en territorio mexicano, de la 47ª. Sesión de la Organización de Estados Americanos (OEA). Realizar esta Jornada obedeció a que la OEA, y su actual Secretario General, Luis Almagro, están actuando como peones del imperio y de cómplices se han convertido en artífices y promotores de la pretensión de varios gobiernos de derecha, incluido el de México, para aplicar injustificada e indebidamente, la Carta Democrática Interamericana, con la única finalidad de instrumentar un plan golpista de intervención para el aislamiento a la Revolución Bolivariana y al Gobierno de Nicolás Maduro, lo que trastocaría la institucionalidad democrática y desestabilizaría a Venezuela y por ende, a la región de América Latina y El Caribe.
Así, en su siniestro plan, la 47ª. Sesión de la Asamblea General de la OEA realizada los días 19, 20 y 21 de junio de 2017, en Cancún, México, configuraba el espacio idóneo para validar la aplicación de dicha Carta en contra del Presidente legítimo de Venezuela so pretexto de defender la democracia y los derechos humanos en ese país, aislarlo económica y políticamente, a modo de preámbulo para justificar una eventual intervención, incluso armada, sumándola a la Orden Ejecutiva norteamericana que declara a Venezuela “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos de América” suscrita en 2015 y que “justificaría” una invasión a Venezuela, que se inscribe en los proyectos de militarización y de imposición de gobiernos de facto, como lo ha venido haciendo en diversos países del área.
Sin embargo, gracias a los gobiernos soberanos del Caribe, una vez más fracasó el intento de aprobar una Resolución en contra del Presidente Nicolás Maduro para que abandonara la Convocatoria a la Asamblea Constituyente; A pesar del fracaso de sus aviesas intenciones, y de ser exhibidos ya que no lograron reunir los votos necesarios, ni con la grosera intervención del Secretario General de la OEA ni con la presión de los países promoventes para la aplicación de la Carta, la Sesión de la OEA concluyó sin poder aprobar ninguna Resolución en contra de Venezuela.
Apenas el 24 de junio de 2017, el hipócrita Luis Almagro, declaró “que dejará su cargo en la OEA cuando haya elecciones nacionales libres y transparentes, con observación internacional y sin inhabilitados; cuando liberen a los presos políticos, haya reconocimiento pleno de los poderes de la Asamblea Nacional, se abra un canal humanitario, el Poder Judicial y Electoral sean independientes, se juzgue a los asesinos de los manifestantes y se detenga el proceso inconstitucional de la asamblea nacional constituyente (…) Ofrezco mi cargo a cambio de la libertad de Venezuela, porque nunca vamos a renunciar hasta tener la libertad”, dijo cínicamente el político uruguayo en un video publicado en su cuenta de Twitter. Pero además, comparó a Maduro con Hitler al declarar “El silencio permitió el ascenso de Hitler o el genocidio en Ruanda, el otro día decía que debemos ser fuerte para ser coherentes (…) Sé que mi voz es una pesadilla contra la impunidad de quienes asesinan gente en la calle o torturan en los calabozos(…) El levantamiento de los venezolanos con dignidad es una pesadilla para el régimen que los oprime, para aquellos de la comunidad internacional que prefiere la ‘paz’ de la intimidación y el amedrentamiento  que surge de la violación de cada uno de los derechos”, sostuvo. El encono detrás de las palabras de Almagro muestra, además de una gran arrogancia, su vileza y villanía, que prefiere ser un títere de los intereses norteamericanos que respetar la voluntad soberana del pueblo venezolano. Ante el acoso contra ese país hermano, la ahora ex Canciller Delcy Rodríguez con dignidad y aplomo anunció el retiro de su país de ese desvirtuado organismo regional. Por supuesto, el Sr. Trump no podía dejar de intervenir al declarar que “Venezuela es un desastre” en reacción a la decisión del país bolivariano. “Es una situación muy triste, me da mucha pena lo que está pasando en Venezuela.”
Por otro lado, desde Caracas, se ha señalado el por demás lamentable y sumiso papel de México como el ariete de un proceso que busca “tutelar” a su país. México  ha arrollado sus principios rectores de política exterior, cuya esencia como doctrina internacional es irrenunciable dado que antepone la defensa de la soberanía e independencia de México y parte de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, por ende, México se ha caracterizado por el respeto al derecho inalienable de los pueblos a su libre autodeterminación, lo que implica el derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno, perseguir su desarrollo económico, social y cultural y estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de igualdad, en los términos en que se plasma en diversos documentos internacionales, como la Carta de las Naciones Unidas o los Pactos Internacionales de Derechos Humanos al igual que en numerosas Resoluciones de la Asamblea General de la ONU que hacen referencia a este principio fundamental del Derecho internacional público y un derecho de los pueblos, que tiene carácter inalienable y genera obligaciones para los Estados, así como el principio de no intervención. Es por tanto reprobable el papel desempeñado por el actual gobierno federal y la Cancillería mexicana, al avalar la intención de la aplicación de la Carta Democrática Interamericana que como se sabe, es un instrumento legal, aprobado el 11 de septiembre de 2001, que habilita a la OEA para tomar las medidas que considere necesarias en caso de ruptura del orden constitucional o golpe de Estado en cualquiera de los países miembros, lo que nunca aplicaron a las dictaduras militares en el cono sur. Nada de lo anterior sucede en Venezuela, lo que es visible es que desde que Almagro asumió la Secretaría General de la OEA ha dejado claro su odio a la Revolución Bolivariana, se han dado hechos que muestran claramente su apoyo indeclinable a la derecha venezolana acreditados públicamente.
Volviendo a la Jornada Antiimperialista, el pasado miércoles 14 de junio del año en curso, procedimos a clausurar simbólicamente la sede de la OEA en México y, los días 16 y 17, cerramos la Jornada con la celebración del Encuentro de los Pueblos por la Paz, la Soberanía y el Futuro, contando con la destacada participación de Martín Esparza Flores, Secretario General del Sindicato Mexicano de Electricistas, Fernando Buen Abad (Argentina) Gilberto López y Rivas (México): Isabel Georgina Terán Espinoza (Ecuador); Trinidad del Socorro Ayala González (Panamá);  Hugo Moldiz (Bolivia); Dip. Gustavo Danilo Acosta Martínez (El Salvador); Héctor Béjar Rivera (Perú); Jeannette Ascencio (Guatemala); Dip. Maritza del Socorro Espinales (Nicaragua); José Reinaldo Santos Carvalho (Brasil); Senador Alejandro Navarro (Chile) entre otras personalidades invitadas. Después de la inauguración, realizamos dos mítines, uno en la sede de la Embajada de los Estados Unidos de América y otro frente a la Cancillería, en ambos, declaramos a Luis Almagro y al Canciller mexicano, Luis Videgaray, persona non grata en México.De la Declaración Final  resalta el firme respaldo a la Proclamación de América Latina y El Caribe como Zona de Paz y libre de colonialismo (II Cumbre de la CELAC) así como el respaldo a los pueblos de la región que padecen el injerencismo e intervencionismo mientras luchan denodadamente por la construcción de un futuro libre, soberano e independiente. Igualmente, se hace mención especial de solidaridad con los pueblos de Cuba y Venezuela y se llama a la unidad y lucha de los pueblos de la Patria Grande, al tiempo que se denunció a la OEA. Pero sin lugar a dudas es de destacar también la declaratoria de Delcy Rodríguez, en ese momento Ministra del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, Canciller de la dignidad de los pueblos de la Patria Grande.
En ese mismo tenor, se aprobó una Resolución de apoyo indeclinable a la Revolución Bolivariana, su gobierno y, en especial al glorioso pueblo de Venezuela, condenando simultáneamente las acciones violentas y fascistas de calle promovidas por la oposición venezolana, y que buscan subvertir el orden constitucional y democrático existente en esa nación hermana. De esa manera, la Jornada y las actividades que conllevó, resultaron en un verdadero éxito. Acciones como las aquí reseñadas, dan cuenta de que el pueblo de México exige voltear su mirada al sur del continente, el entusiasmo y la participación solidaria de quienes desde el extranjero acudieron así como de quienes desde suelo mexicano participaron, fue una clara muestra de compromiso con los pueblos en lucha, hoy Cuba y Venezuela, y siempre con todos.
*Colaboradora en el Departamento de Relaciones Internacionales del PRD y en el Grupo Parlamentario del PRD en el Senado de la República