Como se destaca en el documento base del XVII Encuentro del Foro de São Paulo (www.forodesaopaulo.org), los partidos de izquierda apoyan, participan o dirigen los gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Argentina y República Dominicana.
Excepto Cuba, cuyo gobierno es el resultado de una lucha armada revolucionaria en un proceso que en abril de 1961 asumió un carácter socialista, los demás gobiernos resultan de victorias electorales en uma onda expansiva que se inició en 1998 con Hugo Chávez en Venezuela y que se extendió hasta 2009 con Mauricio Funes en El Salvador. Este llamado “giro a la izquierda” ha tenido un nuevo capítulo con el reciente triunfo de Ollanta Humala en Perú.
Sin duda, los gobiernos en los cuales la izquierda tiene participación mantienen entre sí importantes diferencias, que van desde las causadas por La naturaleza y la geografía a las históricas y sociales, incluyendo las producidas por las diferentes líneas políticas en juego tanto de la izquierda que llegó AL gobierno como de la derecha que pasó a la oposición. Pero estas diferencias políticas no necesariamente representan un aspecto negativo. Por el contrario: si fuera solo una, si siguiera un único modelo, la izquierda latinoamericana no habría vencido las elecciones en países tan diferentes.
No obstante, pese la diversidad, todas las izquierdas de la ALC enfrentan problemas comunes:
a) la herencia histórica del neoliberalismo, del desarrollismo conservador y del pasado colonial (como el racismo em Bolivia y Brasil);
b) la oposición radical que el sector mayoritario de La burguesía latinoamericana (y de los sectores medios aliados) ejerce contra cualquier tipo de política de redistribución, sea de poder, riquezas o acceso a derechos sociales;
c) la actitud beligerante de las antiguas metrópolis contra gobiernos latinoamericanos que dan prioridad a procesos de integración regional.
La fuerte influencia de la izquierda torna factible que ALC se constituya, no en un escenario pasivo sino, por el contrario, en uno de los polos del combate de carácter geopolítico que está en curso en el mundo. Es decir, hacer de la región uno de los espacios de reconstrucción de una alternativa socialista al capitalismo.
Para transformar en realidad estas dos posibilidades, la izquierda de la ALC deberá enfrentar varios desafíos teóricos, estratégicos y tácticos. El primero de ellos es derrotar el contraataque impulsado por la derecha latinoamericana y sus aliados metropolitanos. Como hemos vistos em estos años, este contraataque incluye:
a) una campaña mediática permanente contra la izquierda;
b) el intento por colocar una cuña entre los gobiernos de izquierda en la región, dividiéndolos en “moderados” y “radicales” y lazándolos unos contra otros;
c) la promoción de campañas de desestabilización e incluso de golpes de Estado, de los cuales hasta ahora sólo el de Honduras tuvo éxito; d) el lanzamiento de candidaturas electoralmente competitivas, táctica que triunfó en Panamá, Costa Rica y Chile;
d) la presión militar a través del relanzamiento de la IV Flota y de la ampliación del número de bases militares de EEUU y sus aliados europeos en la región.
El segundo y tercer desafío de la izquierda político-social de la ALC consisten en:
a) no perder los gobiernos nacionales conquistados hasta ahora;
b) conquistar nuevos gobiernos nacionales. Ello se ha logrado em Perú cerrando paso al regreso del fujimorismo, y en 20211/2012 hay procesos electorales en Guatemala, Argentina, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela y México.
El cuarto desafío de la izquierda político-social es, en los países donde tiene el control del gobierno nacional, impulsar cambios estructurales de carácter democrático-popular. En este punto, es preciso considerar algunas limitaciones:
a) en el ámbito mundial, la izquierda todavía se encuentra en una etapa de defensa estratégica, lo cual crea dificultades objetivas y subjetivas para cambios estructurales;
c) impulsar cambios estructurales a partir de un gobierno electo es algo muy diferente de hacerlo a partir de gobiernos revolucionarios;
c) hacer reformas estructurales exige un respaldo político mayor que el necesario para vencer las elecciones;
d) los gobiernos en los cuales la izquierda político-social participa em ALC son en general coaliciones políticas y sociales que actúan en los marcos del capitalismo y que, en mayor o menor medida, adoptan políticas que también favorecen a sectores de la burguesía;
e) además de la oposición de derecha, los gobiernos respaldados por la izquierda político-social en la ALC enfrentan también una oposición de izquierda, contraria a los acuerdos con sectores de centro y de la burguesía.
Si la izquierda en el gobierno no es capaz de realizar reformas profundas en las relaciones políticas y sociales o, por lo menos, si no es capaz de dar pasos en dirección a estas reformas, el mismo gobierno no posee significado estratégico aunque en lo inmediato ayude a mejorar la vida del pueblo. Y, al mismo tiempo, no realizar tales reformas puede decepcionar y dividir quienes respaldan a la izquierda. Empero, para realizar reformas estructurales (o por lo menos para acumular fuerzas en ese sentido), um gobierno de izquierda necesita de sustento político sin el cual puede ser derrocado.

Es por estas razones que, para cumplir su cuarto desafío, la izquierda político-social no puede ni ir muy rápido ni muy despacio: se hace necesario considerar de manera adecuada la correlación de fuerzas, mediante el análisis concreto de la situación concreta.
El quinto desafío de la izquierda político-social de la ALC es poder acelerar el proceso de integración, fundamental en el aprovechamiento del potencial de la región y en la reducción de la ingerencia imperialista.
Un sexto desafío es volver hegemónica, en la región, a una cultura popular latinoamericana y caribeña en la región ya que, en realidad, el american way of life sigue culturalmente hegemónico aún cuando EEUU reciba fuertes cuestionamientos del punto de vista político.
El séptimo desafío está relacionado con la ampliación de la capacidad teórica y política de las izquierdas latinoamericanas y caribeñas. Se destaca la necesidad de extender la coordinación entre gobiernos, partidos y movimientos sociales. Sin ello será cada vez más difícil enfrentar a la derecha en el plano nacional o bien afrontar los desafíos de la integración continental y de la inestabilidad mundial.
Así, si la izquierda latinoamericana y caribeña desea ampliar su fuerza sin perder el rumbo, tendrá que poner más atención en el debate sobre el capitalismo del siglo XXI, en el balance del socialismo del siglo XX y em la discusión estratégica. Esto incluye poner en ecuación la relación entre línea política, base social, partido, gobierno y Estado. Y además incluye poner en la ecuación la relación entre transformación nacional e integración regional.
Los próximos años nos reservan importantes batallas. Que la lectura de las resoluciones de los Encuentros del Foro de São Paulo colabore para nuevas victorias.

*Valter Pomar, miembro de la Dirección Nacional del Partidodos Trabalhadores y Secretaria Ejecutivo del Foro de São Paulo
Descargar el contenido aqui:

[download id=”36″]