“Un reproche constructivo”

por Carlos Fonseca Terán.

Los que mueren convencidos de defender una causa justa, equivocados o no, merecen el máximo respeto y reconocimiento. Por eso es tan abominable hacer chacota de la tragedia que ha vivido nuestro país en estos días, como quitar el rojo y negro de los monumentos de nuestros héroes y mártires, caídos en la lucha antisomocista y en defensa de la Revolución, sobre todo si es un acto contrario a la voluntad de sus madres, que ya sufrieron suficiente como para hacerlas pasar por un nuevo calvario. Esto no es político ni ideológico, sino de elemental decoro humano, y ser revolucionario incluye ser portador de estos valores.

Como he manifestado ya, mi opinión es que la reforma al INSS que fue el motivo inicial de las protestas puede no haber sido la mejor solución a la crisis financiera de dicha institución, pero es peor la solución que quiere el FMI, igual a la que quieren la empresa privada y los partidos de derecha que han aprovechado esta situación para llevar agua a su molino.

También he manifestado mi convicción de que muchos de los jóvenes participantes de las protestas y en consecuencia, de los fallecidos en ellas, no lo hicieron defendiendo conscientemente los intereses de los empresarios y personas de altos ingresos que eran los principales afectados por las reformas, aunque éstos se hayan aprovechado y sigan aprovechándose de las buenas intenciones y la vocación de justicia social de al menos una parte de esos jóvenes, cuya desinformación – como también he dicho – es responsabilidad de quienes estamos obligados a compartir con ellos nuestras ideas revolucionarias y conocimientos políticos, y no lo hemos hecho como es debido.

Es por eso que sería incorrecto reprochar a Carlos Mejía por sus dos canciones hechas en estos días a los jóvenes fallecidos en los recientes acontecimientos en nuestro país. Ellos lo merecen, nos parezca o no que sus acciones fueran las correctas en su sana motivación por defender la justicia social, o incluso en los casos de jóvenes conscientemente defensores de los intereses empresariales vinculados a su modo de vida y su origen de clase, o simplemente a su ideología, que también los hay.

Sin embargo, también me siento con derecho a manifestar en lo personal, un reproche a Carlos Mejía y otros artistas que en algún momento se han identificado con la lucha revolucionaria, pero no es un reproche por las merecidas canciones a los jóvenes participantes de las protestas actuales, sino porque en los dieciséis años de lucha popular contra el neoliberalismo, en los que hubo despidos en masa de trabajadores, desalojos de campesinos de sus tierras, eliminación del derecho de nuestro pueblo a la salud y la educación, usurpación del 6% presupuestario a las universidades públicas y luchas estudiantiles en defensa de ese derecho; años aquellos en los que también hubo muertos y carceleados, y golpeados, ellos no dedicaron una sola canción, una sola obra de arte a ese sacrificio de nuestro pueblo, sólo porque estaban en desacuerdo con las líneas del Frente Sandinista que, bajo el liderazgo del Comandante Daniel Ortega, se puso al frente de esas luchas, como se ha puesto al frente en todos estos años, de la lucha contra la pobreza, por la justicia social y por el bienestar de las familias nicaragüenses, en un camino de mejoramiento de las condiciones de vida de nuestro pueblo y de crecimiento espiritual en nuestra sociedad, que no debe ser interrumpido por los que hoy como ayer, pretenden liquidar las conquistas de nuestro pueblo, alcanzadas en gran medida gracias al aporte de nuestros artistas que como Carlos Mejía, han puesto su arte a disposición de las luchas de su pueblo y al servicio de su patria, como espero que sigan haciendo (o que vuelvan a hacer) en el futuro.