Redoblando esfuerzos en la defensa del proceso de cambios

Si existe una fecha icónica para la clase trabajadora del mundo entero, ese es el 1º. de Mayo. Se trata de la jornada internacional de lucha y defensa de sus conquistas. Nació de la sangre obrera derramada en las jornadas de mayo de 1886, en Chicago, EEUU, en las batallas por el derecho a las 8 horas de trabajo. Desde entonces, las luchas han sido continuas, así como lo han sido las conquistas populares, con la clase trabajadora a la cabeza.

En El Salvador, como en la mayoría de países de América Latina, el 1 de mayo de 2017 coincide con la profundización de la lucha para enfrentar una estrategia oligárquico-imperial de carácter continental, que pretende desterrar del mapa político latinoamericano a las fuerzas populares, que desde inicios de siglo han venido cambiando profundamente el rostro de Nuestra América.

Los pueblos que triunfaron en procesos ampliamente democráticos y participativos, desplazando gradualmente a las derechas del poder, hoy resisten la ofensiva oligárquica. En Venezuela, el heroico pueblo de Bolívar y Chávez, con el presidente Nicolás Maduro a la cabeza, ha respondido a las provocaciones golpistas e intervencionistas con masivas manifestaciones populares, combativas y resueltas a defender a su legítimo gobierno ante la amenaza que sea.

En Ecuador, el inobjetable triunfo electoral de la fórmula popular de Alianza PAIS, encabezada por el presidente electo Lenin Moreno, enfrenta los berrinches de una oligarquía financiera y gorila que no sabe ya a quien recurrir para invalidar su miserable derrota. Ante el fracaso, la fórmula de la banca recurrió a las mismas malas mañas y argucias a que recurrió Norman Quijano y su escudero Portillo Cuadra (candidatos derrotados de la derecha oligárquica), en El Salvador para intentar tapar el sol de la victoria popular con un dedo de la oligarquía desesperada.

En El Salvador vivimos desafíos similares, que encajan perfectamente en los ejes de un plan general para la restauración neoliberal, orquestada entre el partido de la oligarquía y los más atrasados representantes del capital transnacional.

El contexto del combate está claramente delineado. Las fuerzas de la reacción decidieron hace casi ocho años hacer lo posible para desterrar para siempre de esta Patria cualquier experiencia de gobierno que no represente sus exclusivos intereses. Y así, desde 2009 no han cesado en sus planes golpistas, desestabilizadores, conspirativos, legales e ilegales.

Combinando sentencias de una Sala de lo Constitucional configurada como bufete legal de la oligarquía arenera, con una salvaje política de bloqueo de fondos a las arcas públicas, Arena (Alianza Republicana Nacionalista) y sus aliados pretendieron poner de rodillas a El Salvador. Olvidaron de donde viene este pueblo, desde donde provienen las luchas de los trabajadores. Pero mas importante, olvidaron que este pueblo no solo sabe resistir sino que ha dado muestras sobradas de su capacidad ofensiva.

Entre el 7 y el 21 de abril la oligarquía y su partido de extrema derecha buscaron por todas las formas posibles hacer quebrar el país; lo llevaron a un impago temporal que afectó la calificación de riesgo internacional de El Salvador.

No les bastó con ello. Pretendieron impedir desde la Asamblea Legislativa que el gobierno encontrara soluciones y aliados para llevarlas adelante. Fracasaron rotundamente. El FMLN, junto a otros partidos de distinta posición ideológica, pero con un sentimiento patriótico que resulta desconocido y extraño para la dirigencia arenera, aprobaron métodos legales para readecuar las finanzas públicas y resolver los problemas de impago causados por Arena y sus cómplices.

Nunca debemos olvidar, por otra parte, quién fue el causante de estas dificultades, porque la mentira es parte de la esencia de hacer política para esta derecha arenera visceral y extremista porque, como señalara un diputado del FMLN durante los debates parlamentarios: “Arena es un ladrón; actúa como ladrón; roba y busca culpables; corre y grita: ¡atrapen al ladrón!”

Arena privatizó las pensiones para beneficiar con el 21% de la cotización de cada trabajador a las empresas privadas llamadas AFP, que desde entonces le roban a cada cotizante ese porcentaje. A su vez, aquella maniobra obligó al estado a endeudarse para pagar a esas administradoras de pensiones. Y cuando el Estado que la derecha administraba no tuvo dinero para esos pagos, endeudó al país con bonos por mil 223 millones de dólares.

Ahora esa derecha ladrona exige al gobierno del FMLN que pague las deudas que ellos generaron, pero impiden que entren fondos a las arcas del Estado.  Esa perversa maniobra fue temporalmente derrotada  en el parlamento, pero muestra hasta que punto este partido de grandes capitalistas, que tienen sus fortunas fuera del país, no duda en poner en riesgo la estabilidad de la economía de la familia salvadoreña si con ello desprestigia al gobierno que quiere desterrar.

En el Primero de Mayo, el pueblo salvadoreño dio la respuesta en las calles con su apoyo rotundo al gobierno del Presidente Salvador Sánchez Cerén, al FMLN en la figura de su Secretario general, Medardo González y en los discursos y consignas de los y las trabajadoras, a lo largo de las tres columnas convergentes en una marcha unitaria y poderosa que grita a quien la quiera oír, que la clase trabajadora defiende a su gobierno y exige una reforma profunda a la ley de pensiones, para lo cual adopta un activo papel, presentando al Ejecutivo la propuesta del sector laboral en material previsional.

Se agudizan pues los conflictos, se alinean las clases y se preparan para grandes batallas, que la unidad y fortaleza de la clase trabajadora, su partido y sus aliados, garantizarán como victorias populares en las contiendas electorales que se avecinan en 2018 y 2019.