Informe de la Secretaría de Relaciones Internacionales del FSLN: NICARAGUA Y LA GUERRA DE QUINTA GENERACIÓN

Informe de la Secretaría de Relaciones Internacionales del FSLN

 NICARAGUA Y LA GUERRA DE QUINTA GENERACIÓN

Las reformas a la seguridad social.

 

Para poder entender la situación actual de crisis que vive Nicaragua hay remitirse a lo que fue el elemento utilizado por la derecha como desencadenante de la misma, que fueron las reformas en nuestro modelo de seguridad social.

La edad de jubilación en Nicaragua es de 60 años, y la cantidad requerida de semanas cotizadas al Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS, de carácter público) es de 750. Durante los diecisiete años en que gobernó la derecha luego de la pérdida del gobierno por el sandinismo en 1990, la cobertura y beneficios de la seguridad social eran mínimos. Con el regreso del FSLN al gobierno, la cobertura se amplió, incluyendo a las víctimas de guerra y estableciéndose lo que se conoce como la pensión reducida, que se entrega a quienes al cumplir su edad de jubilación no hubieran llegado a la cantidad de semanas requeridas para recibir una pensión de acuerdo a sus ingresos, siendo en este caso el requisito, haber cotizado 250 semanas.

Los beneficios que reciben ahora los asegurados, y que no recibían en la época neoliberal, son entre otros:

- Exámenes de tomografía y resonancia magnética.

- Hemodiálisis para las personas con insuficiencia renal.

- Tratamientos contra el cáncer, tales como: Quimioterapia, radiografías, medicamentos.

- Tratamientos en el extranjero cuando en el país no existe la capacidad tecnológica o profesional adecuada para determinadas enfermedades.

Estos beneficios y beneficiarios adicionales colocaron al INSS en una situación financiera insostenible, ante lo cual el FMI con el beneplácito de la empresa privada nicaragüense propuso el aumento en la edad de jubilación y en la cantidad de semanas cotizadas, la eliminación de la pensión reducida y la exclusión de las víctimas de guerra de los beneficios de la seguridad social.

Ante la necesidad de evitar el colapso del INSS y partiendo de nuestra firme voluntad política de no aplicar las reformas sugeridas por el FMI y demandadas por la empresa privada y grupos de derecha, se adoptaron las siguientes reformas, que a raíz de la crisis posteriormente planteada fueron derogadas:

- Aumento de las cotizaciones de los empresarios, del 19% al 22.5%, para un aumento del 3.5%.

- Aumento de las cotizaciones de los trabajadores, del 6.25% al 7%, para un aumento del 0.75%.

- Establecimiento de cotizaciones de los jubilados, de un 5% de la pensión recibida.

- Eliminación del techo salarial de C$ 82,953.22 (equivalente a U$ 2,764.11 al momento de las reformas) para la definición del monto a ser cotizado.

Sobre esto deben señalarse tres cosas:

- El aumento en las cotizaciones de los trabajadores y el establecimiento de cotizaciones de los jubilados (con más razón en el caso de los que reciben pensión reducida) era menor que el aumento de los beneficios recibidos por ellos y que no recibían en la época del neoliberalismo.

- Aún con el establecimiento del aporte de jubilados y beneficiarios de la pensión reducida, este seguía siendo el sector con el menor monto de cotización al INSS.

- El mayor aumento era para los empresarios, que eran así los únicos afectados, pero no sólo debido a eso y a la ganancia neta para los trabajadores con las reformas antes señaladas, sino también debido a la reforma que consistía en eliminar el techo salarial para las cotizaciones, que también afectaba a los empleados con más altos salarios, en vista de que con esta reforma el aporte al INSS de las personas con los más altos salarios ya no sería menor que el correspondiente a sus ingresos.

La razón por la que esta reforma afectaba no sólo a la clase media alta, sino también a los grandes empresarios, es que aprovechándose fraudulentamente del techo salarial mencionado, los grandes empresarios crean cargos ficticios para sí mismos y/o sus familiares, o bien para testaferros, recibiendo al jubilarse, los beneficios correspondientes y cobrando faraónicas pensiones, lo que constituye un verdadero saqueo al INSS por parte de los grandes empresarios privados que aplican este truco, que es la gran mayoría de ellos.

Resumiendo: Las reformas derogadas solamente afectaban a los empresarios y a quienes reciben altos ingresos, no a los trabajadores ni a los jubilados, cuyos beneficios adicionales ya eran mayores que el aumento de las cotizaciones en el caso de los trabajadores, así como eran también mayores dichos beneficios con respecto a las nuevas cotizaciones establecidas en el caso de los jubilados, y entre éstos, sobre todo los beneficiarios de la pensión reducida.

 

El estallido de la crisis.

 

Al ser anunciadas las reformas por el gobierno, la derecha a través de sus medios de comunicación y haciendo uso premeditado y coordinado de las redes sociales, logró una percepción inicial en la ciudadanía, de que las reformas perjudicaban a los trabajadores y a los jubilados. A esto se sumó el manejo mediático y en las redes, de imágenes correspondientes a choques iniciales entre pequeños grupos de derecha protestando contra las reformas y grupos de jóvenes sandinistas en defensa de las mismas, en las que los sandinistas aparecían como agresores.

Esto se combinó con contradicciones entre grupos estudiantiles en las universidades, que fueron orientadas en contra de las reformas cuando los grupos opuestos a la dirigencia estudiantil de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN, de tendencia sandinista) encontraron la excusa perfecta para la confrontación, siéndoles favorable el clima de inconformidad previamente generado.

Otro factor en el inicio de la crisis fue que al estar en contra de las reformas, la empresa privada rompió con el modelo de consenso tripartito promovido exitosamente por el sandinismo durante los últimos once años entre gobierno, trabajadores y empresarios en aras de la estabilidad del país, y que había representado grandes beneficios para los trabajadores, incluyendo aumentos en el salario mínimo en un porcentaje seis veces superior al otorgado en un tiempo mayor por los gobiernos de derecha.

Sin embargo, el involucramiento público y concreto de la empresa privada en las protestas fue en días posteriores a los disturbios iniciales, e imprimió a la confrontación un carácter de lucha de clases que no tenía al inicio, cuando por el contrario, la percepción pública era que los estudiantes defendían los derechos de los trabajadores y los jubilados, cuyas organizaciones sindicales y gremiales, sin embargo, nunca se pronunciaron contra las reformas ni se han confrontado en ningún momento con el gobierno, sino al contrario, pues este era el sector que estaba mejor informado sobre el contenido de las medidas tomadas. Esto originó el extraño escenario de empresarios apoyando protestas en defensa de los trabajadores, y estos últimos defendiendo al gobierno frente a dichas protestas; tan extraño como ver al gobierno norteamericano pronunciándose en apoyo de grupos que protestan contra unas reformas presentadas por algunos como neoliberales.

Las protestas fueron iniciadas por jóvenes y estudiantes de clase media y de la burguesía, pero fue seguida de inmediato por estudiantes universitarios de extracción popular, ya en el marco de las contradicciones señaladas a lo interno del gremio estudiantil. Entonces apareció el elemento que junto a la tergiversación de las reformas, se convirtió en detonante de la crisis, que fueron los primeros muertos producto de la confrontación iniciada, entre los cuales había estudiantes anti-reforma, militantes de la Juventud Sandinista pro-reforma y policías, aunque mediáticamente la situación se presentó como si todos fueran estudiantes universitarios. Esos primeros enfrentamientos se debieron a que los estudiantes de la Universidad Agraria trancaron la carretera panamericana, y al presentarse la Policía a restaurar la libre circulación fue recibida con disparos de armas artesanales y de cacería. La Policía solamente usó balas de goma y bombas lacrimógenas, pero en las autopsias aparecen muertos con armas de guerra por disparos hechos con precisión a la cabeza y el pecho, con entrada en la parte superior, lo que sólo se explica con la presencia de francotiradores con la misión de provocar muertes de forma intencional.

Vale decir que entre los grupos violentos de la oposición en esta crisis se encuentran antiguos miembros de la contrarrevolución en los años ochenta, así como ex sandinistas, entre ellos oficiales retirados del Ejército y la Policía. Pero ya veremos cómo, una vez iniciada la confrontación con el elemento de las primeras muertes como parte del factor detonante, la derecha lograría aplicar una nueva forma de manipulación para vender la imagen de un gobierno genocida masacrando a manifestantes pacíficos, lo cual veremos a medida que avancemos en la exposición y el análisis de la evolución de los acontecimientos en estos casi tres meses de crisis.

 

Evolución de la crisis.

 

Tras los primeros enfrentamientos y los muertos que resultaron de ellos, hubo dos días consecutivos de caos generalizado en algunas ciudades, destacándose Managua, Masaya y León, con protestas en los barrios y amplia participación popular en las mismas, así como el asedio y la quema de casas del FSLN, Alcaldías y casas de sandinistas, y saqueos de supermercados. Estos hechos se desarrollaron principalmente en horas de la noche. En estos dos primeros días la respuesta del sandinismo organizado fue eminentemente defensiva, sin tiempo siquiera a reaccionar de forma coordinada.

Luego de la primera noche de caos, el Comandante Daniel Ortega habló a la nación, acompañado de los principales jefes del Ejército y la Policía, llamando a un diálogo nacional. Luego de la segunda noche consecutiva de violencia generalizada con el consiguiente aumento en el número de muertos, el Comandante anunció en una segunda intervención, la derogación de las reformas que sirvieron como excusa inicial para la desestabilización.

A partir de ese momento la oposición se quedó sin una sola demanda que pudiera ser vendida mediáticamente como reivindicación social de carácter popular, y su discurso pasó a ser el del cambio de gobierno, tomando como argumento la supuesta masacre perpetrada y agregando elementos tales como acusaciones de corrupción y el supuesto irrespeto a la institucionalidad democrática, incluyendo la vieja acusación de fraude en las elecciones.

La intervención del Comandante en la que anunciaba la derogación de las reformas produjo como efecto inmediato una relativa calma en comparación con los dos días anteriores, pero a los pocos días las contradicciones internas del movimiento estudiantil universitario fueron nuevamente aprovechadas para dar continuidad a la desestabilización, reanudándose el conflicto y los enfrentamientos callejeros con el correspondiente saldo de nuevas muertes en ambos bandos, presentadas por la derecha en su totalidad como masacrados y agregando a la lista de muertos, personas fallecidas en circunstancias totalmente ajenas al conflicto, con lo que se agregaba un nuevo elemento al denonante de los muertos, que continuó ejerciendo su papel en la guerra psicológica que estuvo en marcha desde el inicio, y a la que luego nos referiremos.

Es entonces cuando en el marco de la confrontación, la oposición logra combinar altos niveles de convocatoria en sus actividades, con la violencia generalizada y el ataque a los símbolos del gobierno y del sandinismo: derribamiento de árboles de la vida, destrucción de banderas del FSLN, así como otra vez la quema de alcaldías sandinistas, casas del FSLN y de medios de comunicación sandinistas. La derecha estableció en ese momento el siguiente modus operandi: Por el día la burguesía y la clase media se manifestaban, sumando ciertos niveles de acompañamiento popular, y por la noche se desataba la violencia, a cargo de grupos delincuenciales acompañados en algunos casos por grupos de jóvenes estudiantes y profesionales. Ya en esa etapa los actos desestabilizadores quedaron totalmente desprovistos de su fachada como protesta social, quedando claro que se trataba de una confrontación política.

Es en ese momento que inicia el diálogo nacional, con la presencia del Comandante en su inauguración, y cuya plenaria pasó a ser una especie de pasarela política con discursos radicales de la oposición, representada por el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) en representación de la gran empresa, un conjunto de ONGs que se presentan como “sociedad civil” y una representación estudiantil autoelecta. Del lado del sandinismo y sus aliados: una representación del Estado con participación de una parte del Gabinete de Gobierno y magistrados sandinistas del Poder Judicial, el movimiento sindical (predominantemente sandinista), el movimiento cooperativo campesino, los transportistas y la UNEN por el estudiantado universitario. Además de la plenaria se formó una comisión mixta con tres integrantes de cada lado más tres asesores, para avanzar en las verdaderas negociaciones, y se integraron mesas de trabajo temáticas.

Un actor importante en el diálogo es la Conferencia Episcopal Nicaragüense en representación de la Iglesia Católica, solicitada como mediadora tanto por el gobierno como por la oposición, pero que ha jugado un papel claramente parcializado a favor de la oposición, con declaraciones públicas de obispos en claro respaldo a las acciones de la derecha y posteriormente, con participación de sacerdotes en las actividades subversivas e incluso, en actos de secuestro y tortura contra militantes sandinistas; al igual que en el caso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), también llamada por el gobierno ante la insistencia de la oposición, y cuyo Secretario Ejecutivo, Paulo Abrao, llegó en una ocasión a la Universidad Nacional Agraria (UNA) a raíz de un enfrentamiento en las afueras de la misma, entre sandinistas y opositores, a respaldar abiertamente a los opositores ocupantes del recinto universitario, llamándolos a continuar sus protestas y manifestando explícitamente el apoyo del organismo que él dirige, al cual también pertenecen varios hijos de connotadas figuras políticas de la oposición, los cuales han sido encargados nada menos que de recibir las denuncias, lo que explica con elocuencia por qué no aparecen las denuncias de los sandinistas contra la oposición. Otro dato interesante es que la segunda al mando de Abrao apareció a las puertas de una cárcel acompañada de familiares de un grupo de criminales opositores detenidos, y rompió a llorar junto con ellos cuando la Policía no se los entregó de inmediato, aunque sí lo hizo después, ya sin las cámaras de televisión que se habían hecho presentes al inicio para montar el show mediático.

Para colmo, Gonzalo Carrión, el Secretario Ejecutivo del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH, cuya presidenta eterna es la ex sandinista Vilma Núñez), dijo en unas declaraciones que uno de sus mayores sueños era ver caer “al tirano”. Este mismo personaje estaba al frente de un grupo violento que arrastró cobardemente por los pasillos de la universidad a una profesora mientras ésta se aferraba a la bandera roja y negra del FSLN, que sus agresores le querían arrebatar para romperla o quemarla.

Es en esta etapa de la combinación entre protestas pacíficas y actos violentos cuando se establece de manera definitiva el patrón de manipulación que quedará usando la derecha para presentar la falsa imagen de constantes masacres gubernamentales de estudiantes y demás manifestantes pacíficos, y que consiste en el siguiente guion:

- Grupos de la derecha atacan a grupos de sandinistas, éstos se defienden y en el enfrentamiento hay muertos en ambos bandos, lo cual sucede siempre que la derecha realiza una marcha y también en otras circunstancias.

- El enfrentamiento se presenta mediáticamente como ataque de las turbas paramilitares orteguistas de la Juventud Sandinista, y las muertes de ambos lados se presentan como manifestantes pacíficos masacrados.

- Los mediadores parcializados aprovechan la situación para suspender el diálogo “en protesta por la represión”, producto de lo cual se presenta una nueva escalada de la violencia y en consecuencia, más muertos que son usados por la derecha como su arma principal en la guerra psicológica.

- En la contabilidad de las muertes, además de incluirse a los muertos de ambos bandos, se incluyen muertes de personas no involucradas, muertes de personas por causas ajenas al conflicto e incluso, muertes falsas.

Este guion de la violencia quedó muy claro cuando a fines de junio el grupo de expertos de la OEA (que no es la CIDH) contabilizó un total de 159 muertos confirmados, frente a más de 300 que sigue presentando la derecha a través de sus medios. Del total de muertos, 11 son estudiantes universitarios, 3 son estudiantes de secundaria, y todos ellos murieron en enfrentamientos. Si los contamos por bando político, 60 de los 159 muertos son sandinistas, 55 son opositores y 44 son personas no involucradas en el conflicto, pero que fallecieron en el marco de la violencia ligada al mismo. Adicionalmente a esto, se han detectado al menos 46 casos de muertes por causas ajenas al conflicto (homicidio, asaltos, incluso accidentes de tránsito), y hay 87 muertes aún no esclarecidas. Aun suponiendo que todas estas muertes no esclarecidas hubieran ocurrido en el marco del conflicto, el total de muertos sería de 246, y si se suman incluso los muertos ajenos a las circunstancias de la crisis, el total sería de 292, quedando todavía por debajo de la cifra que presenta la oposición.

En la etapa de la combinación entre manifestaciones pacíficas y violencia la derecha lograba convocar diario a mucha gente que se reunía a protestar en diferentes puntos de varias ciudades, llevando incluso muchos de ellos a sus hijos pequeños, y ninguna fuerza policial se acercó nunca a estos manifestantes, lo cual demuestra que esta gente tiene bien claro que no hay tal régimen genocida como el que se quiere presentar ante el mundo, pues de ser cierto que hubiera ese régimen represivo y criminal, esas personas no saldrían ni a las puertas de sus casas. En esta etapa fue notoria la alta participación de la burguesía y la clase media en las actividades masivas de la oposición.

La combinación de acciones pacíficas con acciones violentas llegó a su fin el 30 de mayo, día en que tanto la oposición como el sandinismo realizaron actividades multitudinarias: la oposición hizo su segunda marcha y el sandinismo un festival cultural, dedicadas ambas convocatorias a las madres nicaragüenses.

Ese día se había reanudado el diálogo, que había sido suspendido previamente por los obispos, quienes como sabemos, son a la vez mediadores y opositores. El diálogo ha sido el instrumento fundamental del sandinismo, que por razones obvias es el principal interesado en la estabilidad del país, contrario a lo que sucede con la derecha, que solamente lo ha usado como mecanismo de chantaje al gobierno con la amenaza permanente de su suspensión por cualquier pretexto y como vocería política, a falta de una fuerza política organizada que la represente.

Una vez finalizadas ambas actividades el 30 de mayo, un grupo de la derecha se desprendió de la marcha y atacó a un grupo de sandinistas que regresaban de su propia actividad, presentándose un enfrentamiento con muertos en ambos lados, a lo cual se suma una emboscada puesta por un tranque de la derecha en La Trinidad, donde los tranquistas de la derecha atacaron con armas de guerra a una caravana de sandinistas desarmados que se dirigían hacia el acto cultural de ese día en Managua, resultando dos sandinistas muertos. De igual manera a lo largo de ese día hubo enfrentamientos en diversos puntos de la capital y del país, y al final la información se manejó mediáticamente como si lo que hubiera ocurrido fuera una masacre policial y paramilitar contra la marcha de la oposición, y como de costumbre, se sumaron todos los muertos en ambos bandos, del total de enfrentamientos de ese día en todo el país, para presentar esa cifra como si fueran manifestantes pacíficos masacrados durante la manifestación del 30 de mayo en Managua.

Este es uno de los casos que demuestran el colapso del sentido común como resultado de la guerra psicológica. Ningún ser humano en pleno goce de sus facultades mentales puede imaginarse que el gobierno haya realizado una masacre contra una manifestación pacífica, en presencia de organismos internacionales que le son adversos y después de haberse logrado la reanudación del diálogo, que efectivamente se volvió a suspender por los obispos, por la “masacre” de ese día. Para contar con una hipótesis razonable de quiénes promovieron los enfrentamientos y las muertes correspondientes en esa ocasión, bastaba hacerse una sencilla pregunta, la primera que se hace cuando se investiga un crimen o un acto delictivo: ¿Quién se beneficiaba de los hechos ocurridos y a quién perjudicaban éstos?

Luego de lo sucedido el 30 de mayo se pasó a la etapa con la mayor violencia sostenida durante más tiempo en toda la crisis. Esta etapa se caracterizó por los tranques en las carreteras, las barricadas dentro de las ciudades y la cacería de sandinistas, que eran secuestrados, torturados, las mujeres además manoseadas y violadas, resultando entre las violadas en un tranque, una niña de diez años. Hubo un caso en que un compañero fue castrado y luego quemado vivo, y casos en que se ultrajaba a los cadáveres y luego se les quemaba, quedando gran parte de todo ello registrado en videos y fotos, pruebas a las que la CIDH no prestó la más mínima atención y que tampoco incluyó en su informe. Todas las imágenes en fotos y videos de personas secuestradas, torturadas y asesinadas selectivamente son de sandinistas, y ninguna del bando contrario. Se hicieron típicas las fotos y videos de sandinistas desnudos, ultrajados y torturados en manos de sus captores, divulgadas por estos últimos con el propósito de imponer el terror entre la militancia sandinista y contando con que la versión exitosamente presentada de previo, de un régimen genocida, iba a hacer que esas imágenes se interpretaran como acciones fuera de control, llevadas a cabo por personas que querían hacer justicia por su propia mano.

Hubo ocasiones en que las sesiones de torturas eran presenciadas por sacerdotes y al menos en un caso, por un pastor evangélico. Algunos centros religiosos como la casa cural del barrio Laborío en León, un convento en la ciudad de Jinotepe y el templo católico en el municipio de Diriamba, fueron convertidos con aprobación de monjas y sacerdotes, en centros de detención, torturas, asesinatos, y también eran usados para almacenar armamento, siendo emblemático el caso de la iglesia del municipio de La Trinidad en Estelí, donde las armas estaban ocultas bajo las faldas de una imagen en yeso de la Virgen María.

En esos días la Policía fue acuartelada para que la derecha tuviera menos posibilidades de manipular la situación para crear excusas que le permitieran abandonar el diálogo o a la Iglesia suspenderlo. En tales condiciones, el cuartel de la Policía de Masaya estuvo sitiado quince días por fuerzas terroristas que diariamente lo atacaban, ante lo cual la Policía acuartelada respondía con la suficiente moderación para evitar un mayor derramamiento de sangre, pero con la suficiente contundencia para evitar la toma del cuartel. Las ciudades de Masaya, Jinotepe, Diriamba y Jinotega fueron los principales escenarios de persecusiones, secuestros, torturas y asesinatos de sandinistas.

En la ciudad de León, la casa departamental del FSLN permaneció sitiada más de dos meses por los grupos violentos de la derecha y defendida victoriosamente por la militancia sandinista. La ciudad entera se llenó de barricadas, fenómeno que también se presentó en otras ciudades y que fue en parte producto de la histeria colectiva causada por las noticias falsas divulgadas por los medios de comunicación de la derecha, que tuvieron especial impacto en León por la presencia de una radioemisora de derecha muy escuchada, Radio Darío, que fue incendiada por sandinistas fuera de control como respuesta al incendio por la derecha, de la sede de la dirigencia estudiantil universitaria, de filiación sandinista. Esto hizo que dicha emisora prácticamente enloqueciera, divulgando de manera descarada todo tipo de noticias falsas acerca de ataques de grupos paramilitares y policías, o de combates entre sandinistas y opositores, creando así un estado de pánico en la población, que recurrió al levantamiento compulsivo de barricadas como un mecanismo de protección, fenómeno similar al de otras ciudades, pero que en el caso de León tuvo especial efecto por la influencia y labor virulentamente desinformativa de Radio Darío.

También se debe destacar la labor desinformativa del canal de televisión 100% Noticias, que fue sacado del aire durante los primeros días del conflicto, pasando luego a ser el medio de comunicación de derecha más beligerante en contra del sandinismo, pero también el menos profesional y el más grotesco. Aunque el sandinismo cuenta con medios de comunicación propios, la creación de noticias falsas por los medios de la derecha y la repetición constante en éstos de noticias desactualizadas (falsas o no) hacía que estos medios fueran percibidos como si dieran mayor cobertura a la situación, lo que llevaba a la gente a acudir a ellos más que a los medios sandinistas.

Es de destacar la presencia masiva de la delincuencia común en todos los actos vandálicos promovidos por la derecha, como saqueos e incendios, pero también en los tranques y las barricadas. Este sector fue buscado y expresamente por los grupos de derecha promotores de la desestabilización, que le proporcionó recursos, además del aporte económico a este tipo de actividades por parte de la burguesía y del crimen organizado, todos interesados en sacar ventaja del caos. De hecho, la narcoactividad y el delito común en general, aumentó de forma vertiginosa durante esta etapa de la crisis, y aun superada ésta es difícil que la actividad delictiva se reduzca a sus anteriores niveles. La presencia de pandilleros en las barricadas y tranques creó también en los pobladores una especie de síndrome de Estocolmo como mecanismo de autoprotección.

Dos universidades de Managua se convirtieron en bastiones delincuenciales vandálicos: La Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) y la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN – Managua). En el caso de la UPOLI, ésta debió ser abandonada oficialmente por los participantes en los disturbios al revelarse en videos, grabaciones y declaraciones de detenidos la fuerte actividad delictiva de pandillas que operaban desde esa universidad al servicio de la derecha (asesinatos, robos, extorsión, etc.), siendo el más sonado caso la captura, tortura y asesinato de un ciudadano norteamericano ajeno al conflicto, que circulaba en los alrededores y fue tomado por policía, al no haber obedecido la orden de detenerse y por la marca del vehículo en que se movilizaba.

Posteriormente hubo otros dos hechos que impactaron al pueblo. Uno de ellos fue la quema de una casa en el barrio Carlos Marx con la familia adentro, incluyendo un niño pequeño, lo que sucedió curiosamente después de haberse reanudado el diálogo y de llegarse a un acuerdo que antes parecía imposible, sobre la necesidad de levantar los tranques. Nadie en su sano juicio puede imaginar que en tales condiciones, el gobierno iba a mandar a quemar esa casa, pues la pregunta es la misma: ¿Quién se beneficia y a quién perjudica un acto de esta naturaleza en el momento en que fue realizado? Pero resulta que además, en esa casa habitaba una familia sandinista reconocida, quedando a salvo de forma extraña, una mujer que resulta ser la única persona de esa familia que no es sandinista, y quien dio declaraciones incoherentes e inverosímiles sobre lo sucedido y las circunstancias que le habían permitido sobrevivir, a la vez que acusaba a la Policía y supuestas fuerzas paramilitares de lo sucedido.

Después se supo que esa familia sandinista no había cerrado su negocio (una tienda de colchones) el día del paro convocado por la derecha, y que el jefe de familia se negó a entregar colchones a los vándalos refugiados en la UPOLI. Según investigaciones posteriores, el incendio fue provocado desde adentro, siendo sospechosa principal la sobreviviente, que en días anteriores había colaborado con los vándalos entregándoles colchones al crédito, que por supuesto ellos no pagaron. Se creó la leyenda de que la Policía había quemado la casa ante la negativa de la familia de usar el techo para colocar francotiradores, pero luego se logró investigar que quienes llegaron a hacer tal petición fueron los vándalos de la UPOLI, perseguidos por la Policía en ese momento.

El otro hecho impactante fue la muerte de un bebé por impacto de bala durante un enfrentamiento entre policías y vándalos. Existe un video en el que se logra escuchar bastante bien cómo uno de los vándalos de la derecha reconoce en el instante mismo en que estaban ocurriendo los hechos, que fue él quien hizo el disparo que mató al niño, y luego se le escucha gritar reiteradamente que fue la Policia, versión que fue la escuchada y asumida como cierta por la madre, el padre y demás familiares del menor.

A estas alturas de presentaba una paradoja muy reveladora, que consistía en que la derecha se quejaba de supuestos ataques violentos de los sandinistas, y los sandinistas nos quejábamos de no recibir la orden de ataque, sino sólo la de actuar en defensa propia, lo que nos llevó a verdaderos niveles de desesperación, pero conscientes de que el paso a la ofensiva en el marco de la confrontación violenta debía ser nuestro último recurso.

Esta etapa de violencia llegó a su punto culminante con tres sucesos:

- El asesinato, ultraje y quema del cadáver de Francisco Aráuz Pineda, hijo de una líder campesina que se hizo célebre en la época del somocismo, al denunciar la violación de que había sido víctima a manos de la Guardia Nacional.

- La declaración de un gobierno provisional de enmascarados en Masaya.

- La suspensión del diálogo por los obispos, porque el gobierno en acto de elemental dignidad, rechazó la exigencia de entregar copia de la invitación a organismos internacionales, acordada en la sesión anterior.

Entonces se dio la orden de ataque, porque ya la disciplina y paciencia de la militancia sandinista no daba para más. En vista de la negativa de la derecha a llamar al levantamiento de los tranques, éstos se han tenido que quitar haciendo uso racional de la fuerza, a la vez que se han ido liberando una tras otra las ciudades que habían sido tomadas por las fuerzas contrarrevolucionarias, con bajas mínimas en relación con la envergadura de las operaciones. Es aleccionadora la diferencia entre el trato respetuoso de sus derechos humanos que les da el sandinismo a los criminales de la derecha capturados y el trato sádico y vejatorio que éstos dan a los sandinistas. De igual manera, las quemas de locales y casas de personas han sido casi en su totalidad obra de la derecha, con la única excepción de la ya mencionada Radio Darío. Por su parte, la derecha quemó la Nueva Radio Ya, radioemisora sandinista que es la más escuchada del país, y Radio Nicaragua, voz oficial del gobierno. En cambio, en diversas ocasiones han pasado marchas sandinistas multitudinarias por el canal de derecha 100% Noticias, sin que éste haya sido atacado.

El diálogo se ha reactivado. Por su parte, la derecha ya perdió la capacidad de convocatoria que llegó a tener en un momento dado, con dos marchas nacionales gigantescas en la etapa de la combinación entre manifestaciones pacíficas y violentas, mientras el sandinismo se encuentra en plena ofensiva política, con su capacidad de convocatoria intacta realizando marchas en apoyo a la paz, la patria y la Revolución en casi todos los municipios del país, siendo una de las más recientes la de Managua, con participación de más de cien mil personas. Ya antes se habían hecho dos movilizaciones nacionales y una de la capital, todas multitudinarias, pero ninguna tan concurrida como la última, a pesar de que ésta fue municipal. Por otra parte, en todo el transcurso de la crisis el sandinismo en la capital se ha estado movilizando a las rotondas para expresar su respaldo a la paz.

Los tranques y barricadas ya han sido en su mayor parte, desmantelados por nuestras fuerzas, y el diálogo está reconocido como única salida posible por todos los participantes en el mismo, aunque sigan algunas voces altisonantes rechazándolo de manera explícita, sobre todo en el autollamado Movimiento Renovador Sandinista (MRS), fundado en 1995 por altos cuadros del FSLN que abandonaron los principios históricos del sandinismo. El significativo deterioro en su contra en cuanto a la correlación de fuerzas es una entre otras razones que han llevado a la derecha a pasar de la demanda de renuncia del Presidente, a la petición de elecciones adelantadas, ante lo cual la respuesta del FSLN ha sido que se debe respetar el período para el cual fue electo el actual gobierno.

Al carecer de reivindicaciones sociales y reducirse todo su programa al derrocamiento del gobierno sandinista bajo la deslucida bandera de la lucha por la democracia, y usando a los muertos como excusa, el único tema que interesa a la oposición es el político, al que ellos llaman democratización y el gobierno llama fortalecimiento de la democracia, pero la agenda del diálogo incluye temas socioeconómicos, de los que nada quiere saber la derecha, incluyendo el de las reformas a la seguridad social y demostrando así que ese no era el verdadero motivo de las protestas iniciales.

Algo que contribuye a la ausencia de programa y por tanto, de reivindicaciones populares por parte de la oposición es el hecho de que ésta se encuentra integrada por sectores extremadamente disímiles entre sí, unidos por una negatividad, que es su rechazo al sandinismo: grupos lesbófilos y abortistas con fachada de feministas haciendo causa común con la Iglesia Católica, grupos de estudiantes universitarios haciendo causa común con la empresa privada y los partidos de derecha que siempre se opusieron al derecho constitucional al 6% del presupuesto general de la república para las universidades, entre otras inconsistencias que anuncian un país catastróficamente inestable en caso de que el gobierno cayera algún día en manos de esta gente.

Los temas socioeconómicos son la prioridad del gobierno en el diálogo, mostrando con ello su compromiso con la defensa de los sectores populares, mientras que tal como ya hemos dicho, lo político es la prioridad de la oposición, que sólo quiere el poder y desmantelar las conquistas sociales alcanzadas por la Revolución. Entre los temas políticos están ciertas reformas constitucionales y electorales, gran parte de las cuales ya el FSLN las había acordado con la OEA. El daño a la economía ha sido catastrófico y tendrá consecuencias devastadoras, pero seguiremos adelante. El crecimiento económico este año estaba proyectado en un 5%, como ha sido el promedio anual durante los once años que tiene el FSLN de haber regresado al poder; pero ahora tendremos cero crecimiento.

Ya en esta etapa casi sin tranques, ni barricadas, ni convocatoria, la derecha llamó en fecha reciente a una marcha que fue poco concurrida, y en la que sin originalidad alguna aplicaron el guion de la violencia ya conocido, de modo que posiblemente hubo una especie de sensación colectiva de un dejá-vu, tanto para los que participaron como para los que no, lo cual resta aún más credibilidad a la derecha y su versión de los hechos, o sea que posiblemente ese guion está comenzando a serle contraproducente. El asunto consistió en lo de siempre: Al final de dicha marcha, un grupo de personas armadas y encapuchadas se desprendió de la marcha hacia otra dirección para agredir a un grupo de gente que había ocupado una propiedad del empresario abastecedor de tranques, Piero Coen, en un acto consecuente con el carácter de clase que cada vez más va tomando esta lucha, y los ocupantes de la propiedad de Coen se defendieron con armas de fuego, resultando heridos los atacantes. La noticia – casi no es necesario decirlo – fue que los paramilitares habían atacado la marcha pacífica convocada ese día.

En su más reciente marcha, con menos convocatoria aún que la anterior, la derecha ya no pudo aplicar el truco de las masacres, debido a que el mismo ha quedado en evidencia, al menos para una gran parte de la población nicaragüense que había sido hipnotizada por los sortilegios de la guerra psicológica. Pero ahora ha surgido otra versión de las masacres. Cuando llega la que ya se conoce entre el sandinismo como la caravana de la libertad a liberar un municipio y los ocupantes oponen resistencia, por lo general hay muertos (muchos menos de los que correspondería a operaciones de esta envergadura), pero son muertos en combate, luego presentados mediáticamente como manifestantes pacíficos masacrados. Así ocurrió por ejemplo, en Sutiaba (comunidad indígena en la ciudad de León) y en Jinotepe, ciudad que había sido convertida en un verdadero campo de concentración por las fuerzas contrarrevolucionarias. Y los “masacrados”, igual que los llamados “presos políticos”, son nada menos que los criminales terroristas, asesinos, torturadores y violadores que han cometido terribles actos de barbarie. Una vez detenidos, llegan los obispos, la CIDH y los familiares a pedir que se los entreguen.

A propósito de lo que ocurrió en la marcha de la derecha antes mencionada, un fenómeno que se ha presentado ha sido el de las tomas de propiedades de connotadas figuras de la derecha, que son terratenientes, integrantes de la conspiración para el ya fallido derrocamiento de nuestro gobierno revolucionario. Ante tal situación estos personajes han tenido el descaro de pedir a la Policía e incluso al Ejército, que desalojen a los ocupantes, quienes hasta ahora habían sido frenados por el gobierno bajo la consigna: cero tomas de tierras, cero desalojos, en el marco del modelo de diálogo, consenso y alianzas con el sector privado y los trabajadores, que fue roto precisamente por los empresarios, de modo que nuestro gobierno, defensor de los trabajadores y ahora sin compromisos con la empresa privada, ya no está impidiendo ni impedirá esas tomas de tierras.

Es común en la derecha nicaragüense señalar que las movilizaciones sandinistas son de empleados públicos que van a ellas obligados. El problema es que el entusiasmo no se puede fingir masivamente y que cuando el sandinismo era oposición se movían similares cantidades de gente en sus actividades masivas. En Managua las rotondas desde hace años se han convertido en sitios adonde acude la gente a manifestarse, y cuando las estructuras políticas del FSLN en las instituciones del Estado se mueven a las rotondas, la derecha se refiere de manera burlesca a que los trabajadores del Estado son obligados a “rotondear”; pero a raíz de la crisis se ha presentado otro fenómeno, y es que en las instituciones del Estado ha disminuido la cantidad de personas que asisten a las actividades políticas convocadas por el FSLN y que, aunque antes no iban obligadas, tampoco lo hacían por convicción, sino con expectativas de aprobación por parte de sus superiores. En cambio, es sabido que la empresa privada otorga permiso a sus empleados para que en horas laborales asistan a las marchas de la derecha y los “invitan” a hacerlo. Incluso, en una reciente actividad de la derecha que consistió en una cadena humana entre las rotondas de Metrocentro y la Jean Paul Genie, y que fue un total fracaso, ante el temor de que no hubiera buena convocatoria el COSEP llamó abiertamente a sus afiliados cuyos negocios estuvieran en parte urbana de la carretera a Masaya, que es donde se haría la actividad, a que llevaran a sus empleados a la acera tomados de las manos entre sí para hacer la cadena, ante lo cual surgió el término de “cunetear”, pues en Nicaragua se llama cuneta al borde de la acera. Tomando en cuenta que ante la grave desaceleración económica provocada en el país por las acciones contrarrevolucionarias son cada vez más frecuentes los despidos masivos en las grandes empresas privadas, así como la quiebra de pequeños y medianos negocios, es evidente que un trabajador del sector privado se siente presionado para ir a “cunetear” y de ese modo, no ser candidato a engrosar la lista de despidos, que de todas maneras continúan, sin que haya sindicato al cual acudir, pues la organización sindical en Nicaragua se reduce al sector estatal, lo cual sin duda es una debilidad del movimiento social, pero que – debemos reconocerlo – ha sido vista de manera condescendiente en el marco del consenso tripartito.

Los diferentes sectores activos de la derecha están agrupados en esta coyuntura, en dos bloques: la Alianza Cívica por la Democracia, de connotación meramente política y en la que se ha proyectado mediáticamente el Movimiento 19 de Abril, integrado por los estudiantes universitarios antisandinistas y conocido en el sandinismo como Mara 19, a la vez integrando de la llamada Coalición Estudiantil Universitaria. La Alianza Civica por la Democracia, integrada por empresarios, estudiantes y la llamada “sociedad civil”, es la que representa a la derecha en el diálogo. Por otro lado están los simplemente llamados autoconvocados, que son los más directamente vinculados con las acciones violentas, aunque hay de todo en ambo grupos. Esto se viene a sumar al ya mencionado fenómeno de la dispersión de intereses y la ausencia de proyecto en la oposición.

Un ejemplo reciente de manipulación mediática es lo que sucedió en la Iglesia Católica de la ciudad de Diriamba, adonde llegaron como de costumbre los obispos “mediadores” para liberar a los contrarrevolucionarios capturados en esa ciudad, igual que han hecho en otras. Pero Diriamba y Jinotepe son las ciudades en las que se han cometido las peores violaciones a los derechos humanos por parte de los tranquistas y autoconvocados en general, y en la Iglesia Católica había un verdadero arsenal de armas, además de estar allí escondidos algunos de los responsables de la violencia en esa ciudad, de manera que los familiares de los torturados y asesinados se hicieron presentes e increparon a los obispos por su papel de protectores de los asesinos. Pero la noticia en los medios de la derecha y que recorrió Nicaragua y el mundo fue que grupos paramilitares habían agredido a los obispos, uno de los cuales (el más caracterizado antisandinista de todos, Silvio Báez) fue en realidad razguñado por una mujer a la que él previamente dio una bofetada, pero tanto él como los demás fueron protegidos debidamente por la Policía frente a la justa ira de madres, hermanos y demás familiares de las víctimas de las atrocidades y la violencia contrarrevolucionaria.

Un hecho significativo que aún no hemos mencionado es que en los primeros días de la crisis la Asamblea Nacional eligió una Comisión de la Verdad, integrada por personalidades reconocidas y respetadas en el país: como Presidente, el sacerdote Uriel Molina, principal promotor de la teología de la liberación en Nicaragua desde los años sesenta; el empresario y politólogo Cairo Amador, vinculado al COSEP, aunque distanciado de la ruptura con la política de consenso; Mirna Cunningham, académica miskita y defensora de los pueblos originarios de la Costa Caribe; Adolfo Jarquín, Viceprocurador de Derechos Humanos; y Jaime López, Vice-rector universitario, quienes pronto darán a conocer el resultado de su investigación. Esta Comisión es en realidad la instancia más legítima que hay para la investigación de los hechos ocurridos, ya que además del innegable prestigio de quienes la integran, fue designada por el Poder Legislativo, que es el primer poder del Estado al constituirse como órgano representativo del pueblo por excelencia. Sin embargo, la derecha como era de esperarse, ha descalificado a esta Comisión por no estar en contra del gobierno ni de nadie, o sea por ser imparcial, declarándola pro-sandinista, aunque su composición es plural. Esta Comisión ha entablado contacto con la CIDH para efectos de coordinación, y de hecho fue el primer organismo legítimamente constituido que invitó a la CIDH a contribuir a la investigación de las muertes ocurridas. Al menos, es evidente que esta Comisión tiene mucha más credibilidad que la CIDH.

 

La guerra psicológica como componente principal de la guerra de quinta generación.

 

Según la teoría de las cinco generaciones bélicas, las tres primeras generaciones de guerras son las convencionales: la primera, del siglo XIX, es entre ejércitos por territorios (guerras napoleónicas, guerras de independencia de América Latina); la segunda, del siglo XX, entre ejércitos con armas automáticas y aviación, tecnología accesible sólo para las potencias industriales en disputa entre sí por el dominio económico del mundo (primera guerra mundial); la tercera, también del siglo XX, pero por contradicciones ideológicas y con nuevas tácticas de combate, como la guerra relámpago (segunda guerra mundial). Luego están las guerras no convencionales, que serían la cuarta y la quinta: la cuarta, del siglo XX igual que las dos anteriores, se da entre potencias hegemónicas y países periféricos de interés geopolítico que escapan a su control, como es la guerra de baja intensidad o guerra sucia (guerra de Nicaragua en los años ochenta); y finalmente, bajo la misma motivación que la anterior, tenemos la guerra de quinta generación, que tiene como eje central la aplicación de técnicas científicamente elaboradas de manipulación mental en lo que se constituye como una sofisticada guerra psicológica, con la implementación de los avances tecnológicos de la tercera y la cuarta revolución industrial, que en su conjunto constituyen la revolución electrónica, fundamentalmente mediante el uso estratégico y organizado de las redes sociales. Esta es la que se ha aplicado esta vez a Nicaragua, tal como se aplicó antes a Venezuela, Ucrania y los países árabes.

A diferencia de las cuatro generaciones de guerra anteriores, esta guerra no tiene las características que pudieran considerarse propias de una guerra real, aunque es tan real como los muertos que causa, los cuales en casos como el de Nicaragua pasan a ser parte del componente psicológico de esta guerra como armas mucho más letales que aquellas con las cuales previamente se les dio muerte. En el caso de Nicaragua, ya se ha explicado antes de qué manera, como parte de la guerra psicológica, se ha manejado el tema de los muertos, convirtiéndolo con gran efectividad en el elemento fundamental para desarrollar el ciclo mentira-odio-culpa-miedo, al que ya nos referiremos.

La guerra de quinta generación está concebida como la guerra relámpago, para el corto plazo, y a medida que el tiempo avanza sin haberse logrado el objetivo previsto, el tiempo mismo conspira contra los objetivos planteados, en este caso el formato de derrocamiento, que puede degenerar en una guerra civil, lo que en el caso de Nicaragua causa incertidumbre a Estados Unidos, debido a la influencia sandinista en el Ejército y la Policía, que nacieron de la lucha armada revolucionaria sandinista contra la dictadura somocista. Es esto lo que permitió en determinado momento ciertos niveles de flexibilidad estadounidense, que permitieron el comunicado conjunto de Nicaragua y Estados Unidos en la primera sesión de la OEA en la que se vio el tema de la crisis en nuestro país, aunque el gobierno norteamericano en sus declaraciones públicas ha sido claro en su apoyo a las fuerzas de derecha que han pretendido el derrocamiento de nuestro gobierno, lo cual ha ratificado una y otra vez, como lo acaba de hacer en estos días al promover una resolución en contra nuestra en la más reciente reunión del Consejo de Seguridad de dicha organización que como se sabe, responde a sus intereses; así como es de conocimiento público el financiamiento del imperialismo a las organizaciones promotoras de la desestabilización en Nicaragua, a través de la USAID y la NED. No en balde los representantes de la oposición han acudido innumerables veces (incluyendo recientemente, los autollamados líderes estudiantiles) a pedir apoyo a las fuerzas más reaccionarias de la política norteamericana, entre cuyas figuras más representativas con quienes se han reunido y posado en fotos están Ileana Ross-Lethinen y Marco Rubio, ante quienes también los personeros de la derecha en Nicaragua gestionaron la tristemente célebre Nica-Act.

Ante la ya visible imposibilidad del derrocamiento violento mediante la aplicación de este nuevo tipo de guerra, Estados Unidos considera que la misma ha ocasionado ya al FSLN el suficiente desgaste político para que pierda las próximas elecciones, y esta es otra de las razones para que la derecha – tal como con seguridad tenía previsto desde el inicio – pasara del plan de caída inmediata del gobierno al adelanto en la fecha de las elecciones, que ya ha sido rechazado por el FSLN, habiendo sido la Iglesia Católica a quien correspondió ser portavoz de tales propósitos de la oposición, presentados por ella como “voluntad del pueblo”.

La guerra psicológica es el componente más importante y efectivo de la guerra de quinta generación, y contiene cuatro elementos: La mentira, el odio, la culpa y el miedo. De la mentira se pasa al odio como elemento necesario para el bando agresor, y a la culpa como elemento que corresponde al agredido, incapacitándolo para defenderse. De ahí, en ambos casos, se pasa al miedo, que en el agresor se vuelve agresividad por ser un miedo activo, mientras en el agredido se vuelve pasividad, indiferencia y pérdida de la autoestima. Esto forma parte de un mecanismo típico de la guerra de quinta generación, que consiste en invertir la realidad: La contrarrevolución se convierte en revolución, la restauración del orden reaccionario en rebeldía, los victimarios en víctimas y viceversa. Es así que el agresor se vuelve agredido y el agredido, agresor. En el caso de Nicaragua la derecha contrarrevolucionaria se quiso apropiar además de algunas de nuestras canciones y nuestras consignas. Al respecto es ilustrativo lo sucedido en relación con consigna ¡Que se rinda tu madre!, surgida del grito de guerra con que el militante sandinista Leonel Rugama respondió a la Guardia Nacional somocista cuando ésta le pedía que se rindiera. En la isla de Ometepe un grupo de “autoconvocados” destruyeron un mural dedicado al héroe sandinista de cuya consigna, sin ellos saberlo, se han querido apropiar; y no sería extraño que lo hubieran hecho mientras la coreaban.

El indiferente, más vulnerable ante la mentira que el propio militante contrarrevolucionario por estar desinformado, puede llegar a sentir más odio a los revolucionarios que los propios enemigos ideológicos de la revolución, porque es más irracional (es el caso de los militares rasos defensores de un orden contrario a su propia clase social), e incluso una parte de quienes militan en las filas revolucionarias pueden ser contaminados por el odio al huir de la culpa sin despojarse de la mentira. El individuo con sentimiento de culpa puede emigrar directamente al miedo pasivo o primero hacia el odio y de éste, al miedo activo.

La guerra psicológica, cuando es efectiva, provoca la pérdida masiva del raciocinio, como producto de un estado permanente de shock emocional. La histeria es propia tanto del que se apropia del odio como del que se apropia de la culpa, siendo en el primer caso de tipo paranoide, y de ahí el ya mencionado fenómeno de las barricadas, distinto al caso de los tranques en las carreteras, que fue una actividad más dirigida con el objetivo de paralizar el país por la fuerza, ante la incapacidad de la derecha y la indisposición de la empresa privada de hacer un paro general, sobre todo tomando en cuenta que las cooperativas de transporte permanecieron del lado de la Revolución.

Una efectiva campaña complementaria de la guerra psicológica en Nicaragua ha sido la acusación al sandinismo de hacer todo lo que hace la derecha y que implique costos políticos, como los incendios, saqueos, incluso hasta los tranques y las barricadas – ya no se diga los muertos –, lo que al pasar el efecto hipnótico de la manipulación y al aplicarse como consecuencia de ello el raciocinio, lleva al absurdo de que los sandinistas somos los que nos hemos querido autoderrocar.

Una muestra de torpeza inaudita del virulento antisandinista director del canal 100% Noticias fue recomendar al público la lectura del manual de Gene Sharp en el que detalla paso a paso su fórmula de derrocamiento de gobiernos no deseables, que es la receta aplicada por Estados Unidos a Nicaragua y otros países, y de igual manera uno de los cabecillas principales de la derecha en este intento de derrocamiento lamentó en un twit en enero de este año, la muerte de Sharp, el hombre que en sus propias palabras, le cambio la vida. Obviamente, cosas como estas ponen en evidencia que no nunca hemos estamos frente a un alzamiento popular espontáneo.

El FSLN ha orientado a su militancia dialogar, persuadir, no pelear con el vecino, el amigo, el familiar e incluso, el militante que se puso en nuestra contra, sino rescatarles el alma y la mente, secuestradas por la mentira, el odio, la culpa y el miedo. De eso se trata lo que será una nueva etapa de la reconciliación en nuestro país. Enemigo no es el que ha sido atrapado por la mentira, el odio, la culpa, el miedo: ese es víctima, aunque en determinado momento asuma el papel del enemigo, sobre todo cuando ejerce la violencia reaccionaria contra el pueblo y los revolucionarios. Enemigos son los promotores conscientes del plan terrorista de derrocamiento del gobierno revolucionario.

Hay un factor muy importante vinculado con la posibilidad que tiene el enemigo de influenciar a la juventud, y se trata de los nuevos paradigmas comunicacionales propios de la nueva era tecnológica bajo la cual nacieron las generaciones más recientes, que amplían la brecha generacional y dificultan la formación revolucionaria de los jóvenes, a pesar de lo cual en Nicaragua hay una fuerte presencia juvenil en el sandinismo, pero la facilidad con que logró sumar la derecha a grandes cantidades de jóvenes universitarios a su plan desestabilizador es una fuertísima campanada de alerta.

 

Hacia nuevas victorias.

 

Aunque aún el FSLN no ha hecho una valoración colectiva de lo sucedido, podemos aquí referirnos a lo que podrían ser errores y debilidades sin los cuales sería difícil comprender cómo pudo suceder todo esto en Nicaragua, país con gran estabilidad en todos los aspectos, grandes logros en la reducción de la pobreza y la desigualdad social, con una fuerza política revolucionaria bien organizada y experimentada, y con un sólido liderazgo.

Un evidente error que cometimos fue no elaborar y aplicar un plan político, organizativo y movilizativo frente a las posibles consecuencias de la anunciada ruptura del COSEP con la política del consenso tripartito a raíz de las ahora frustradas reformas a la seguridad social.

Una debilidad ha sido posiblemente, cierto estancamiento en el desarrollo e institucionalización del modelo político de protagonismo popular en el ejercicio del poder, que había comenzado a ser aplicado en los primeros años posteriores al regreso del sandinismo al gobierno en 2007, y cuyo desarrollo podría haber impedido la presencia de condiciones favorables para el estallido y desarrollo de la crisis actual.

Otra posible debilidad sería la ausencia de transformaciones estructurales posteriores a las hechas en la década de los ochenta y que junto al avance en la implementación del modelo político, hicieran posible alcanzar niveles de desarrollo en la conciencia social superiores a los actuales. Las transformaciones sociales de los ochenta fueron en gran parte demanteladas en la época del neoliberalismo, y aunque las que se lograron preservar hayan servido como base para que las actuales políticas sociales hayan permitido alcanzar ciertos niveles de poder económico para los sectores populares y no solamente reducir la pobreza y la desigualdad social (cuyos niveles aún son altos), también es cierto que esas transformaciones son ya insuficentes, lo cual afecta especialmente a una nueva generación de votantes, nacida ya con el sandinismo de vuelta en el poder, y que como suele ocurrir, atribuye a la fuerza política gobernante los males sociales heredados del sistema que dicha fuerza más bien pretende transformar.

Finalmente, debemos reconocer que como parte del contenido de trabajo de las estructuras orgánicas de liderazgo de la militancia sandinista en general y de la dirección del FSLN, debemos prestar más atención a la necesidad de garantizar el trabajo político, la formación ideológica y la crítica y autocrítica como prácticas cotidianas de la conducción política revolucionaria a todos los niveles, cuyo carácter colectivo es necesario fortalecer.

De modo pues, que cuando se presentó la situación mencionada al inicio, fue fácil para la derecha hacer pasar a gran parte del sandinismo, de la mentira a la culpa, no porque los sandinistas hayan creído en las mentiras de los medios de la derecha, sino porque sencillamente, aunque supieran que eran mentiras, no sabían cuál era la verdad, porque las reformas no fueron producto de la participación popular en las tomas de decisiones y no hubo un trabajo de esclarecimiento político en las estructuras orgánicas del FSLN sobre el contenido y los objetivos de las reformas. En otras palabras, cuando estalló la crisis el sandinismo no sabía ni siquiera qué defender ni por qué, y sólo escuchaba la versión antisandinista, tanto de las reformas como de lo que estaba sucediendo.

Sin embargo, aun con nuestros errores y debilidades – cuya identificación colectiva es una necesidad apremiante una vez superada por completo la crisis e incluso, como parte de su superación – el sandinismo sigue siendo la fuerza política más grande y mejor organizada de nuestro país, es una fuerza victoriosa que además, tiene amplia experiencia en superar momentos difíciles, y cuenta con un liderazgo histórico sólido y firme, bajo la conducción de un líder fuerte, experimentado y hábil, que ha jugado un decisivo papel cohesionador.

El sandinismo tiene vocación de triunfo y de poder, y tiene el poder; pero sobre todo el sandinismo tiene una gran superioridad moral sobre sus adversarios y además, los sandinistas tenemos la razón, y el que tiene la razón triunfa, tarde o temprano. En el caso nuestro, hemos triunfado temprano al derrotar al enemigo en esta primera batalla de esta guerra de nuevo tipo que se nos está imponiendo. La próxima batalla serán las elecciones, y de aquí a ese momento tenemos el tiempo suficiente para rectificar lo que sea necesario, avanzar en nuestro proceso revolucionario y estar en condiciones de vencer. De hecho, esa nueva batalla ya empezó.