“Convocar al pueblo para decidir su futuro” por Gleisi Hoffmann y Monica Valente, acerca de la Constituyente en Venezuela

Por Gleisi Hoffmann y Monica Valente *

La convocatoria de una constituyente en Venezuela ha sido motivo de crítica por parte de la oposición venezolana y del gobierno sin credibilidad y sin voto de Brasil. La votación del próximo domingo en ese país elegirá representantes regionales y de varios sectores profesionales, entre ellos pescadores y empresarios, estudiantes y trabajadores urbanos y rurales, personas con discapacidad y jubilados. Más de 52 mil venezolanos se inscribieron para concurrir a los 500 escaños, según el Consejo Nacional Electoral. ¿Qué hay de dictatorial en un escrutinio directo? Voto es voto, regional, sectorial o nacional.

La Asamblea abordará temas diversos, como la formulación de un acuerdo de paz entre gobierno y oposición, un nuevo y fundamental modelo para acabar con la dependencia del petróleo sobre la economía local, la consagración de derechos sociales, democracia participativa, modificaciones en el sistema judicial, la identidad pluricultural, los derechos de la juventud y también medidas para la protección del medio ambiente. Todos los cambios tendrán que ser posteriormente aprobados en referéndum por la población del país. Más una decisión popular, que parece no agradar al gobierno ilegítimo de Brasil.

Pero al convocar al pueblo para decidir sobre su propio futuro, el presidente Nicolás Maduro afrontó los intereses de quienes invariablemente se posicionan contra el uso de los recursos del petróleo en el área social. El gobierno Maduro, como todas las administraciones, tiene errores y aciertos. Al uno se le puede gustar o no, pero fue elegido por el voto popular, tiene mandato hasta 2018, como era el de Dilma. Hace al menos dos años resiste a los golpes de la oposición, que inició un violento proceso de desestabilización política que hundió al país en el caos. Así, los opositores de Maduro alimentan una polarización que dejó más de 100 muertos en ambos lados. Nosotros, del PT, deseamos que se resuelva esas divergencias de forma pacífica. Otros, lamentablemente, apuestan en el aislamiento de Venezuela y el endurecimiento de su conflicto interno.

Nicolás Maduro no personifica a los uniformizados de alta patente que asombraron nuestro continente en los años 60 y 70. Su partido venció 17 de las 18 elecciones desde 1998, cuando Hugo Chávez ganó por primera vez la presidencia. Sus actitudes, incluso, contrastan en gran medida con la actual experiencia de algunos vecinos latinoamericanos, que han visto la democracia caer tras golpes parlamentarios o judiciales patrocinados por la unión entre las elites económicas y los partidos conservadores. El plebiscito recientemente organizado por la oposición no sería posible en una dictadura sanguinaria, según sus detractores afirman que es el gobierno de Maduro. A semejanza de lo que ocurre en otros lugares, la elite venezolana tampoco quiere dividir las riquezas con los más pobres, algo representativo de la herencia cultural y de la colonización de los pueblos del continente. Sin embargo, necesitará votos para imponer su agenda ante el gobierno de Maduro.

En Brasil, los que claman por democracia en Venezuela deberían empezar a clamar por democracia en nuestro país, usurpada por un golpe parlamentario, que sacó una presidenta inocente y legítimamente electa, y que mantiene en el poder un corrupto comprobado, con más de 94 % de rechazo popular. Antes de entrometerse en la casa de los demás, cuidemos la nuestra. En Venezuela, como en Brasil, la solución es el voto.

*Gleisi Hoffmann es Senadora y Presidenta del Partido de los Trabajadores

*Monica Valente es secretaria de Relaciones Internacionales del Partido de los Trabajadores

Este artículo fue originalmente publicado en portugués, en la Folha de São Paulo de este domingo (30).